El embalse de Santa Teresa (Salamanca) vuelve a estar en el centro de la conversación entre pescadores por culpa de un pez que nadie quiere ver crecer en sus aguas. Un vídeo publicado en TikTok por el pescador F. Méndez, con el perfil f.hb24, muestra la captura de un siluro de gran tamaño en el pantano construido sobre el río Tormes, y ha vuelto a circular con fuerza entre aficionados a la pesca de la zona.
En la grabación, el pescador sostiene el animal con dificultad mientras trata de encuadrarlo con el móvil. «Bueno, por si alguno dudaba de que había siluros en Santa Teresa, este es mi primer siluro en Santa Teresa. Madre, decían que eran más pequeños, pero luego lo mediré a ver. Toma, mamá mía. No puedo grabar y enseñarlo entero», relata mientras intenta mostrar el ejemplar completo ante la cámara, algo que la propia voluminosidad del pez le impide hacer en un solo plano.
El texto que acompaña la publicación en TikTok no deja lugar a la ambigüedad sobre el temor de fondo: «Todo comenzó con un rumor y ya es una triste realidad: los siluros colonizarán también el Tormes», escribe el autor junto a las imágenes.
Otro ejemplar en la zona
Antes de esa captura, Jara y Sedal ya había informado de un primer aviso serio sobre la presencia del siluro en el embalse: un pescador llamado Aitor García Castro sacó en mayo un ejemplar de 74 centímetros mientras pescaba con un aparejo pensado para alburnos, cebado con dos simples granos de maíz, en una zona habitual de baño junto a su hijo y varios amigos. Aquella pieza, mucho menor que la de F. Méndez, fue la primera señal pública de que el siluro ya estaba establecido en estas aguas salmantinas.
A esas dos capturas se suma una tercera documentada por medios locales: un siluro de 94 centímetros que otro pescador, identificado como Raúl Márquez, sacó también en el pantano buscando carpas con maíz dulce. Según contó entonces, aquel ejemplar llevaba en la boca una culebra muerta, una prueba directa de su capacidad depredadora sobre otras especies del embalse.
Comentarios que mezclan curiosidad, dudas y alarma
El vídeo ha generado decenas de reacciones. Varios usuarios preguntan por el punto exacto de la captura, dudando entre la zona de la presa o el entorno del puente de Cespedosa, mientras otros aseguran, sin que esto pueda confirmarse de forma independiente, que en el embalse hay ejemplares todavía mayores. Una usuaria que se identifica como cocinera comenta que le encantaría probar el pescado, y otro espectador pregunta directamente al autor si sacrificó el animal tras sacarlo del agua.
Ese último comentario conecta con la preocupación de fondo que recorre buena parte de las respuestas. «En el pantano le tienes que matar o te denuncian», escribe un usuario, mientras otro advierte de que, si uno pica en su caña, «no vuelve a entrar» al agua. Un tercer comentario resume el sentimiento generalizado al señalar que esta especie invasora «está en toda España ya». Son opiniones de pescadores que conocen la normativa de oídas, y conviene contrastarlas con lo que dice realmente la ley autonómica.
@f.hb24 Todo comenzó con un rumor y ya es una triste realidad los siluros colonizarán también el Tormes🤷🏻♂️
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Qué dice la ley de Castilla y León sobre el siluro
La respuesta a esos comentarios tiene respaldo legal claro. El siluro (Silurus glanis) figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras desde la aprobación del Real Decreto 630/2013, y la Ley 9/2013 de Pesca de Castilla y León establece en su artículo 81 que, en caso de aprehensión de pesca viva, el agente denunciante solo procederá a la devolución a sus aguas de procedencia si estima que puede continuar con vida y siempre que no se trate de especies exóticas invasoras. Dicho de otro modo: la ley excluye expresamente al siluro de la posibilidad de ser devuelto al agua. En la práctica, eso significa que cualquier pescador que capture un siluro en Castilla y León no puede devolverlo vivo al embalse bajo ningún concepto, y debe sacrificarlo en el momento.
La Junta de Castilla y León mantiene además un plan de control específico de la especie, aprobado mediante la Orden FYM/491/2019, que fija condiciones de captura, transporte y eliminación de ejemplares en determinadas masas de agua de la comunidad, aunque ese plan concreto se centra en el embalse del Sobrón, en Burgos, y en los embalses sorianos de La Cuerda del Pozo y Los Rábanos, no en Santa Teresa. Para esta última masa de agua rige la norma general de la ley de pesca autonómica, que impide la devolución al agua de cualquier especie exótica invasora capturada.
El caso de Raúl Márquez, el pescador que sacó el siluro de 94 centímetros con la culebra en la boca, ilustra cómo se aplica esa norma sobre el terreno: tras hacerse unas fotos con el animal rodeado por los curiosos que se acercaron a la orilla, se lo llevaron para sacrificarlo, «como marca la ley», según explicó él mismo entonces. Esa es, hoy por hoy, la pauta de referencia para cualquier pescador que se tope con un ejemplar similar en Santa Teresa: no devolver el pez vivo al agua, proceder a su sacrificio y, siempre que sea posible, comunicar la captura a los agentes medioambientales de la zona, especialmente si aporta información sobre un punto del embalse donde antes no se habían registrado avistamientos.
Un depredador que ya amenaza al resto de especies del Tormes
El impacto de esta especie sobre la fauna autóctona no es una percepción exagerada de los pescadores. La ficha oficial del Ministerio para la Transición Ecológica sobre Silurus glanis define a la especie como un pez en expansión para la pesca deportiva, que produce alteraciones en los ecosistemas acuáticos y tienen un gran impacto sobre las especies autóctonas, por su voracidad, especialmente sobre los peces. Se trata de un depredador oportunista capaz de alcanzar varios metros de longitud y alimentarse, además de peces, de aves acuáticas y pequeños mamíferos.
Su fama como depredador extremo no es una simple exageración. En 2018, Jara y Sedal recogió el caso de un fox terrier que habría sido devorado por un siluro en el río Tiétar, en Cáceres, según el testimonio de la sobrina de su propietario. Esa voracidad preocupa de forma particular en una cuenca como la del Tormes, tradicionalmente apreciada entre los pescadores por especies autóctonas como la boga, el barbo o el cacho. Uno de los comentarios recogidos por un medio local tras la captura del siluro de 94 centímetros resume el temor que ya circula entre los aficionados a la pesca de la zona, al lamentar que un embalse donde antes se podían capturar bogas vea mermada su población «por culpa del siluro», que se come los peces pequeños «y no los deja criar».
Con todo, documentar tres capturas en un periodo de meses no permite por sí solo determinar si existe ya una población reproductora estable en Santa Teresa o si se trata de ejemplares aislados que han llegado al embalse por vías puntuales. Para despejar esa duda haría falta un muestreo técnico de la administración competente, algo que hasta la fecha no se ha hecho público. Lo que sí queda acreditado, vídeo a vídeo y captura a captura, es que el siluro ha dejado de ser un rumor entre pescadores de Santa Teresa para convertirse en una presencia constatada que obliga a estar atentos cada vez que una caña se dobla con más fuerza de la esperada.
