Quien haya guardado unos colmillos de jabalí como recuerdo de un lance sabe que, con el tiempo, pueden acabar estropeándose. No es raro ver piezas que se abren con una grieta fina, o amoladeras que empiezan a ‘pelarse’ por capas, como si se deshicieran. Y, según explican desde Quela Joyas Cinegéticas, el problema no suele estar en el animal, sino en cómo se trabaja el material después.
La firma lo cuenta en un vídeo publicado en su cuenta oficial de Facebook, donde advierten de algo que muchos pasan por alto: «Los colmillos y amoladeras de jabalí no son solo ‘hueso’, son material vivo». Una frase sencilla, pero que cambia por completo la forma de entender por qué estas piezas se dañan.
Además, acompañan el vídeo con un aviso claro: si se cuecen demasiado, se deshidratan, pierden su humedad natural y con el tiempo pueden agrietarse o descascarillarse. En este trabajo artesanal, vienen a decir, el exceso siempre acaba pasando factura.
La protagonista del vídeo lo resume desde el primer momento con una pregunta que le hacen constantemente quienes quieren montar una navaja, una joya o un recuerdo con sus trofeos.
Una explicación sencilla para un fallo muy común
«¿Por qué se agrietan y por qué se descascarillan las amoladeras y los colmillos de jabalí? Una pregunta muy común. Hoy os voy a contar cómo podemos evitar esto. En las navajas, lo más común es que se agrieten como esta, y en las amoladeras, así, que se descascarillen de esta manera que estáis viendo», dice la experta mientras muestra una navaja y una amoladera deterioradas.
En el vídeo, la artesana pone ejemplos de las dos situaciones típicas. Por un lado, esas grietas que aparecen con el paso de las semanas o los meses, sobre todo en la base de las navajas. Por otro, el descascarillado de las amoladeras, que acaba dejando un aspecto rugoso y feo, como si el material se estuviera deshojando.
Y ahí llega el punto clave, el que más interesa a cualquiera que haya cocido colmillos en casa alguna vez pensando que ‘cuanto más, mejor’.
«La principal razón es la cocción. Si al cocerlos nos pasamos en tiempo o temperatura, se deshidratan en exceso. Al perder su humedad natural, el material se vuelve más frágil y por eso puede ocurrir esto», comentan desde Quela.
Según explican, el exceso de temperatura o de tiempo hace que el colmillo pierda parte de esa humedad interna que lo mantiene estable. El resultado es un material reseco y más vulnerable, listo para partirse o levantar capas en cuanto cambian las condiciones.
Cocción controlada y el relleno adecuado: la clave del éxito
El consejo, por tanto, no es solo cocer menos, sino hacerlo con control y sentido común. Y también cuidar dónde se guardan después, porque un lugar demasiado cálido puede terminar de rematar el problema.
«Por eso es muy importante una cocción controlada y mantenerlos en un lugar donde no haga demasiado calor para que no se debiliten. Y, por último, lo más importante, rellenarlos con el material adecuado».
Y aquí llega la segunda parte del vídeo, probablemente la que más errores provoca en casa. No basta con vaciar, limpiar y dejarlo tal cual: si quedan huecos, el material trabaja peor y se vuelve más inestable.
«No dejarlos huecos, no rellenarlos con cera, ni con siliconas, ni con escayola. Rellenarlos con un tipo de resina especial para ello», aconsejan.
Quela lo deja claro: cera, siliconas o escayola no son una mala idea para rematar el trabajo, por muy práctico que parezca. El vídeo insiste en usar una resina específica, pensada para este tipo de piezas, para que el colmillo o la amoladera mantengan consistencia y aguanten el paso del tiempo.
Porque en este oficio —como recuerdan también en el texto del vídeo— menos es más, y el respeto por ese recuerdo que debería ser para toda la vida lo termina siendo todo.
