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En 2021 el MITECO soltó en Asturias nueve ejemplares de un águila superdepredadora: cinco años después, los ecologistas se quejan y piden atraparlos

Pigargo. © Shutterstock

El 2 de agosto de 2021 llegaron a Pimiango (Asturias) nueve pigargos europeos procedentes de Noruega. Cinco años después, el balance de aquel experimento sigue partido en dos: por un lado, la asociación conservacionista GREFA presenta nacimientos en libertad como un éxito biológico; por otro, el proyecto continúa sin el visto bueno definitivo de las administraciones que en su día lo impulsaron.

Del jaulón de Pimiango a las primeras liberaciones

El Proyecto Pigargo nació de una iniciativa de GREFA con la colaboración del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el Principado de Asturias, el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Ribadedeva. La idea era sencilla sobre el papel: devolver al pigargo europeo (Haliaeetus albicilla), la mayor rapaz de Europa, a un territorio del que se le consideraba desaparecido desde el siglo XIX. Los primeros nueve ejemplares llegados de Noruega pasaron una fase de aclimatación en un jaulón antes de su suelta, monitorizados con emisores GPS para seguir sus movimientos.

Con los años, el número de aves liberadas creció. Según los datos que GREFA ha ido difundiendo y que recogen medios como Ecoticias, se habrían soltado en total 25 ejemplares, de los que 17 sobrevivirían en la actualidad, con 12 aves emparejadas. La propia GREFA ha confirmado además hitos reproductivos: en 2025 nació «Aquila», el primer pigargo europeo nacido en libertad en España desde la extinción de la especie, hijo de los ejemplares «Pimiango» y «Mansolea». Este mismo año, la entidad ha anunciado el nacimiento de tres pollos más, dos de ellos hermanos de «Aquila» y un tercero de una pareja distinta, ambos nidos situados en la cornisa cantábrica sin ubicación pública para evitar molestias.

La polémica que no ha cerrado el debate científico

El proyecto arrastra división desde el primer día. La incorporación del pigargo al «Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español», aprobado por la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente el 26 de julio de 2018 y publicado en el BOE, sirvió de base legal para la reintroducción. GREFA sostiene que existe abundante documentación científica sobre restos fósiles y citas bibliográficas de ejemplares cazados u observados en los siglos XIX y XX que justifican esa catalogación.

Frente a esa versión, la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies ha repetido en varios comunicados que «no hay ninguna evidencia de que el pigargo europeo haya sido una especie reproductora en España» y que su presencia histórica habría sido accidental y limitada al invierno. La entidad ha llegado a pedir la captura de los ejemplares liberados por el riesgo que, a su juicio, supone un depredador de este tamaño para especies amenazadas de la fauna asturiana, ya sea por competencia directa o por depredación.

El pulso administrativo: apoyo retirado en 2023

El punto de inflexión llegó el 23 de marzo de 2023, cuando el Comité de Flora y Fauna Silvestres —con representantes del Gobierno central y de las comunidades autónomas implicadas— decidió retirar su respaldo a que el proyecto pasara de la fase experimental a la fase definitiva. Así lo confirmó entonces a la agencia EFE el consejero en funciones de Medio Rural del Principado, Alejandro Calvo. Aquella decisión dejó a los pigargos ya liberados en lo que distintos medios han descrito como un limbo administrativo: ni se ordenó su retirada del medio natural ni se aprobó formalmente la continuidad del programa.

Desde entonces, GREFA ha mantenido el seguimiento de las aves y ha seguido comunicando avances —como los nacimientos citados— sin que conste una nueva resolución oficial que reabra o cierre el expediente. El propio marco legal, el artículo 55.5 de la Ley 42/2007, de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, contempla precisamente esa posibilidad de reintroducciones experimentales «para comprobar que dicha especie reintroducida se integra en el ecosistema y queda demostrada su compatibilidad con las especies silvestres presentes y las actividades humanas existentes en la zona», un paso previo que, según ha explicado la propia entidad, debía conducir a una evaluación oficial antes de aprobar un proyecto definitivo.

Un ejemplar de pigargo. © Shutterstock

El salmón atlántico, en el punto de mira

Uno de los argumentos más repetidos por los críticos apunta al salmón atlántico, un pez que forma parte de la dieta del pigargo, especialmente durante la remontada de desove, cuando varios ejemplares pueden coincidir para cazarlo en un mismo tramo de río. La preocupación no es menor si se tiene en cuenta el estado de esta especie en los ríos cantábricos: una investigación de la Universidad Complutense de Madrid, publicada en la revista Fishes, documentó que las poblaciones de salmón atlántico en los ríos cantábricos se redujeron un 85% entre los años cincuenta y 2022, con caídas especialmente acusadas desde finales de los ochenta. El propio Principado de Asturias fijó este año el cupo de pesca más bajo hasta la fecha, con 154 ejemplares autorizados, un 75% menos que el año anterior, ante el descenso continuado de la especie.

Ese declive se atribuye principalmente al calentamiento de las aguas, la alteración de los caudales, las enfermedades y la pérdida de hábitat fluvial, según ha explicado la propia UCM. No existe, con los datos disponibles, un estudio que cuantifique qué porcentaje de esa presión adicional corresponde a la depredación del pigargo frente al resto de factores, de modo que no puede afirmarse que esta rapaz esté detrás del colapso del salmón, aunque tampoco puede descartarse que su llegada añada una presión más sobre una especie ya al límite.

Dos visiones de un mismo animal

GREFA defiende que el pigargo cumple una función sanitaria al alimentarse preferentemente de animales enfermos, heridos o ya muertos, y que actúa como bioindicador de la salud de los humedales que frecuenta. La entidad sostiene además que su papel como especie carismática puede generar interés turístico y económico en zonas rurales del Cantábrico. Los colectivos ecologistas críticos, en cambio, insisten en que se trata de un gran depredador generalista introducido en un ecosistema que ha cambiado profundamente respecto a las referencias históricas usadas para justificar su regreso, y reclaman un seguimiento más riguroso de sus interacciones con la fauna protegida antes de dar por bueno el proyecto.

Jara y Sedal ya recogió este enfrentamiento en un reportaje sobre cómo la reintroducción del pigargo y la del lince boreal en los Pirineos han abierto una brecha incluso dentro del propio movimiento conservacionista, con científicos especializados defendiendo posturas opuestas sobre el sentido de este tipo de programas.

Un debate que sigue sin resolverse

Como ya contamos en Jara y Sedal en nuestro reportaje de 2025 sobre esta polémica, el proyecto quedó entonces «en vilo» tras la retirada de apoyo del comité técnico y sin que el Principado ni los gobiernos implicados hubieran adoptado medidas definitivas. Cinco años después de la primera suelta, esa fotografía apenas ha cambiado en lo administrativo, aunque sí en lo biológico: hay pollos volando por primera vez en libertad, pero ninguna autoridad ha confirmado públicamente un nuevo balance oficial de supervivencia, ni una resolución que dé luz verde o cierre definitivamente el programa.

Para quien tiene un coto o gestiona pesqueras en el Cantábrico, el asunto no es una discusión abstracta sobre biodiversidad: significa un depredador más volando sobre ríos donde el salmón ya se pesca con cupos históricamente bajos, y una situación legal que ni prohíbe ni ampara con claridad la presencia de estas aves. Hasta que se publique un informe técnico completo con datos de dieta, mortalidad e interacción con especies protegidas, y hasta que alguna administración tome una decisión firme, el pigargo seguirá volando por el norte de España en la misma ambigüedad administrativa que arrastra desde 2023.

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