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Cataluña vierte un potente veneno en más de 100 millones de litros de agua de dos lagos pirenaicos para exterminar un pez invasor

Imagen de los lagos y de los técnicos encargados de aplicar el tratamiento. © Parc Natural de l'Alt Pirineu

Hay paisajes que parecen extraídos de un cuento de hadas. Son tan perfectos que parece que quedan fuera del alcance de cualquier amenaza. Caminas entre montañas, alcanzas los 2.400 metros de altitud y encuentras ante ti una lámina de agua rodeada de roca y vegetación, lejos de la mundanal humanidad. Nada en esa escena permite imaginar que, a unos centímetros bajo la superficie, un pez diminuto está devorando los organismos que sostienen el equilibrio del lago y está condenando a los habitantes que durante siglos han vivido en este trocito del paraíso. Pero ahí están, como una amenaza silenciosa que va tiñendo de verde las antaño cristalinas aguas del lago.

Eso es lo que había ocurrido en Tres Estanys del Mig y Tres Estanys de Baix, dos lagos conectados del Parque Natural del Alt Pirineu. El piscardo (Phoxinus spp.), introducido por el ser humano, se había multiplicado hasta alterar la cadena alimentaria, reducir la presencia de anfibios e invertebrados y favorecer que el agua adquiriese un aspecto cada vez más verdoso y turbio.

Para acabar con él, en septiembre de 2025 se tomó una decisión radical: aplicar rotenona en ambos lagos. Se trata de una sustancia tóxica de origen vegetal, biodegradable y letal para los peces, utilizada en gestión ambiental como ictiocida. Dicho sin eufemismos, es un veneno cuyo objetivo en este caso era exterminar hasta los últimos ejemplares de la población invasora.

Diez meses después de la intervención, los responsables del proyecto europeo LIFE RESQUE ALPYR consideran que la actuación ha cumplido su principal objetivo. Los muestreos no han detectado piscardos en ninguno de los dos lagos y han constatado una recuperación notable de la transparencia del agua, además del regreso de anfibios e invertebrados que no aparecían en los programas de seguimiento desde 2014.

Imagen del Parque Natural. © Parc Natural de l’Alt Pirineu

Más de 100 millones de litros de agua, según una estimación

No existe una medición oficial publicada del volumen conjunto de Tres Estanys del Mig y Tres Estanys de Baix. Sí se conoce con precisión la superficie del segundo, que ocupa 2,93 hectáreas, equivalentes a 29.300 metros cuadrados. Tiene un perímetro de 932,6 metros, una longitud máxima de 345,3 metros y una anchura de hasta 166 metros. Cada metro de profundidad media en Tres Estanys de Baix representa aproximadamente 29,3 millones de litros de agua. Si se toma como referencia una profundidad media de 2,6 metros, similar a la calculada en otros lagos glaciares pirenaicos, contendría alrededor de 76 millones de litros.

La cifra es una estimación, no una medición realizada sobre el terreno. Con una profundidad media de entre dos y cuatro metros, el volumen de este lago podría oscilar entre unos 59 y 117 millones de litros. Al sumar Tres Estanys del Mig, el sistema tratado superaría razonablemente los 100 millones de litros, aunque las fuentes oficiales no ofrecen un volumen exacto de ambas masas de agua.

El reto no dependía únicamente de sus dimensiones. Los dos lagos están comunicados, de modo que la rotenona debía distribuirse por todo el sistema sin escapar hacia el río situado aguas abajo. Esa circunstancia convertía la intervención en una operación más compleja que la primera prueba piloto desarrollada en septiembre de 2024 en el lago de Manhèra, en la Val d’Aran.

En aquella actuación también se consiguió eliminar al piscardo, pero Tres Estanys presentaba una dificultad superior por la extensión del sistema y la conexión existente entre los dos lagos.

Operarios durante la aplicación del tratamiento. © Parc Natural de l’Alt Pirineu

La rotenona es un veneno, aunque sea biodegradable

La rotenona es un compuesto natural obtenido de las raíces y los tallos de distintas plantas de la familia de las leguminosas. Se ha utilizado como insecticida y como producto destinado a eliminar peces de determinadas masas de agua. Su origen vegetal no la convierte en inocua: es una sustancia tóxica y puede considerarse un veneno.

