Hace unos días, la revista científica Ecological Indicators publicaba un estudio titulado Attraction points: A new sampling design method to quantify common finches’ population firmado por Lorenzo Marazuela Pinela , Ángel Julián Martín Fernández y Pablo-Luis López-Espí. A simple vista podría parecer un trabajo técnico más dentro del ámbito de la ornitología aplicada, pero no lo es. Se trata del mayor esfuerzo de cuantificación realizado hasta la fecha en España sobre poblaciones de fringílidos, concretamente jilguero (Carduelis carduelis), pardillo (Linaria cannabina) y verderón (Chloris chloris).
Este estudio científico no se ha limitado a analizar tendencias, como hasta ahora han hecho los programas de seguimiento habituales. Su objetivo es más ambicioso –y necesario–: estimar el tamaño real de las poblaciones de fringílidos en un territorio concreto mediante un diseño de muestreo específico basado en puntos de atracción. Para ello, durante seis años consecutivos —entre 2018 y 2023— se realizaron más de 9.500 puntos de muestreo distribuidos por cuadrículas UTM de 10×10 kilómetros, cubriendo distintos hábitats y diferentes momentos del ciclo anual de estas especies.
Por explicarlo de una manera resumida, el método empleado consistió en utilizar ejemplares vivos en reclamo para atraer aves silvestres a puntos fijos previamente establecidos, cuantificando el número de individuos detectados y aplicando después modelos estadísticos que permitiesen estimar densidades poblacionales con márgenes de error reducidos. A partir de esos datos, los autores ha podido calcular no solo abundancia, sino también parámetros como supervivencia anual, mortalidad y estructura poblacional.
La diferencia fundamental respecto a los sistemas tradicionales usados hasta la fecha radica en que este estudio no habla únicamente de si las poblaciones suben o bajan en términos relativos, sino que intenta responder a una pregunta clave: ¿cuántos individuos hay realmente? Y saber la respuesta a esa pregunta es determinante cuando se plantea si una captura limitada como la que se ejercía con el silvestrismo puede o no considerarse compatible con el concepto de “pequeñas cantidades” que sí está aceptado en la Directiva Aves.
Según los propios autores, el trabajo acumuló más de 11.000 jornadas de campo y constituye el inventario más amplio realizado en España sobre estas especies. Además de cumplir todos los requisitos exigidos a un trabajo de estas características fue sometido a revisión por pares y publicado en acceso abierto, declarando expresamente sus fuentes de financiación.
Pero ese trabajo, que busca respuestas y números avalados por la ciencia donde antes sólo había estimaciones, ha puesto en pie de guerra al sector ecologista, y concretamente a SEO/BirdLife, quien parece considerar que el debate sobre el silvestrismo debería estar definitivamente cerrado y no ha encajado muy bien este estudio que pretender poner cifras a la población de fringílidos.
La reacción de SEO/BirdLife
De esta forma, unas semanas después de su aparición, casi una treintena de científicos firmaban una carta muy crítica al director de Ecological Indicator con el objetivo explícito de cuestionar su metodología y la credibilidad del trabajo. A pesar de que en la carta todos los firmantes declaraban no tener «ningún interés financiero ni relación personal conocida que pudiera haber influido en el trabajo presentado en este artículo», lo cierto es que todos ellos ocultan que están vinculados directa o indirectamente a SEO/BirdLife, la organización anticaza que lleva años trabajando por prohibir la captura de fringílidos.
Entre los firmantes aparecen investigadores bien conocidos dentro del ámbito de la ornitología española como Juan José Negro, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, o Joan Carles Senar, especialista en fringílidos del Museu de Ciències Naturals de Barcelona, ambos autores de numerosos trabajos sobre conservación de aves y críticos desde hace años con el silvestrismo. De hecho, el propio Negro ha sido uno de los más duros con el estudio ahora cuestionado, llegando a declarar públicamente que se trata de «un artículo tan bodrio que le falta mucha información y es irreproducible». La presencia de este tipo de perfiles en la carta, procedentes en su mayoría del mismo ecosistema científico dedicado al estudio y conservación de aves en el que SEO/BirdLife lleva décadas desempeñando un papel central, refuerza la idea de que la ofensiva contra el estudio no se limita a un debate metodológico, sino que forma parte de una estrategia más amplia para impedir que se reabra el debate sobre el silvestrismo.
Uno de los casos más evidentes de ese conflicto de intereses es el de Juan Carlos Atienza, responsable de la Unidad de Incidencia para la Transición Verde de SEO/BirdLife, organización en la que lleva trabajando más de 28 años. Atienza se presenta a sí mismo en su perfil de Linkedin como lobbista: «en la actualidad me dedico principalmente a influir en las políticas ambientales que más afectan a la naturaleza y la biodiversidad». Como se desprende de las palabras con las que él mismo se define, su perfil está lejos de ser el de un científico de campo neutral: «Mi hábitat de trabajo son los despachos, los parlamentos y las conferencias internacionales. Me alimento de mejoras para la naturaleza en leyes, decretos, resoluciones internacionales, estrategias y planes», asegura en su presentación.
