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Mientras los cazadores llevan agua y comida a la fauna de los incendios, ecologistas y animalistas piden prohibir la caza desde sus despachos o les insultan

Cazadores de Niebla repartiendo comida tras el incendio. © Jara y Sedal

Los grandes incendios que están arrasando diferentes puntos de España este verano están dejando dos imágenes completamente distintas. Una está en los montes quemados, donde cazadores cargan todoterrenos y remolques con agua, grano, fruta, pienso o patatas para intentar mantener con vida a los animales que han conseguido escapar de las llamas. La otra aparece en comunicados, campañas de firmas y redes sociales, donde determinados colectivos ecologistas y animalistas reclaman nuevas prohibiciones contra la caza y algunos usuarios incluso insultan a quienes están realizando ese trabajo sobre el terreno.

Jara y Sedal varias semanas documentando esta movilización. Ávila, Huelva, Cádiz, Comunidad Valenciana o Extremadura son algunos de los lugares donde sociedades, federaciones y cazadores particulares han salido al campo para intentar paliar una emergencia que no termina cuando se apagan las llamas. Los animales que sobreviven se encuentran de repente ante miles de hectáreas sin pasto, refugio y, en muchos casos, sin los puntos de agua de los que dependían en pleno verano.

El último ejemplo llega este viernes desde Huelva. Los cazadores de Baldíos de Niebla aseguran haber perdido alrededor de 10.500 hectáreas de su acotado por el gigantesco incendio declarado el pasado 6 de agosto. Aun sabiendo que durante un tiempo no podrán cazar en buena parte de esos terrenos, están entrando con sus todoterrenos en las zonas afectadas para dejar comida y agua a los ciervos y otros animales que han logrado sobrevivir. En algunas imágenes remitidas a esta revista aparecen incluso niños ayudando a sus padres a repartir alimento entre las cenizas.

De Ávila a Huelva: toneladas de alimento para los animales

La sucesión de actuaciones de los últimos días permite hacerse una idea de la magnitud de la movilización. En Ávila, la Delegación Provincial de Caza puso en marcha una red para recoger paja, forraje, pienso, pan duro, fruta, bebederos, comederos y depósitos, además de organizar a los voluntarios y vehículos necesarios para trasladarlos hasta los terrenos afectados. Incluso habilitó una cuenta para sufragar transportes y comprar suministros.

Poco después llegó una de las imágenes más llamativas de esta campaña: un tráiler con 25.000 kilos de patatas destinadas a los animales afectados por los incendios. La mercancía llegó a La Adrada el 4 de agosto y quedó a disposición de los voluntarios capaces de recogerla y, sobre todo, repartirla después por los montes. La aportación fue atribuida por la propia organización a Gastronomía Solidaria ONG y Piratas Rock-Wey.

Porque conseguir 25 toneladas de comida es solo una parte del problema. Después hay que cargarlas, disponer de vehículos capaces de circular por pistas forestales, pagar combustible y trasladarlas hasta los lugares donde ciervos, corzos, jabalíes y otros animales siguen buscando recursos después del incendio. Una operación que tiene que repetirse durante días o semanas mientras el monte comienza lentamente a recuperarse.

En algunos de esos mismos terrenos los cazadores han decidido, además, renunciar voluntariamente a cazar durante una larga temporada. Los Cazadores de La Adrada lo expresaron de forma clara tras los incendios: «No vamos a cazar en una larga temporada, pero no vamos a abandonar a los animales; la caza es conservación».

Las 25 toneladas de patatas que esperan ser repartidas.

Insultados mientras llevan comida a los animales

Mientras se desarrollaba esa movilización, algunos de los propios cazadores que participan en ella comenzaron a recibir ataques en redes sociales. Emilio Aparicio, cazador que lleva días repartiendo alimento por Burgohondo y Navaluenga, trasladó a Jara y Sedal varias capturas de los comentarios que estaba recibiendo. «Gracias a un grupo de Wasap de cazadores, llevo una semana echando comida a los animales de Burgohondo y Navaluenga sin parar, mientras recibimos insultos de ecologistas y animalistas. Como que somos mierdas y que les damos comida para poderlos rematar… En fin», explicó a esta revista.

