La confirmación esta semana del primer caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) de 2026 en Castilla y León ha vuelto a poner el foco sobre una enfermedad poco frecuente, pero potencialmente letal. Mientras un hombre de 68 años permanece ingresado en el Hospital Gómez Ulla de Madrid tras ser diagnosticado en Salamanca, una investigación publicada recientemente aporta una información relevante para entender la evolución del virus en España: su presencia ya está consolidada en determinadas poblaciones de garrapatas vinculadas a la fauna silvestre.
El trabajo, publicado en la revista científica Frontiers in Veterinary Science, concluye que el virus circula de forma sostenida en zonas del centro y sur de la provincia de Cáceres. Los investigadores analizaron 3.183 garrapatas recogidas entre 2017 y 2024 sobre diferentes hospedadores, entre ellos ciervos, jabalíes, ganado doméstico y vegetación, para determinar la evolución de este patógeno.
No se trata de una aparición reciente. Los autores recuerdan que el virus fue detectado por primera vez en España en 2010 en garrapatas recogidas de ciervos rojos en el suroeste cacereño. Desde entonces, la zona ha permanecido bajo vigilancia científica y epidemiológica.
El ciervo, principal hospedador de las muestras positivas
Los resultados del estudio muestran que el virus únicamente fue detectado en garrapatas de la especie Hyalomma lusitanicum, una de las más abundantes en los ecosistemas mediterráneos de la Península Ibérica. La tasa global de infección observada fue del 1,54 %.
La mayoría de las muestras positivas procedían de ungulados silvestres, especialmente del ciervo, una especie muy abundante en buena parte de Extremadura y otras regiones españolas. El análisis genético permitió además identificar la circulación simultánea de dos variantes del virus, aunque predominó claramente el denominado genotipo III.
Los investigadores explican que el mantenimiento del ciclo natural del virus depende de numerosos hospedadores. Mientras pequeños mamíferos como liebres o erizos favorecen el desarrollo de las fases juveniles de las garrapatas, animales de mayor tamaño, como vacas, ovejas o cabras, pueden aumentar el riesgo de exposición humana durante las labores de manejo ganadero o sacrificio.
Una enfermedad sin vacuna y con elevada mortalidad
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad de especial vigilancia debido a su capacidad para provocar brotes graves. Según recuerda el organismo internacional, actualmente no existe una vacuna disponible ni para personas ni para animales.
La transmisión se produce principalmente a través de la picadura de garrapatas infectadas, aunque también puede producirse por contacto con sangre o tejidos de animales portadores durante o después del sacrificio. Asimismo, existe riesgo de contagio entre personas por contacto estrecho con fluidos corporales de pacientes infectados. Las tasas de letalidad descritas oscilan entre el 30 % y el 40 % en los casos más graves, lo que convierte a esta enfermedad en una de las zoonosis víricas más preocupantes presentes actualmente en Europa occidental.
Seis fallecidos en España desde 2016
Los datos del Centro Nacional de Epidemiología reflejan que entre 2016 y 2025 se notificaron en España 19 casos confirmados y autóctonos de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Los contagios se han registrado de forma continuada durante las últimas seis temporadas. Solo en 2024 se detectaron cuatro casos en Salamanca, Toledo, Córdoba y Cáceres, mientras que en 2025 se notificaron otros tres, dos de ellos nuevamente en Salamanca.
Todos los pacientes precisaron hospitalización y seis fallecieron, lo que supone una mortalidad del 31,6 % entre los casos registrados. Además, los expertos observaron que los contagios asociados a picaduras de garrapata se concentraron principalmente entre los meses de abril y agosto, coincidiendo con los periodos de mayor actividad de estos parásitos.
El estudio ha sido liderado por investigadores del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III, junto a especialistas de varias universidades y centros de investigación españoles, entre ellos la Universidad de Extremadura, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense, el INIA y la Universidad de Zaragoza.
