La tarde del pasado viernes 17 prometía poco. El reloj apretaba, la luz caía y en jornadas anteriores el campo no había ofrecido ni una sola oportunidad. Aun así, Claudia García decidió salir a dar un paseo por el coto zamorano que frecuenta junto a su pareja. Lo que comenzó como una salida tranquila terminó convirtiéndose en uno de esos lances que quedan grabados para siempre.

No habían llegado todavía a la siembra, donde pensaban que podría haber movimiento, cuando la tranquilidad saltó por los aires. Cuatro jabalíes irrumpieron desde el monte cruzando a poco más de cien metros. Claudia los observó con sus prismáticos y comprobó que se trataba de una hembra acompañada de sus crías. «Dándoles su merecido respeto», recuerda, decidieron continuar sin interferir. Apenas unos minutos después, el campo volvió a sorprenderles.

Un lance inesperado al caer la tarde

Cinco minutos más tarde, a lo lejos, apareció una silueta. Era una hembra acompañada, aparentemente, de un pequeño corzo. La escena obligó a reaccionar rápido. Intentaron acercarse, pero los animales detectaron su presencia y comenzaron a moverse hacia lo espeso. Fue entonces cuando Claudia intuyó que algo no encajaba. «Un vistazo rápido con los prismáticos y me pareció verle una sola cuerna», explica a Jara y Sedal. La confirmación llegó casi al instante. «Miré a Fran y mientras metía una bala me dijo ‘si y parece raro’».

La situación no daba margen de error. Con los animales ya en movimiento y a punto de desaparecer en el monte cerrado, la joven encaró su rifle. Solo tenía una oportunidad.

Un disparo certero y una sorpresa mayúscula

Con rapidez, Claudia ajustó los aumentos de su visor y aprovechó la claridad que aún ofrecía la última luz del día. El disparo fue limpio. «La Nosler hizo que cayera sobre su propia sombra», relata sobre la bala con la que consiguió abatir al animal.

La emoción creció a cada paso que daba hacia el corzo. Sabía que había sido un buen lance, pero lo que encontró al llegar superó cualquier expectativa. «¡Y menuda alegría me llevé cuando llegué a él!», recuerda a este medio.

El corzo recién abatido. © C. G.

Ante ella yacía un viejo corzo, completamente distinto a los que había visto hasta entonces. Su rasgo más llamativo: una única cuerna desarrollada, mientras que la otra aparecía rota casi por su base. Una anomalía poco frecuente que convertía la pieza en algo verdaderamente especial.

Detalle de la cuerna del corzo que además contaba con una luchadera derecha muy particular. © C. G.

Un recuerdo para toda la vida

Para Claudia, que reconoce que el corzo es su especie favorita, el lance tiene un significado especial. «Siempre se me han resistido bastante y es por eso que aún lo hace más especial», confiesa.

Acostumbrada a la caza del jabalí al salto con perros, nunca había tenido delante un ejemplar así. «Hay que ver de qué manera nos sorprende el campo», reflexiona. Y es que, en jornadas en las que todo parece torcerse, el campo demuestra una vez más que puede cambiarlo todo en cuestión de segundos.

Claudia junto al raro ejemplar. © C. G.
Síguenos en discover

Sobre el autor