La escena se repitió en el corazón de Copenhague, esta vez con faisanes en lugar de corzos. El sábado 17 de octubre, el mercado TorvehallerneKBH, situado junto a la estación de Nørreport, en el centro de la capital danesa, volvió a abrir sus puestos a una jornada de caza en vivo: niños y adultos desplumando aves, preguntando cuando tenían alguna duda y, más tarde, degustando la carne cocinada sobre brasas.
La protagonista fue de nuevo Mette Karin Petersen, conocida en redes como Jægerinden —«La Cazadora»—, cazadora danesa y divulgadora del consumo de carne silvestre que ya había protagonizado en junio una demostración similar con un corzo en el mismo mercado. En esta ocasión acudió acompañada de cerca de 200 faisanes, según la convocatoria del propio recinto, para mostrar en directo el proceso completo del aprovechamiento del ave, desde mostrar el animal recién cazado hasta su preparación para degustarlo.
Desplumar, preguntar y llevarse el faisán a casa
La actividad se desarrolló entre las 11:00 y las 14:00 horas, con acceso gratuito y sin inscripción previa, repartida en varios turnos para que el mayor número posible de familias pudiera participar. El mercado explicó que la propuesta buscaba acercar a pequeños y mayores «el proceso del ave, del campo a la mesa», dejando que cada asistente manipulara su propio ejemplar bajo la supervisión de Petersen.
Quien se acercaba a las mesas de trabajo podía desplumar su faisán, resolver dudas sobre el proceso y, al terminar, llevarse la pieza a casa junto con una receta para cocinarla.
El fuego, la segunda parte de la jornada
Mientras las aves se desplumaban en las mesas del mercado, Peter Vigel Lefeldt, responsable del proyecto de cocina al aire libre Fremus in the Woods, encendía su fuego en la plaza exterior para preparar carne de faisán y ofrecer una degustación a los visitantes. El cocinero, que ya había colaborado con Petersen en la demostración del corzo celebrada meses antes, explicó técnicas de cocinado y compartió sus propios trucos para aprovechar al máximo la carne de caza.
Este tipo de encuentro no es nuevo en Torvehallerne. El propio mercado ha repetido la actividad del faisán en años anteriores, con convocatorias que en ediciones pasadas llegaron a reunir hasta 300 aves, y la mantuvo en junio con un formato parecido centrado en el corzo, tal y como contó Jara y Sedal.
Una tradición que en otros países resultaría impensable
Que un mercado gastronómico del centro de una capital europea reserve un hueco para que los niños desplumen sus propias aves dice bastante del lugar que ocupa la caza en la vida cotidiana danesa. En Dinamarca, la actividad cinegética convive sin sobresaltos con la gastronomía urbana y forma parte de una conversación abierta sobre el origen de los alimentos, algo que en ciudades de otros países europeos —donde la caza suele quedar confinada al monte o directamente fuera del debate público— resultaría mucho más difícil de imaginar en una plaza pública.
La publicación del mercado sobre la jornada reunió decenas de comentarios de apoyo, muchos de ellos llegados desde fuera de Dinamarca. La cazadora Bea Alcoya escribió: «¡La verdadera educación! Siento una profunda admiración por vosotros. Gran trabajo». Desde Italia, Giulia resumió el evento como «precioso enseñar el arte de la caza, y el respeto que hay detrás cocinando carne de caza». Un usuario más fue directo: «Excelente, tienen que saber que la comida no aparece mágicamente en un supermercado».
Otros mensajes insistieron en la dimensión cultural de la propuesta. Una internauta lo definió como «una tradición y una cultura transmitida», mientras que desde Alemania, otro relató que había asistido con su hijo a un evento parecido con ciervo y lo calificó de «estupendo e importante saber de dónde viene la buena carne», añadiendo que ese tipo de actividades serían «impensables en Alemania». En la misma línea, otra persona defendió que la carne de caza «es la mejor alternativa a la ganadería intensiva» y lamentó que mostrar su origen a los jóvenes sea «impensable» en su país.
El formato recuerda, salvando las distancias, a iniciativas como la que ya impulsaron en Escocia varios centros educativos de Angus, donde estudiantes de secundaria aprendieron a preparar faisanes y perdices de la mano de un guardabosques. La diferencia, en el caso danés, es que el escenario no es un aula ni una finca de caza, sino la plaza de un mercado en pleno centro de Copenhague, con el ruido de los puestos de alrededor y cualquier curioso con posibilidad de acercarse y descubrir la auténtica caza.
Para muchos asistentes fue, sencillamente, una tarde distinta. Para los organizadores, una forma más de insistir en que detrás de cada pieza de carne silvestre hay un animal, un cazador y un proceso que pocas veces se enseña fuera del monte.