El documento apoyado y promocionado a través de los canales de comunicación de SEO/BirdLife, plantea objeciones éticas, metodológicas y estadísticas para atacarlo y tratar de desacreditarlo. Pero según reconoce a Jara y Sedal Pablo Luis López Espí, uno de los científicos que ahora se encuentran en el centro de la diana de los ecologistas: «La carta está llena de prejuicios. Parte de la base de que vamos a actuar de mala fe por el hecho de que los cazadores hayan promovido el estudio. Se presupone intencionalidad en nuestras conclusiones, no se analizan los datos».
Pero este no es el único aspecto cuestionable de esta carta cuyo objetivo es desacreditar un trabajo científico. El propio texto, además, reconoce expresamente que durante su redacción sus autores utilizaron ChatGPT «para mejorar el texto en inglés».
¿Qué dice la carta que ataca al estudio?
Como indicamos anteriormente, el documento apoyado por SEO/BirdLife plantea objeciones éticas, metodológicas y estadísticas desde un supuesto prisma científico. Sin embargo, al analizarlo punto por punto, surgen varias cuestiones relevantes.
En primer lugar, la carta cuestiona el uso de reclamos vivos por considerarlo éticamente problemático y potencialmente sesgado. Sin embargo, no aporta datos empíricos que demuestren que ese sesgo invalida las estimaciones obtenidas. Señala posibles distorsiones teóricas, pero no presenta una comparación directa con un estudio alternativo que arroje cifras contradictorias en los mismos territorios y periodos. López Espí, además, señala que «las grandes estaciones ornitológicas europeas utilizan ejemplares en cautividad para atraer aves, anillarlas y liberarlas. No es una práctica inventada. Nosotros, además, hemos cuantificado el área de atracción del reclamo y otros parámetros basándonos en publicaciones científicas previas».
En segundo lugar, se sugiere conflicto de interés por la vinculación de los autores con federaciones de caza. El estudio original declara su financiación y su marco institucional de forma transparente. La carta, en cambio, no menciona la vinculación profesional de varios firmantes con SEO/BirdLife, entidad que ha liderado históricamente la oposición al silvestrismo y que, como hemos visto, mantiene una posición institucional interesada y definida en esta materia.
En tercer lugar, se critica la ausencia de comparación con programas como SACRE o SACIN. Sin embargo, esos programas ofrecen índices de tendencia, no inventarios absolutos. La diferencia metodológica es precisamente el núcleo del estudio cuestionado. Pedir que se valide con el mismo tipo de herramienta que se pretende superar es, cuanto menos, paradójico.
En cuarto lugar los firmantes cuestionan la formación de los voluntarios que han recogido los datos asegurando que su preparación era insuficiente: «Eso es falso», declara rotundo López Espí. «El curso incluyó una fase online y una fase práctica, con evaluación de competencias. Hablamos de 150 horas de formación por alumno».
Espí también responde a la crítica que ataca las conclusiones por la financiación, asegurando que esta fue declarada con absoluta transparencia y que el trabajo ha pasado por el filtro de revisión científica. «Si alguien considera que el método es incorrecto, que presente otro estudio con igual volumen de muestreo y lo publique. Eso es ciencia. Lo que no es ciencia es insinuar mala fe». El investigador insiste en que el trabajo acumuló más de 11.000 jornadas de campo y que el esfuerzo cuantitativo no tiene precedentes en este ámbito en España: «Es el estudio sobre fringílidos más grande hecho nunca en nuestro país».
Finalmente, el documento incluye una declaración en la que reconoce que durante su redacción se utilizó ChatGPT para mejorar el texto en inglés. Aunque no es ilegal ni inusual, el detalle resulta llamativo en un texto que pretende erigirse en garante del rigor científico frente a un estudio revisado por pares.
El fantasma de ‘el silvestrazo’ resucita
Siguiendo la táctica habitual de SEO/BirdLife en sus campañas mediáticas, la publicación de la carta no quedó confinada al ámbito académico. Un reportaje en El País amplificó sus argumentos el pasado fin de semana y centró la atención en la supuesta falta de independencia de los autores del estudio. El foco se desplazó desde los datos científicos hacia la biografía y las aficiones de quienes los firmaban. Cualquier cosa antes que señalar los resultados.