Su acción se produce en el interior de las células. Los peces la absorben principalmente a través de las branquias y, una vez incorporada al organismo, bloquea el complejo I de la cadena respiratoria mitocondrial, una pieza esencial del proceso mediante el cual las células producen energía. Explicado de forma sencilla: el pez continúa rodeado de agua con oxígeno, pero sus células pierden la capacidad de aprovecharlo correctamente. La producción de energía se interrumpe y el organismo termina colapsando. La absorción constante a través de las branquias hace que los peces sean especialmente sensibles a esta sustancia.

La rotenona no distingue entre peces invasores y autóctonos. Puede matar a cualquier pez expuesto a una concentración suficiente y afectar también a determinados organismos acuáticos, por lo que no debe presentarse como un producto completamente selectivo. En estos lagos, sin embargo, los peces no formaban parte de la fauna original que se pretendía conservar.

Su carácter biodegradable significa que la sustancia se descompone progresivamente en el medio, no que sea inofensiva mientras permanece activa. El seguimiento realizado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, perteneciente al CSIC, constató que su vida media fue de entre 10 y 20 días. Esto significa que durante ese intervalo se reducía aproximadamente a la mitad la cantidad de producto presente en el agua.

Cartel avisando del peligro del tratamiento. © Parc Natural de l’Alt Pirineu

El veneno no llegó al río situado aguas abajo

Uno de los principales riesgos de la operación era que la rotenona abandonase los lagos y alcanzase el curso fluvial situado aguas abajo. De haber ocurrido, la sustancia podría haber afectado a peces ajenos al objetivo de la intervención. Los análisis realizados después del tratamiento no detectaron ningún rastro del producto en ese río. Según los responsables del proyecto, la rotenona permaneció confinada dentro de los dos lagos y se degradó a la velocidad prevista.

Barend L. van Drooge, investigador del IDAEA-CSIC, explica que el seguimiento de los niveles de rotenona permitió constatar que el producto tuvo una vida media de entre 10 y 20 días, reduciendo su permanencia en el medio acuático. El investigador considera que los datos apuntan a una afectación muy limitada sobre el ecosistema. Este matiz es importante. La fuente oficial no afirma que la sustancia careciera por completo de efectos sobre otros organismos, sino que su permanencia fue reducida y que la afección observada habría sido limitada.

Un pez pequeño capaz de transformar todo el lago

La presencia de peces en los lagos pirenaicos puede parecer completamente natural, pero en buena parte de ellos no lo es. Estas masas de agua se formaron por la acción de los glaciares y quedaron aisladas de los ríos, por lo que sus comunidades originales estaban compuestas principalmente por microorganismos, pequeños crustáceos, insectos acuáticos y anfibios. La situación comenzó a cambiar con las introducciones realizadas por el ser humano. En algunos lagos se soltaron truchas para fomentar la pesca recreativa. El piscardo llegó accidentalmente a otros enclaves después de ser transportado y utilizado como cebo vivo para capturarlas.

Su pequeño tamaño esconde una enorme capacidad para transformar el medio. Se reproduce con facilidad, se adapta a condiciones muy distintas y encuentra pocos depredadores. Además, consume zooplancton, insectos, huevos y larvas de anfibios. El impacto se extiende por toda la cadena alimentaria. Al disminuir los pequeños crustáceos que se alimentan de microalgas, estas proliferan sin control. El agua pierde transparencia, adquiere una tonalidad verdosa y el lago se aleja cada vez más del estado que presentaba antes de la llegada de los peces.

La introducción de peces está considerada una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en los lagos de alta montaña. En el caso del piscardo, su presencia provoca una disminución especialmente acusada de pequeños organismos acuáticos y anfibios, cuyas puestas y larvas pueden ser depredadas.

Las redes no conseguían capturar al último piscardo

La rotenona no fue la primera opción utilizada en Tres Estanys del Mig. Durante varios años se intentó controlar la población mediante redes, trampas y pesca eléctrica. Estos métodos permitieron retirar numerosos peces y reducir su abundancia, pero no consiguieron eliminarlos completamente. El problema estaba en los últimos supervivientes. Bastaba con que permaneciera un pequeño número de ejemplares oculto entre las piedras, en las zonas profundas o fuera del alcance de las redes para que la población volviera a reproducirse y recolonizara el lago.