Entre los mensajes recopilados aparecen descalificaciones como «Psicópatas maltratadores asesinos dementes» o acusaciones contra quienes están dando de comer a los animales por hacerlo, según esos usuarios, para matarlos posteriormente. Otro de los comentarios deseaba directamente la muerte de los cazadores. La paradoja resulta especialmente llamativa porque esos insultos llegan mientras Aparicio y otros voluntarios dedican parte de sus jornadas a transportar alimento a unos animales que no distinguen entre especies cinegéticas y no cinegéticas.

También hubo usuarios ajenos a la caza que salieron públicamente en defensa de este trabajo. Uno de ellos escribió en las redes de Jara y Sedal: «No soy cazador pero veo por las tardes gente que nada más salir de trabajar llevan agua a los animales. Ecologistas no he visto ninguno». Otra mujer relató una experiencia semejante después de los incendios de su zona: «Yo no soy cazadora ni nadie de mi entorno, pero me da rabia que aquí después de los incendios era yo, una amiga y el resto cazadores alimentado y llevando agua a los animales salvajes».

@jara_y_sedal Mientras unos pisan ceniza para ayudar, otros los critican. #incendiosforestales #Naturaleza #cazaflix #cazador ♬ sonido original – Jara y Sedal

Mientras tanto, campañas para prohibir la caza

Al mismo tiempo que esta ayuda se extiende por los montes afectados, algunas organizaciones animalisas y ecologistas han aprovechado los incendios para reclamar nuevas limitaciones cinegéticas. Alianza Verde pidió que se prohibiera la caza en todos los cotos afectados por los incendios y también en un perímetro de 30 kilómetros alrededor de las superficies quemadas durante al menos un año. AnimaNaturalis, por su parte, reclamó que Castilla y León no adelantara la reanudación de la actividad cinegética en los montes afectados.

En Castilla y León existe ya una regulación específica para estos supuestos. La información publicada por Jara y Sedal esta semana recuerda que la Ley de Montes autonómica establece con carácter general la suspensión de la caza durante cinco años en los terrenos incendiados, salvo que una resolución motivada permita antes su recuperación al acreditarse que el aprovechamiento no perjudica la regeneración del monte ni la supervivencia de la fauna.

También se han difundido campañas animalistas de recogida de firmas que presentan a los animales que han escapado del fuego como futuras víctimas de los cazadores. Una de ellas utilizó incluso una imagen creada mediante inteligencia artificial para acompañar su petición.

El contraste con lo que está ocurriendo sobre el terreno es evidente. Mientras se reclaman esas prohibiciones, hay sociedades de cazadores que han decidido por iniciativa propia no cazar en las zonas dañadas y, además, continúan gastando dinero y trabajando para conseguir que los animales sobrevivan durante las semanas posteriores al fuego.

En Niebla han perdido 10.500 hectáreas y siguen entrando para alimentar a los ciervos

El incendio de Niebla ofrece probablemente la fotografía más reciente de esa realidad. Este viernes, 14 de agosto, el fuego había recorrido ya más de 31.000 hectáreas y continuaba activo. Los cazadores de Baldíos de Niebla calculan que alrededor de 10.500 hectáreas de su terreno se han visto afectadas.

En las fotografías recibidas por Jara y Sedal aparecen ciervos muertos entre la vegetación calcinada, pero también ejemplares que han conseguido escapar. Para estos últimos comienza ahora otra batalla: encontrar comida y agua en un terreno donde el incendio ha hecho desaparecer buena parte de los recursos disponibles.

Por eso los cazadores están entrando con vehículos cargados de alimento. Han llevado grano, agua e incluso han arrancado sus propias tomateras para dárselas a los animales. Jesús María Vidosa Pérez, directivo del aprovechamiento cinegético de los Baldíos de Niebla, ha querido agradecer la colaboración recibida: «Desde Baldíos de Niebla queremos dar las gracias a todos los socios, colaboradores, vecinos y demás personas que están aportando y donando comida para ayudar a los animales que han sobrevivido al incendio».

