La naturaleza mostró hace unos días una de sus caras más duras en el Parque Natural de Somiedo (Asturias). Allí, el guía de naturaleza Álvaro Arribas, de la empresa Somiedo Experience, fue testigo y logró grabar una escena tan infrecuente como impactante: un oso pardo macho mató a dos crías nacidas el pasado mes de enero después de una violenta pelea con la madre de los oseznos.
Las imágenes, difundidas en redes sociales, muestran el enfrentamiento entre ambos ejemplares adultos y el fatal desenlace para los pequeños, que habían sido observados durante meses por aficionados y profesionales que siguen la evolución de la población osera de la Cordillera Cantábrica. Apenas unas semanas antes, los dos esbardos eran grabados jugando y moviéndose alrededor de su madre por las montañas somedanas.
Para quienes conocen el comportamiento de los osos pardos, lo ocurrido responde a una estrategia biológica bien documentada. Los machos pueden matar a las crías del año para provocar que la hembra vuelva a entrar en celo antes de lo que lo haría si continuara criando a sus oseznos. De este modo aumentan sus posibilidades de reproducirse y transmitir sus genes. «Hacer seguimiento de una hembra con sus oseznos durante meses y, un día cualquiera, ser testigo de un momento tan estresante para la osa y tan trágico para los esbardos es algo muy impactante», detalló Arribas a través del relato que acompaña a la grabación difundida en redes sociales.
El guía añade una reflexión que ayuda a comprender el episodio desde una perspectiva biológica: «No me gusta decir que la naturaleza es cruel, igual que tampoco es bondadosa; simplemente es así y no hay que analizarla desde un prisma humano ni añadir sentimentalismos a algo que ocurre porque tiene que ocurrir».
Un comportamiento natural conocido como infanticidio
La Fundación Oso Pardo recuerda que este fenómeno, conocido como infanticidio, constituye una de las principales causas de mortalidad de los cachorros durante sus primeros meses de vida en la Cordillera Cantábrica. Aunque resulta difícil de asumir para quienes contemplan escenas como esta, forma parte de la dinámica natural de la especie.
Las imágenes grabadas por Arribas permiten escuchar los rugidos del macho y la hembra durante la pelea, los chillidos de las crías y el ruido de la vegetación mientras se desarrolla el ataque. El propio guía reconoce el fuerte impacto emocional que le produjo presenciarlo. «Ver cómo la osa y el oso tiran, cada uno en una dirección, de un osezno ya muerto y desgarrado que cae rodando igual que un trapo y dejando un sutil rastro de sangre; cómo la cría restante se despeña, desesperada por escapar, en sus últimos instantes de vida antes de ser atrapada por los colmillos del macho… Todo esto es poco o nada agradable para quien observa a través de los prismáticos, con el corazón encogido», relató.
La recuperación del oso sigue avanzando
Pese a la dureza de estas imágenes, los expertos recuerdan que este comportamiento no pone en riesgo la recuperación del oso pardo cantábrico. La población continúa creciendo y expandiéndose por el norte peninsular. «Por más infanticidios que haya, los osos seguirán recolonizando el norte de España. Van por buen camino y lo que debemos hacer nosotros es saber gestionar bien su recuperación y nuestra relación con ellos», señaló Arribas.
Los datos más recientes del censo presentado este año por la Junta de Castilla y León sitúan la población de osos pardos de la Cordillera Cantábrica en torno a 370 ejemplares, de los cuales unos 250 pertenecen al núcleo occidental y alrededor de 120 al oriental. Una cifra que confirma la consolidación de una especie que hace apenas unas décadas estuvo al borde de la desaparición en España.
La grabación de Somiedo deja una escena difícil de olvidar para quienes la han visto, pero también recuerda que la vida salvaje funciona bajo reglas muy distintas a las humanas. Los dos pequeños osos no sobrevivieron, pero el comportamiento del macho responde a una estrategia evolutiva que lleva miles de años formando parte de la biología de la especie.
