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Vuelve a nacer tras chocar con dos ciervos a 120 km/h: «Si llegan a pillarme quince minutos más tarde, estaría muerto»

Alejandro recuerda el accidente que pudo costarle la vida. © Instagram

La presencia de fauna silvestre en las carreteras españolas sigue siendo una de las principales causas de accidentes de tráfico en el medio rural. Entre las especies implicadas, los ciervos protagonizan cada año numerosos siniestros, especialmente en zonas donde sus poblaciones son abundantes. Uno de esos accidentes estuvo a punto de acabar con la vida de Alejandro, conocido en redes sociales por su afición al mundo del motor y los vehículos todoterreno, quien ha decidido compartir ahora su experiencia.

El testimonio ha sido difundido a través del perfil de Instagram de Dalton Tech, un proyecto vinculado al mundo del 4×4 impulsado por dos hermanos apasionados de la mecánica y la preparación de vehículos. Alejandro, que se define como «el pequeño de los Dalton», recuerda un accidente ocurrido hace tres años del que asegura haber salido de forma casi milagrosa.

Antes de entrar en los detalles más duros del siniestro, el joven resume lo ocurrido con una frase que refleja la violencia del impacto: «Me comí un ciervo a ciento veinte. Bueno, dos, yo creo. Hace tres años volví a nacer». Según explica, circulaba en moto cuando dos ciervos aparecieron de forma inesperada delante de él. «Me salieron dos ciervos de la nada. No me dio tiempo ni a tocar freno. Aún hay pelos de ciervo en el filtro de aire», relata.

Un impacto brutal y heridas gravísimas

Las consecuencias fueron devastadoras. Alejandro salió despedido tras la colisión y sufrió lesiones de extrema gravedad. «Nueve costillas, dos vértebras, clavícula, escápula, el húmero y un pulmón perforado. Tuve un neumotórax», recuerda. Tras el accidente quedó inconsciente en el lugar del siniestro. Fue su hermano Gonzalo quien lo encontró. Cuando recuperó parcialmente la consciencia, ambos protagonizaron un breve intercambio que Alejandro aún recuerda con claridad. «Joder, siempre me la lías, ¿eh?», le dijo Gonzalo. A lo que él respondió como pudo: «Han sido ciervos».

El herido explica que desconoce qué ocurrió con los animales tras el choque. «Ojo, los ciervos desaparecieron y yo quiero pensar que ninguno murió por mi culpa», señala. La llamada al 112 activó un operativo sanitario que fue aumentando de nivel conforme los profesionales evaluaban la situación. Primero llegó una ambulancia con dos técnicos. Después fue necesaria la intervención de un médico, que solicitó un helicóptero medicalizado al comprobar la gravedad de las lesiones.

Sanitarios atendiendo a Alejandro. © Instagram

Una intervención de urgencia que le salvó la vida

Cuando el equipo sanitario realizó una ecografía de emergencia detectó un neumotórax que estaba comprometiendo seriamente su estado. «Poco a poco me estaba apagando», explica. Los sanitarios valoraron introducirlo en la ambulancia para realizar una punción torácica, pero el tiempo corría en su contra. Finalmente tuvieron que intervenir allí mismo. «No daba tiempo y me hicieron la punción ahí en medio, en el suelo».

El momento más impactante llegó durante el traslado en helicóptero. Según relata, el médico le preguntó directamente: «¿Eres consciente de la gravedad del asunto?». Alejandro reconoce que apenas entendía lo que estaba ocurriendo. La respuesta del facultativo le dejó una huella imborrable: «Me dijeron que si llegan a pillarme quince minutos más tarde, estaría muerto. Habría entrado en parada y no me habría recuperado».

Un mensaje tras superar el accidente

Pese a la gravedad de las heridas, la recuperación fue mucho más rápida de lo que cabría esperar. «No tengo ninguna secuela», asegura. Más allá de algunas molestias residuales en las costillas, afirma haber recuperado completamente su vida normal. Ahora, tres años después, ha decidido compartir la historia con un objetivo distinto al de relatar un accidente espectacular. Su reflexión final gira en torno a la fragilidad de la vida y a la importancia de disfrutar el presente.

«Vivimos con un petardo en el culo, siempre a toda hostia, pero no por gusto, sino porque no llegamos. La vida es un regalo, se escapa muy rápido y encima no sabes dónde acaba», afirma. Un mensaje que cobra especial fuerza viniendo de alguien que estuvo a apenas unos minutos de no sobrevivir a un encuentro inesperado con dos ciervos en plena carretera.

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