La Federación Andaluza de Caza ha añadido otras tres toneladas de trigo y maíz, destinadas a las sociedades cinegéticas de Valverde del Camino, San Vicente Mártir de Villarrasa, Berrocal, Niebla y Baldíos de Niebla. Esas entidades ya estaban empleando sus propios recursos para atender a la fauna.

@jara_y_sedal En las zonas quemadas de Niebla no se ven animalistas ni ecologistas repartiendo alimento. Sí se ve a los cazadores entrando con sus todoterrenos para llevar comida y agua a los animales que han sobrevivido al incendio. #Caza #Cazadores #Niebla #Huelva #Incendios ♬ Einaudi: Experience – Ludovico Einaudi & Daniel Hope & I Virtuosi Italiani

Grazalema, Valencia y Extremadura: la misma imagen se repite

Niebla y Ávila son solo los ejemplos más recientes. En la Sierra de Grazalema, distintas sociedades de cazadores reunieron 2.100 kilos de alimento para los animales de las aproximadamente 220 hectáreas afectadas por el incendio de julio: 400 kilos de maíz, 1.000 kilos de tacos de pienso para vacuno, piedras de sal y otros 700 kilos de semilla multicereal.

En la Comunidad Valenciana, los clubes de Nules-La Vilavella y Betxí repusieron bebederos y repartieron comida después del incendio de la Vall d’Uixó. Cerca de cuarenta integrantes participaron en Betxí y, semanas antes, los cazadores de Azuébar ya habían distribuido 250 kilos de alimento y 400 litros de agua tras otro incendio.

En Extremadura, vídeos publicados estos días muestran a cazadores llenando una charca junto a una superficie quemada y descargando fruta para la fauna. Uno de ellos explica ante la cámara que allí no se cazará esta temporada antes de resumir el motivo por el que sigue acudiendo a la finca: «Los animales necesitan agua y nosotros estamos aquí».

Son hechos distintos, ocurridos en lugares diferentes, pero todos dibujan una misma escena: cuando se apagan las llamas empieza un trabajo que puede durar semanas o meses y que exige personas dispuestas a seguir entrando en el monte.

Una red que ya existía antes de los incendios

La capacidad de reacción tampoco ha aparecido de repente este verano. Las sociedades cinegéticas mantienen durante todo el año una red de caminos, balsas, charcas, comederos y bebederos que permite actuar rápidamente cuando llega una emergencia. Según los datos manejados por la Federación Andaluza de Caza y recogidos esta semana por Jara y Sedal, las 1.400 sociedades federadas de Andalucía mantienen más de 40.000 puntos de agua y 28.500 comederos. Durante los tres meses más duros del verano distribuyen más de 20 millones de litros de agua y cerca de 2,9 millones de kilos de alimento, con un coste estimado superior a 5,3 millones de euros. Aproximadamente el 80 % de las especies que utilizan esos puntos de agua no son cinegéticas.

Esa infraestructura ayuda a explicar por qué, cuando el fuego destruye miles de hectáreas, son precisamente muchas de estas sociedades las que pueden reaccionar desde el primer momento. Conocen los caminos, las charcas, los movimientos de los animales y los puntos donde colocar agua y alimento.

Esta semana las imágenes han vuelto a demostrarlo. Mientras determinados colectivos centran su respuesta en reclamar prohibiciones y algunos usuarios insultan desde las redes a los cazadores, estos continúan cargando remolques, llenando depósitos y recorriendo los montes quemados.

En Ávila han llegado 25 toneladas de patatas. En Huelva, tres toneladas de trigo y maíz se suman a los recursos que ya están poniendo las sociedades locales. En Grazalema fueron más de dos toneladas de alimento. En Valencia se han llenado bebederos. En Extremadura, los cazadores siguen llevando fruta y agua a fincas donde ellos mismos anuncian que no van a cazar.

Las fotografías y los vídeos de estos días no necesitan demasiadas explicaciones. Después del incendio, cuando los animales tienen sed, alguien tiene que llenar los bebederos. Cuando han perdido el alimento, alguien tiene que cargarlo en un vehículo y llevarlo hasta el monte. Y este verano, una vez más, miles de cazadores están haciéndolo.

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