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Un nuevo estudio confirma que el meloncillo se está expandiendo por Castilla y León

Meloncillo. © Shutterstock

La presencia del meloncillo (Herpestes ichneumon) en Castilla y León es hoy una realidad mejor documentada que hace apenas una década. Un nuevo estudio científico, publicado en la revista especializada Galemys. Spanish Journal of Mammalogy, –la revista oficial de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos SECEM–, confirma que este carnívoro está ampliando progresivamente su área de distribución en la comunidad, con nuevos avistamientos verificados entre los años 2011 y 2021.

El trabajo, firmado por Javier Talegón, Cristian Osorio, José Alfredo Hernández y Emilio Virgós, recopila datos contrastados procedentes de observaciones directas, ejemplares atropellados y, sobre todo, imágenes obtenidas mediante fototrampeo. En total, los autores aportan información para 35 nuevas cuadrículas UTM de 10×10 kilómetros en las que el meloncillo no había sido citado previamente, actualizando de forma significativa el conocimiento sobre la distribución de la especie en el límite norte de su rango ibérico.

Salamanca y Zamora, en el frente de expansión

Los resultados sitúan a Zamora y Salamanca como las provincias con mayor número de nuevas cuadrículas, consolidando al suroeste de Castilla y León como una de las áreas clave en este proceso de expansión. En el caso de Salamanca, los registros se concentran en distintas comarcas, con especial relevancia del entorno de los Arribes del Duero y El Abadengo, que los autores señalan como posibles zonas fuente desde las que la especie podría estar colonizando otros territorios próximos.

Parte de esta presencia ha sido confirmada mediante fototrampeo, una metodología fundamental para detectar especies esquivas y de hábitos discretos. En este contexto, Jara y Sedal cuenta con imágenes propias de meloncillos captadas por cámaras automáticas en la provincia de Salamanca –ver vídeo inferior–, que refuerzan visualmente los datos científicos y se alinean con la importancia que los propios autores conceden a este tipo de técnicas para mejorar el conocimiento real de la especie.

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Meloncillo grabado en Salamanca. © Israel Hernández

Un patrón que se repite en otras regiones españolas

Lo observado en Castilla y León no es un caso aislado. En los últimos años, otros estudios realizados en España han llegado a conclusiones muy similares, especialmente en regiones donde se daba por supuesta la ausencia del meloncillo.

Un trabajo reciente desarrollado en Andalucía, concretamente en las provincias de Huelva y Sevilla, analizó cuadrículas donde no existían citas previas de la especie. El resultado fue revelador: en 46 de las 47 cuadrículas muestreadas se detectó la presencia del meloncillo, demostrando que muchos de los vacíos en los mapas de distribución no se deben a la inexistencia del animal, sino a una falta de prospecciones sistemáticas.

Este estudio, publicado en European Journal of Wildlife Research por Francisco Palomares y Jacinto Román, mostró además que el meloncillo no depende exclusivamente de hábitats con vegetación densa, como se había asumido tradicionalmente, sino que ocupa con normalidad paisajes agrícolas intensivos y entornos muy humanizados, utilizando infraestructuras como puentes y drenajes para desplazarse y dejar rastro.

Una especie altamente adaptable

Los datos de Castilla y León coinciden con estas conclusiones. El estudio de Galemys revela que el meloncillo presenta una gran plasticidad ecológica, ocupando desde bosques de ribera y monte mediterráneo hasta dehesas y zonas agrícolas muy transformadas. El elemento común en la mayoría de los registros es la proximidad a cursos de agua, permanentes o estacionales, acompañados de vegetación densa como matorrales, junqueras o zarzales, que ofrecen refugio y recursos tróficos.

El rango altitudinal detectado es amplio, entre los 657 y los 1.220 metros, aunque la mayoría de las citas se concentran entre los 600 y 800 metros. Esta capacidad de adaptación, unida a una dieta muy variada, explica la facilidad con la que la especie coloniza nuevos territorios, especialmente en un contexto de cambios en el uso del suelo, abandono rural y matorralización del paisaje.

Meloncillo captado en Salamanca por una cámara de Jara y Sedal. © Israel Hernández

Mortalidad, percepción social y gestión

En cuanto a las causas de mortalidad, el estudio identifica a los atropellos en carretera como el principal factor, seguido de casos puntuales de muertes por ataques de perros de caza y de protección del ganado. Los autores también advierten del impacto negativo que pueden tener determinadas informaciones sin base científica, que atribuyen al meloncillo daños no demostrados y favorecen una percepción distorsionada de la especie.

Este escenario, documentado ya en distintas regiones españolas, encuentra un paralelismo claro en Portugal, donde varios estudios basados en largas series de datos han confirmado una expansión sostenida del meloncillo durante las últimas décadas. Tal y como ha recogido Jara y Sedal, en el país vecino este proceso ha coincidido temporalmente con el retroceso de especies como el conejo y la liebre, en un contexto complejo en el que intervienen múltiples factores, desde enfermedades víricas hasta cambios en la presión de depredación.

Un reto común a escala ibérica

Con la información disponible, los autores del estudio publicado en Galemys concluyen que el meloncillo se encuentra inmerso en un proceso de expansión natural, no ligado a introducciones artificiales, y que es previsible que continúe avanzando en Castilla y León durante los próximos años. Sin embargo, subrayan que los datos actuales no permiten determinar con certeza si todas las nuevas detecciones corresponden a poblaciones reproductoras estables o a individuos en dispersión.

Por ello, reclaman un mayor esfuerzo de muestreo estandarizado, mediante fototrampeo, búsqueda dirigida de excrementos y otras técnicas no invasivas, especialmente en zonas de vegetación densa o paisajes agrícolas donde la especie puede pasar desapercibida.

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