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Unos apicultores diseñan una poderosa y eficaz trampa para capturar avispas asiáticas usando un bote de mermelada reciclado

Recreación de una avispa y un bote de cristal con la tapa diseñada para crear una trampa. © Elaboración propia

La expansión de la avispa asiática (Vespa velutina) sigue preocupando a apicultores y vecinos de buena parte de Europa. Esta especie invasora, que ataca especialmente a las abejas melíferas y pone en jaque a numerosas colmenas, ha obligado en los últimos años a buscar soluciones rápidas, eficaces y asequibles. Ahora, dos hermanos han ideado un sistema tan sencillo como ingenioso: convertir un bote de mermelada vacío en una trampa capaz de capturar estos insectos de forma selectiva.

Vincent y Julien Rech decidieron ponerse manos a la obra después de sufrir ataques de avispas asiáticas en sus propias colmenas. Lejos de apostar por un sistema industrial o costoso, recurrieron a la impresión 3D para desarrollar una pieza plástica que puede enroscarse directamente sobre envases de cristal convencionales.

El resultado es una trampa doméstica que apenas cuesta unos euros y que puede fabricarse fácilmente en cualquier lugar. El dispositivo funciona mediante un embudo cónico perforado que facilita la entrada del avispón atraído por el cebo, pero dificulta enormemente que encuentre la salida una vez dentro.

Además, el diseño incorpora dos pequeñas pestañas laterales que permiten colocar el tarro tumbado sobre una superficie plana sin que ruede. Ese detalle evita uno de los problemas más habituales de muchas trampas caseras y hace que el sistema permanezca operativo durante más tiempo.

Los creadores del invento en su taller. © Facebook

Una trampa selectiva para proteger a las abejas

Uno de los aspectos más destacados del invento es que no busca capturar cualquier insecto que pase cerca. Los hermanos Rech han diseñado los orificios con unas dimensiones concretas para que los insectos pequeños, como abejas o moscas, puedan escapar sin dificultad.

Ese carácter selectivo es precisamente uno de los grandes problemas de muchas trampas genéricas que se venden actualmente, ya que terminan atrapando indiscriminadamente especies beneficiosas para el ecosistema. En este caso, la geometría del dispositivo reduce considerablemente ese impacto. La eficacia de la trampa se completa con un cebo casero compuesto por cerveza, sirope y vino blanco. Este último ingrediente tiene una función clave porque actúa como repelente natural para las abejas, evitando que entren atraídas por la mezcla.

Tecnología barata y reutilización de residuos

El proyecto también ha llamado la atención por su filosofía de economía circular. En lugar de fabricar recipientes nuevos o emplear productos químicos, el sistema reutiliza tarros de cristal que normalmente acabarían en la basura y utiliza apenas unos gramos de filamento plástico para imprimir la pieza.

Varias de las tapas para cerrar botes impresas. © Facebook

Los creadores han optado además por no convertir su invento en un producto comercial cerrado. Su intención es facilitar la distribución gratuita del diseño para que cualquier persona pueda fabricar sus propias trampas y compartirlas con vecinos o apicultores de la zona. Aunque el archivo no está disponible en plataformas públicas de descarga masiva, los interesados pueden solicitarlo directamente al taller de los hermanos Rech para imprimir las piezas localmente.

La primavera, el momento clave

Los expertos recuerdan que la colocación de estas trampas resulta especialmente importante durante la primavera. Es en esos meses cuando las reinas fundadoras salen de su letargo y comienzan a crear nuevas colonias.

Capturar una sola reina antes de que establezca el nido puede evitar la aparición futura de miles de ejemplares. Por eso, herramientas sencillas y de bajo coste como esta están despertando cada vez más interés entre apicultores y vecinos de las zonas afectadas por la expansión de la avispa asiática.

Con iniciativas de este tipo, la tecnología doméstica y la impresión 3D vuelven a demostrar que pequeñas soluciones locales pueden convertirse en una ayuda importante para proteger las abejas y reducir el impacto de una de las especies invasoras más problemáticas de los últimos años.

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