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Científicos del CSIC descubren una nueva especie de conejo de monte en España

Oryctolagus algirus. © Shutterstock

Durante décadas, los científicos consideraron que en la Península Ibérica existían dos subespecies de conejo de monte. Sin embargo, una investigación internacional liderada por el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) acaba de dar un paso más y concluye que esas diferencias son lo suficientemente profundas como para reconocer la existencia de dos especies distintas, una noticia con importantes implicaciones para la conservación y la gestión de una de las piezas clave de los ecosistemas mediterráneos.

La investigación, publicada recientemente en la revista científica Biological Conservation, sostiene que el hasta ahora conocido como Oryctolagus cuniculus algirus pasa a ser reconocido como una especie independiente bajo el nombre de Oryctolagus algirus, o conejo ibérico, mientras que el tradicional conejo europeo mantiene la denominación Oryctolagus cuniculus.

La noticia supone un cambio relevante en la clasificación taxonómica de uno de los animales más emblemáticos de la fauna ibérica, especialmente para cazadores y gestores cinegéticos, ya que hasta ahora ambos animales se trataban como simples subespecies.

De dos subespecies a dos especies diferentes

En Jara y Sedal ya explicamos el año pasado que en España convivían dos subespecies de conejo con diferencias de tamaño, morfología, distribución y comportamiento. Aquel artículo recogía los conocimientos científicos disponibles hasta ese momento, que distinguían entre Oryctolagus cuniculus cuniculus y Oryctolagus cuniculus algirus.

Ahora, el nuevo trabajo liderado por los investigadores del grupo TRAMAS del IESA-CSIC, Rafael Villafuerte y Miguel Delibes-Mateos, concluye que esas diferencias no son únicamente propias de dos subespecies, sino que reflejan una historia evolutiva independiente que justifica reconocerlas como especies distintas.

Ejemplar de la especie Oryctolagus cuniculus. © Shutterstock.

Según explica Villafuerte, «las dos especies siempre han estado ahí, pero lo que ha cambiado es nuestro conocimiento sobre ellas», un avance que permitirá «reinterpretar mejor numerosos resultados obtenidos en el pasado y diseñar estrategias de gestión y conservación más eficaces para cada una de las dos especies».

Los investigadores han reunido evidencias procedentes de diferentes disciplinas, desde la genética hasta la ecología, pasando por la morfología, la reproducción, el comportamiento, el microbioma intestinal e incluso las propiedades de la carne. Todo ello apunta a que ambos conejos han seguido caminos evolutivos separados durante millones de años.

Ejemplar de la reconocida como especie Oryctolagus algirus. © Shutterstock

Separados desde hace casi dos millones de años

El estudio sitúa el origen de esa divergencia hace aproximadamente dos millones de años, cuando las poblaciones ancestrales quedaron aisladas en dos refugios glaciares diferentes durante las grandes glaciaciones. Uno se localizaba en el valle del Ebro y el otro en el entorno del golfo de Cádiz, lo que favoreció una evolución independiente.

Actualmente, el recién reconocido conejo ibérico ocupa de forma natural todo Portugal y el oeste de España, además de algunas islas atlánticas y zonas del norte de África donde fue introducido por el ser humano. El conejo europeo, por su parte, se distribuye por el este peninsular y es la especie que posteriormente fue llevada por el hombre a buena parte de Europa, Oceanía, Argentina, Chile y numerosas islas.

Aunque a simple vista resultan muy parecidos, el conejo ibérico suele presentar menor tamaño y peso, produce menos crías por camada y muestra diferencias biológicas que, hasta ahora, quedaban ocultas al tratar ambos animales como una única especie.

Un cambio que afecta también a la gestión cinegética

El reconocimiento de estas dos especies no es únicamente una cuestión de nomenclatura científica. Los autores consideran que tendrá consecuencias prácticas para los programas de seguimiento, las evaluaciones del estado de conservación, las translocaciones, la planificación cinegética y las futuras estrategias de recuperación.

La diferencia resulta especialmente importante porque la situación de ambas especies no es la misma. Mientras que el conejo europeo mantiene poblaciones estables o incluso en expansión en algunas zonas, el conejo ibérico atraviesa un acusado declive en buena parte de su área de distribución. Miguel Delibes-Mateos resume así la principal conclusión del trabajo: «No podemos seguir gestionando como una sola especie dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años».

El estudio recuerda además que ambos conejos constituyen una pieza esencial de los ecosistemas mediterráneos y son la presa principal de hasta 40 especies de depredadores, entre ellas el lince ibérico, por lo que conocer con precisión su distribución y estado de conservación será fundamental para diseñar medidas más eficaces en los próximos años.

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