La rotenona ofrecía una ventaja que los sistemas mecánicos no podían garantizar. Al distribuirse por la masa de agua, alcanzaba también a los peces escondidos y permitía acabar con los últimos núcleos reproductores. Quim Pou-Rovira, director de Sorelló Estudis al Medi Aquàtic y responsable técnico de la actuación, destaca que el reto era especialmente importante porque la intervención se realizó en un sistema de mayores dimensiones y complejidad que el lago de Manhèra. Los resultados, según explica, demuestran que la metodología también puede ser eficaz en sistemas lacustres más extensos y conectados.

Uno de los lagos se recupera más deprisa

Los trabajos previos con redes, trampas y pesca eléctrica no consiguieron erradicar el piscardo, pero podrían haber contribuido a que Tres Estanys del Mig esté recuperándose ahora con mayor rapidez. Los primeros datos indican que la respuesta ecológica en este lago es más rápida que en Tres Estanys de Baix y que en el lago de Manhèra. Los investigadores manejan como posible explicación que el control prolongado de la población invasora permitiera conservar en el sedimento un reservorio latente de especies autóctonas.

Una vez desaparecidos los peces, estas formas de resistencia —como huevos, semillas o individuos en fases poco visibles— podrían estar favoreciendo una recolonización más rápida del ecosistema. Se trata, no obstante, de una hipótesis planteada por los investigadores y no de una conclusión definitiva.

Marc Ventura, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes y coordinador del proyecto LIFE RESQUE ALPYR, señala que los trabajos mecánicos anteriores podrían haber mantenido al piscardo bajo control durante el tiempo suficiente para conservar ese reservorio biológico.

Imagen del antes y del después del tratamiento. © Parc Natural de l’Alt Pirineu

Regresan especies que no aparecían desde 2014

La desaparición del piscardo ya está dejando cambios visibles. Diez meses después del tratamiento, los muestreos han comprobado una mejora notable de la transparencia del agua y el regreso de anfibios e invertebrados. El dato resulta especialmente significativo porque estos grupos no habían sido detectados desde que comenzaron los primeros programas de seguimiento, en 2014. Su retorno indica que parte de la comunidad original está comenzando a ocupar de nuevo el espacio que había perdido por la presión de los peces.

Eso no significa que los dos lagos hayan recuperado completamente su estado anterior. La reconstrucción de las relaciones entre microorganismos, invertebrados y anfibios es un proceso lento que puede prolongarse durante años. Los responsables del proyecto mantendrán los trabajos de monitorización para comprobar si la erradicación del piscardo se mantiene, conocer la evolución de las comunidades biológicas y documentar la recuperación de los procesos ecológicos naturales.

«Estos primeros resultados son una noticia muy positiva para la conservación de los lagos de alta montaña. Más allá del éxito de la actuación, la prueba piloto demuestra que es posible recuperar ecosistemas que habían perdido una parte importante de su biodiversidad y generar conocimiento útil para afrontar retos similares en otros lagos del Pirineo», afirma Marc Garriga, director del Parque Natural del Alt Pirineu.

Un resultado muy diferente al desastre denunciado en Cáceres

La operación recuerda inevitablemente a la que Jara y Sedal dio a conocer en agosto de 2025 en el embalse de Alcollarín, en Cáceres. En aquella ocasión, el Ministerio para la Transición Ecológica vació una masa de agua de 50.000 millones de litros para intentar erradicar al pez invasor Pseudorasbora parva.

Paco Castañares, histórico dirigente socialista y exdirector de Medio Ambiente en Extremadura, denunció entonces que la actuación no solo había fracasado en su objetivo, sino que había permitido escapar aguas abajo a numerosos peces invasores. El vaciado dejó también el lecho cubierto de ejemplares muertos y provocó fuertes críticas entre los vecinos.

En el Pirineo catalán se ha optado por otro procedimiento igualmente radical: introducir directamente en el agua una sustancia capaz de matar a los peces. La rotenona no está exenta de riesgos y su aplicación exige controlar cuidadosamente la dosis, el espacio tratado y la posible dispersión del producto. Los primeros resultados, sin embargo, son muy diferentes a los denunciados en Alcollarín. Diez meses después, el piscardo no ha vuelto a aparecer, el veneno no ha sido detectado en el río situado aguas abajo y los organismos autóctonos comienzan a regresar.

Bajo aquel paisaje que parecía intacto se escondía una amenaza silenciosa. Para eliminarla ha sido necesario recurrir a otra igual de invisible, pero mucho más letal.

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