La recuperación de especies desaparecidas en España vive un momento de auge al calor del llamado rewilding. Pero lo que para algunos es una oportunidad histórica de renaturalización, para otros es una apuesta arriesgada. El pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) y el lince boreal (Lynx lynx) se han convertido en los símbolos de una batalla interna que enfrenta incluso a organizaciones conservacionistas.
En España, bastaron 25 ejemplares de pigargo liberados para encender la polémica. Ese número, pequeño en términos biológicos, ha sido suficiente para que se crucen acusaciones, dudas científicas y advertencias sobre posibles impactos en fauna amenazada.
Y lo más llamativo: el choque no se produce solo entre administraciones y colectivos locales, sino dentro del propio ecologismo, con científicos especializados defendiendo posturas opuestas sobre si estas reintroducciones tienen sentido o son un error con consecuencias difíciles de revertir.
Pigargos en Asturias: un proyecto que ya ha logrado criar
El pigargo europeo (Haliaeetus albicilla), conocido también como águila marina, es una rapaz de gran tamaño que puede alcanzar los 2,5 metros de envergadura. Aunque su dieta es en buena parte carroñera y piscívora, algunos expertos lo consideran un superdepredador capaz de afectar a otras aves.
La reintroducción arrancó en agosto de 2021 con la suelta de 25 ejemplares procedentes de Noruega en Ribadedeva (Asturias). El pasado año se confirmó un hito: el nacimiento del primer pollo en España, fruto de una pareja liberada en ese programa.
Desde GREFA, entidad impulsora, defienden el éxito del proyecto. Su presidente, Ernesto Álvarez, aseguró a El Mundo: «Estamos muy contentos de este primer nacimiento y también por las cinco parejas ya formadas en el norte de León, donde se han desplazado de manera natural. También estamos preocupados por las críticas a nuestro proyecto».
Álvarez también citó el respaldo internacional: «A pesar de que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha emitido un informe que nos da la razón y recomienda ‘fervientemente’ acciones como la nuestra».
SEO/BirdLife y científicos asturianos piden frenar la expansión
La oposición más firme llega desde SEO/BirdLife. Nicolás López, portavoz en Asturias y coordinador del Libro Rojo de las Aves, cuestiona que la especie cumpla criterios de reintroducción: «Consideramos que el pigargo no cumple los criterios UICN para una especie de la que dudamos de su presencia histórica y de la que solo existen algunos restos fósiles».
Además, subraya un punto clave: «Los vecinos y ganaderos se han opuesto al proyecto. Y esto es uno de los criterios imprescindibles impuestos por la UICN para la reintroducción de especies: la paz social».
En la misma línea se sitúa Germán Orizaola, biólogo de la Universidad de Oviedo, que considera el plan un error de prioridades: «Es irrelevante desde el punto de vista ecológico traer una especie que está en expansión en Europa. Apoyar este proyecto es dar un mal uso del dinero y la atención públicos».
La polémica ya tuvo efectos directos. Las críticas y la falta de consenso social frenaron la reintroducción en Galicia y Cantabria, aunque en Asturias siguió adelante. El Ministerio para la Transición Ecológica apoyó técnicamente y financió el proyecto con 360.000 euros, según algunas fuentes, aunque después se retiró el respaldo institucional.
El lince boreal: el otro gran debate que resuena en los Pirineos
Mientras el pigargo sigue ganando territorio, otro proyecto empieza a levantar tensión en el norte: la posible reintroducción del lince boreal (Lynx lynx) en los Pirineos, con ejemplares procedentes de Rumanía.
La iniciativa parte de Amics del Parc Natural de l’Alt Pirineu y ADLO, que buscan recuperar a uno de los grandes depredadores europeos, desaparecido en España a principios del siglo XX.
Miguel Delibes de Castro, uno de los mayores expertos en el lince ibérico, recordó en declaraciones que recoge El Mundo que su presencia histórica está demostrada: «Su presencia en tiempos históricos en nuestro territorio está completamente demostrada y durante mucho tiempo convivió con el lince ibérico, con el que llegó a hibridarse».
Pero el propio Delibes advierte que el problema no es biológico, sino social y ganadero: «No es recomendable reintroducir al lince boreal, sería mejor esperar a que llegue por su cuenta».
Y lanza una reflexión contundente sobre el conflicto rural: «Si esto ocurre con un animal de 10 kilos que no perjudica, qué pasaría si se introduce uno que pesa más de 25 kilos y ataca al ganado».
Una guerra interna en el ecologismo que no parece tener final
El debate se ha convertido en un pulso ideológico. Miguel Ferrer, expresidente de la Estación Biológica de Doñana, defendió en un vídeo de YouTube la reintroducción del pigargo y otras especies, criticando a quienes se oponen: «Hay personas y grupos a quienes no les gustan estos proyectos (…) basado en el espíritu conservacionista no es una postura razonable, es un pensamiento religioso. A la naturaleza le importa un pito lo que pase».
Delibes, sin embargo, reclama rigor y prudencia: «Yo comprendo que a los naturalistas nos gustan mucho estos animales, pero personalmente me opongo a jugar, no a que haya planes serios».
Y mientras las posturas se endurecen, Orizaola resume la sospecha que flota sobre estos programas: «Estos proyectos llaman a otros similares, que supondrían severos peligros ambientales. Soltar animales de relumbrón vende mucho; nadie suelta escarabajos, nadie se hace fotos con ellos, es más rentable hacerlo con linces boreales y pigargos».
La discusión está servida: entre la ilusión por recuperar grandes símbolos perdidos y el miedo a que la naturaleza se convierta en un laboratorio sin vuelta atrás.