Para Pablo Luis López Espí, esa secuencia no fue casual. «Me lo esperaba. Sabía que esto iba a pasar», afirma. No es extraño, viendo cómo actuó SEO cuando se cuestionó su informe del silvestrazo en 2015: cuando los datos no encajan en el relato de la organización ecologista, esta intenta desacreditar al que los presenta. A pesar de ello se muestra tranquilo: «Tengo 25 años de trayectoria universitaria. No soy un recién llegado. Sabía que podía ocurrir algo así, pero quienes me conocen saben cómo trabajo y no dan crédito a determinadas insinuaciones».
El silvestrismo no fue una modalidad abolida de manera abrupta. Su desaparición fue el resultado de un proceso prolongado en el tiempo en el que SEO/BirdLife desempeñó el papel central. Durante años, la organización defendió que las capturas de fringílidos no podían justificarse bajo el paraguas de las excepciones previstas en la Directiva Aves y que no se cumplían los requisitos de «pequeñas cantidades» exigidos por la normativa comunitaria.
El documento clave en esa estrategia fue el informe de 2010 titulado Evaluación del concepto ‘Pequeñas Cantidades’ y Demanda de Aves para Silvestrismo en relación con la aplicación de las excepciones contempladas en la Directiva 79/409/CEE. Financiado con fondos públicos y elaborado por dos expertos en microalgas, ese estudio se convirtió en la base técnica que permitió endurecer progresivamente las Directrices Técnicas sobre Silvestrismo hasta desembocar en el cierre definitivo de la modalidad en 2018.
Pero una base técnica carente de rigor, tal y como demostró posteriormente un estudio de la Universidad de Málaga. Según un análisis elaborado por profesores universitarios del Área de Ecología que revisaron con detalle el informe de SEO/BirdLife de 2010, el trabajo de los ecologistas presentaba «deficiencias relevantes»: uso de datos antiguos, distribución no aleatoria de cuadrículas de muestreo, ausencia de determinadas zonas altitudinales, extrapolaciones discutibles y errores en el cálculo de tasas medias de crecimiento poblacional. Además, cuestionaba que se hubieran utilizado tasas de supervivencia procedentes de estudios británicos sin datos equivalentes españoles que permitieran validar la extrapolación.
Las conclusiones eran incómodas: la metodología empleada podía haber conducido a una infravaloración del tamaño real de las poblaciones. Aquella revisión no revirtió la prohibición, pero sí supuso un escándalo y dejó desacreditó el informe original y, por extensión, la narrativa construida en torno a él por SEO/BirdLife.
Ese es el telón de fondo que explica la tensión actual.
Objetivo ecologista: matar el dato científico con el relato ideológico
La reacción de SEO/BirdLife y de los firmantes de la carta intenta venderse como legítima discrepancia académica desde el entorno de la organización ecologista, quien al mismo tiempo intenta ocultar su influencia en la carta. Sin embargo, forma parte del relato que llevan construyendo durante años y de su modus operandi a la hora de intentar prohibir la caza.
La organización ha defendido públicamente la prohibición del silvestrismo y ha extendido su postura restrictiva a otras especies como la codorniz (Coturnix coturnix) y la tórtola europea (Streptopelia turtur). Su estrategia se apoya en la idea de que la ciencia debe respaldar la eliminación de cualquier captura. Pero cuando aparece un estudio científico que introduce datos cuantificados que no encajan con ese relato, su credibilidad se resiente y pasan al ataque y al intento de lapidación académica.
Lo vimos hace diez años. Cuando el informe del silvestrazo fue desmontado por la Universidad de Málaga, su respuesta fue atacar a los científicos que demostraron las graves carencias de las que adolecía. Lo vimos más tarde, cuando eliminaron de su propia web una entrevista que ellos mismos habían hecho al mayor experto en codorniz de España en la que aseguraba que las poblaciones eran saludables y la caza no suponía una amenaza para la especie. Ahora, ante un trabajo académico que puede debilitar la base científica que sostiene la prohibición del silvestrismo, su estrategia inquisitorial vuelve a centrarse en acabar con la credibilidad del autor más que en replicar los datos probados con nuevos estudios.
Quieren matar el dato con el relato, por eso en la web de SEO/BirdLife presentaron esta campaña de desacreditación científica con una frase muy esclarecedora: «Alertamos por el uso indebido de la ciencia para capturar aves cantoras en España». Uso indebido de la ciencia, han leído bien.
A pesar del ruido mediático utilizado en la campaña de descrédito ecologista, del que incluso se ha llegado a hacer eco el Instituto de Recursos Cinegéticos –en el que trabajan algunos de los firmantes–, para Pablo Luis López Espí y sus colegas científicos, su investigación científica va mucho más allá del silvestrismo y de las polémicas alimentadas por SEO/BirdLife: «Mi objetivo es dar luz y objetividad sobre las poblaciones de fringílidos. La ley obliga a los Estados a disponer de estudios rigurosos, y eso es lo que hemos hecho», concluye.
