Según un nuevo estudio científico, la recuperación de la tórtola europea (Streptopelia turtur) no se resuelve solo con cerrar la veda. Un estudio liderado por Fundación Artemisan y publicado en la revista científica Diversity ha analizado durante cinco años, entre 2021 y 2025, la evolución de la especie en cotos de caza españoles y concluye que la gestión activa del hábitat, y en particular las siembras destinadas a la fauna, se asocia con una abundancia claramente mayor. El trabajo coincide en el tiempo con la moratoria europea que prohibió la caza de la especie durante cuatro temporadas seguidas, y llega justo cuando el aprovechamiento cinegético ha vuelto a autorizarse de forma limitada.
Cinco años de censos en cotos del sur y el este de España
La investigación, firmada por Carlos Sánchez-García junto a Gregorio Rocha, Carlos Lázaro, José A. Torres, Raúl E. Tizado-Núñez, Miguel Gómez y E. Jorge Tizado, contó con la participación de las universidades de León, Extremadura y Salamanca, además de la Federación Extremeña de Caza. Los autores analizaron 185 censos en 47 cotos del sur y el este de España, la mayoría en Extremadura, donde se contabilizaron mediante transectos a pie y puntos de escucha un total de 8.215 tórtolas. El artículo científico completo puede consultarse en la revista Diversity, de acceso abierto.
Un 76% más de tórtolas en los cotos que siembran para la fauna
En cada uno de los cotos estudiados se registró la existencia de cuatro tipos de actuaciones: aporte de agua, aporte de comida, medidas agrícolas y trabajos forestales. El reparto fue muy desigual: el 98% de los terrenos proporcionaba agua, el 87% ofrecía comida, pero solo el 23% aplicaba medidas agrícolas como siembras para la caza y el 21% realizaba labores forestales, sobre todo desbroces y clareos.
La abundancia relativa de tórtola aumentó en el conjunto de los cotos a lo largo del periodo estudiado, con valores significativamente más altos en 2024 y 2025 que en 2021. Pero el dato que marca la diferencia aparece al separar los cotos según su gestión: aquellos que sembraban para la fauna registraron una abundancia media 1,76 veces superior a la de los que no lo hacían, es decir, un 76% más. El estudio recoge un intervalo de confianza del 95% entre 1,18 y 2,62, lo que indica una asociación sólida aunque con cierto margen estadístico, y advierte de que ese efecto se hizo especialmente visible después de tres años de aplicar la medida de forma continuada.
Las siembras consistían en combinaciones de cereales y leguminosas, sin uso de herbicidas ni pesticidas, y se mantenían sin cosechar ni pastorear hasta septiembre, de modo que la tórtola dispusiera de alimento y cobertura durante más tiempo. En los cotos que aplicaban esta medida, la superficie media destinada a estas siembras era de 2,84 hectáreas por cada 100 hectáreas de terreno, aunque los propios autores reconocen que todavía no puede fijarse una superficie mínima recomendable con carácter general, a la espera de más investigación.
El aporte de agua y las medidas forestales, en cambio, no mostraron un efecto claro sobre la abundancia de tórtolas en este análisis. El aporte de comida sí apareció asociado, pero de forma negativa, con un efecto medio de 0,57. Los propios investigadores piden prudencia con esta cifra: no demuestra que dar de comer perjudique a la especie, sino que probablemente influyen otros factores, como que la comida se concentre en cotos con peores condiciones de partida o diferencias en cómo y dónde se reparte ese alimento.
«Si se quiere recuperar especies, hay que recuperar también los hábitats»
El director de Investigación de Fundación Artemisan, Carlos Sánchez, resume así la principal conclusión del trabajo: «Si se quiere recuperar especies, hay que recuperar también los hábitats que necesitan». Sánchez recuerda que la tórtola se ha enfrentado en las últimas décadas a una transformación profunda del campo español, con menos alimento disponible y paisajes cada vez más homogéneos, lo que ha recortado sus opciones de cría y supervivencia.
