El virus sigue moviéndose dentro del mismo perímetro que lleva meses bajo vigilancia en el área metropolitana de Barcelona. Los Servicios Veterinarios Oficiales de la Generalitat de Catalunya han comunicado un nuevo foco de peste porcina africana (PPA) con cinco casos en jabalíes: tres en el municipio de Barcelona y dos en Molins de Rei (Barcelona), ambos dentro de la zona restringida II, el área acotada por los vallados perimetrales instalados para frenar los desplazamientos del animal.
El balance sube a 70 focos y 391 positivos
Con esta notificación, el balance acumulado asciende a 70 focos y 391 jabalíes positivos desde que arrancó la crisis sanitaria en noviembre de 2025. De ese total, tres focos son primarios y 67 secundarios, según la clasificación empleada por los Servicios Veterinarios Oficiales en sus balances. Los positivos siguen repartidos en los mismos 13 municipios de la provincia de Barcelona que venían apareciendo en los balances anteriores: Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Terrassa, Rubí, Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Sant Just Desvern, Barcelona, Sabadell, El Papiol, Castellbisbal y Esplugues de Llobregat. La nueva incorporación no añade ningún municipio a esa lista, aunque confirma que la vigilancia reforzada sigue siendo necesaria en toda la zona.
Los casos se detectaron a partir de restos de cadáveres hallados en el medio natural, el canal por el que se están confirmando la mayoría de los positivos recientes. Desde el inicio del dispositivo se han analizado 12.287 animales con resultado negativo: 10.421 corresponden a jabalíes capturados o abatidos sin síntomas y otros 1.866 a vigilancia pasiva, es decir, cadáveres, restos hallados en el campo o ejemplares con signos de enfermedad que tuvieron que ser sacrificados. Esa cifra de vigilancia pasiva importa tanto como la de positivos, porque localizar y retirar cadáveres infectados es una de las medidas que las autoridades sanitarias consideran clave para limitar la propagación del virus en el medio natural.
Qué es la PPA y por qué no ha llegado a las granjas
La peste porcina africana es una enfermedad vírica que afecta a los suidos —jabalíes y cerdos domésticos por igual— y que puede provocar una mortalidad muy alta entre los animales contagiados, aunque no se transmite a las personas ni supone riesgo para el consumo de carne. No debe confundirse con otras enfermedades porcinas de nombre similar pero con comportamiento epidemiológico distinto. Su capacidad de instalarse en poblaciones de jabalí silvestre es precisamente lo que complica su erradicación, porque el animal se mueve, no respeta lindes de fincas ni de cotos y puede mantener el virus activo en el entorno mucho después de que aparezcan los primeros casos.
La buena noticia para el sector porcino sigue siendo la misma actualización tras actualización: no se ha detectado ningún positivo en cerdo doméstico. Los Servicios Veterinarios Oficiales mantienen inspecciones de bioseguridad en las explotaciones porcinas situadas dentro de las zonas restringidas I y II, y aplican la vigilancia pasiva reforzada que exige la normativa comunitaria. Según los datos disponibles, la gran mayoría de las granjas comerciales ubicadas en la zona II permanecen vacías, lo que reduce de facto el riesgo de contacto entre jabalí y cerdo doméstico en ese área.
Trampas, vallados y cazadores
El dispositivo de control se sostiene en varios frentes que llevan meses funcionando en paralelo. Las autoridades mantienen la búsqueda intensiva de cadáveres de jabalí y las actuaciones dirigidas a reducir la población del animal en los puntos donde la autoridad sanitaria lo considera necesario, principalmente mediante trampas de captura y controles ejecutados por agentes rurales y cazadores específicamente formados, siempre bajo la dirección de la autoridad competente. Hay que destacar que no es una actividad de caza ordinaria, sino de intervenciones sanitarias organizadas y sujetas a las instrucciones vigentes en cada zona.
También se mantienen y refuerzan los vallados perimetrales y otras barreras de aislamiento, con especial atención a los corredores que utilizan los jabalíes para moverse entre términos municipales. Jara y Sedal ya contó cómo la aparición de positivos fuera del primer perímetro obligó en su momento a ampliar la zona considerada de alto riesgo, y cómo el brote llegó a sumar 40 focos con la incorporación de Sabadell al mapa de municipios afectados. La incorporación de cazadores formados a las batidas sanitarias añade capacidad de trabajo sobre el terreno, pero también exige un control estricto: el movimiento de personas, vehículos, perros, ropa, calzado o restos biológicos puede convertirse en un vector de contagio si no se respetan los protocolos de limpieza y desinfección fijados por la autoridad sanitaria en cada actuación.
Un dispositivo amparado en normativa europea y catalana
Todo este entramado de restricciones, controles y actuaciones sobre jabalíes se sostiene en un marco normativo con varias capas. La PPA está clasificada como enfermedad de categoría A según el Reglamento (UE) 2016/429, y sus medidas de prevención y control se rigen por el Reglamento delegado (UE) 2020/687. La pieza clave para entender la gestión sobre el terreno es el Reglamento de Ejecución (UE) 2023/594 de la Comisión Europea, que establece las medidas especiales de control de la PPA y define la delimitación de las zonas restringidas I, II y III que condicionan qué se puede mover, cazar o transportar en cada área. Ese reglamento europeo se ha ido actualizando durante 2026 para ajustar la zonificación a la evolución del brote en distintos países, incluida España.
A escala catalana, la Generalitat ha ido declarando cada nuevo foco mediante resoluciones sucesivas de la Direcció General d’Agricultura i Ramaderia, que modifican la resolución original de noviembre de 2025 y actualizan la relación de municipios en zona infectada de alto y bajo riesgo cada vez que aparece un positivo. Es el mecanismo por el que, por ejemplo, Molins de Rei o Sant Feliu de Llobregat pasaron en su momento de zona de bajo riesgo a zona de alto riesgo tras confirmarse casos en sus términos.
Para cazadores, gestores de cotos, guardas y titulares de explotaciones porcinas en el área afectada, la consecuencia práctica sigue siendo la misma que en anteriores actualizaciones: cualquier actuación dentro de las zonas restringidas debe ajustarse a las órdenes vigentes de la autoridad competente, y las condiciones concretas —qué se puede mover, cazar o transportar— deben consultarse siempre en la resolución en vigor, porque cambian con cada nuevo foco. El dispositivo sigue abierto, el porcino doméstico sigue libre de la enfermedad, y las próximas actualizaciones oficiales dirán si el virus permanece contenido dentro del perímetro actual o si vuelve a asomar fuera de él, como ya ocurrió meses atrás.