Por eso, añade, «la reducción de la presión cinegética no da respuesta a todos los factores que condicionan la evolución de sus poblaciones, y la filosofía de la caza adaptativa reconoce la necesidad de mejorar el hábitat y con ello las condiciones para que la tórtola se reproduzca y sobreviva». El mensaje conecta con lo que Fundación Artemisan viene defendiendo desde hace años en otros trabajos: que la labor de gestión de los cazadores en la ruta migratoria occidental ha sido reconocida también por la comunidad científica internacional.
Una moratoria de cuatro temporadas y la vuelta condicionada a la caza
El periodo analizado por el estudio, de 2021 a 2025, coincide exactamente con la moratoria que dejó sin aprovechamiento cinegético a la tórtola en España, Francia, Portugal y el norte de Italia. La Comisión Europea había abierto un procedimiento de infracción contra España por considerar insuficientes sus medidas de protección del hábitat, y ante el riesgo de perder ese pleito, España aceptó un cupo cero durante las temporadas 2021/2022, 2022/2023, 2023/2024 y 2024/2025, dentro del Plan de acción internacional para la conservación de la tórtola europea 2018-2028.
Esa suspensión no significó que los cotos dejaran de trabajar. En Extremadura, la Junta reguló mediante resoluciones anuales publicadas en el Diario Oficial de Extremadura el llamado mecanismo de gestión adaptativa, que desde 2021 vinculó censos, mejoras del hábitat y control de capturas como base técnica y científica para justificar, temporada tras temporada, la posibilidad de recuperar el aprovechamiento. Ese modelo extremeño, apoyado desde 2019 en el trabajo conjunto de la Junta, Fundación Artemisan y la Federación Extremeña de Caza, es el que sostiene buena parte de los datos que ahora se publican en Diversity.
La reapertura llegó en la temporada 2025/2026, cuando el comité científico europeo constató una tendencia creciente de la población y dio luz verde a una tasa de extracción del 1,5% sobre el conjunto de la ruta migratoria occidental, con España como principal beneficiaria. Para la temporada 2026/2027, la propuesta ha vuelto a confirmarse con una cuota de 121.500 ejemplares para España, de la que a Andalucía le han correspondido 40.338 tórtolas, con cuatro días hábiles de caza durante la media veda, frente a los dos de la campaña anterior. En ambos casos, el acceso al cupo sigue condicionado a que los titulares de los cotos acrediten haber ejecutado medidas de mejora del hábitat, el mismo principio que ahora respalda el estudio de Fundación Artemisan.
La caza como incentivo para seguir gestionando el territorio
Los autores del trabajo sostienen que estos resultados abren una vía concreta para las políticas de conservación: vincular las posibilidades futuras de caza a la realización efectiva de mejoras de hábitat, de forma que el aprovechamiento cinegético funcione como incentivo para mantener siembras, puntos de agua y otras inversiones que hoy sostienen, en su mayoría, los propios cotos. Es la misma lógica que ya analizó un estudio previo sobre el proyecto piloto desarrollado en Extremadura entre 2020 y 2024, en el que Sánchez explicaba que la conservación de las especies cinegéticas no puede desligarse de quienes trabajan el territorio.
El trabajo se enmarca en el Plan Integral de Recuperación de la Tórtola Europea (PIRTE), impulsado en Extremadura con apoyo de la Junta de Extremadura y la Federación Extremeña de Caza, y se relaciona también con el proyecto Cotos Demostrativos, en el que colaboran el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y voluntarios del Observatorio Cinegético que aportan datos de campo sobre presencia y abundancia de la especie.
De cara al futuro, los investigadores plantean marcar tórtolas con dispositivos GPS para conocer con precisión sus movimientos y determinar qué elementos concretos del paisaje resultan realmente determinantes para la especie. Esa información, todavía por generar, es la que permitirá pasar de una asociación estadística sólida a recomendaciones de gestión ajustadas a cada tipo de coto y de territorio.
