El estado de la codorniz común (Coturnix coturnix) volvió a situarse en el centro del debate científico y político la pasada semana durante la celebración del Foro Nacional de la Codorniz, que tuvo lugar en el edificio PRAE de Valladolid. El encuentro, organizado por la Federación de Caza de Castilla y León, reunió a investigadores, gestores, representantes de administraciones públicas y miembros del sector cinegético en un momento especialmente sensible para el futuro de esta especie migratoria.
La reunión se produjo en un contexto decisivo para la gestión de la codorniz en Europa. En los próximos meses, la Comisión Europea, a través del comité NADEG (Nature Directives Expert Group), analizará el estado de la especie y estudiará posibles escenarios de gestión, entre los que se encuentra la imposición de nuevas restricciones a su caza.
Tal y como adelantamos, España ha defendido en ese debate la necesidad de adoptar medidas más restrictivas basándose en las conclusiones del informe elaborado para el grupo de trabajo Task Force, coordinado por la investigadora Beatriz Arroyo, miembro del comité científico de SEO/BirdLife y del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC). Ese documento se apoya fundamentalmente en los datos del programa SACRE, un sistema de seguimiento de aves comunes que en España lleva a cabo la organización ecologista a la que pertenece.
Sin embargo, durante el propio foro celebrado en Valladolid se produjeron varias intervenciones de científicos que cuestionaron la fiabilidad de ese sistema para evaluar el estado real de la especie.
El propio SEO reconoce que su sistema no sirve para saber cuántas codornices hay
Uno de los momentos más llamativos de la jornada se produjo durante el turno de preguntas posterior a la mesa científica. En ese momento Mario Gómez, el representante de SEO/BirdLife reconoció públicamente que el programa SACRE no permite determinar el tamaño real de la población de codorniz. Según explicó el ecologista, los resultados de este sistema ofrecen únicamente una «primera valoración» de las tendencias de las especies, pero «para saber cuántas codornices hay hay que utilizar otros métodos», porque el que emplea su organización no sirve para saber cuántos individuos existen realmente.
Este reconocimiento resulta especialmente relevante porque los datos procedentes de ese programa son precisamente los que se han utilizado como base para el informe que España ha presentado en el debate europeo sobre el futuro de la especie. El programa SACRE —acrónimo de Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras— se basa en censos auditivos realizados durante la primavera, en los que observadores voluntarios registran los cantos de los machos en distintos puntos de muestreo. Supuestamente, este método permite detectar tendencias generales en determinadas especies, pero numerosos especialistas han advertido desde hace años de sus graves limitaciones cuando se aplica a la codorniz.
La razón es que se trata de un ave con hábitos discretos, gran movilidad y comportamientos que dificultan su detección mediante escuchas. Todo ello provoca que muchos ejemplares no sean registrados durante los censos, lo que puede generar estimaciones que subestiman su presencia real en el campo.
Los propios científicos admiten las limitaciones del método
Durante el foro celebrado en Valladolid, varios investigadores recordaron que estas limitaciones –con la que todos los científicos se mostraron de acuerdo– ya habían sido señaladas en diferentes estudios científicos. El catedrático de Zoología de la Universidad de Barcelona José Domingo Rodríguez-Teijeiro explicó que los problemas de este sistema de conteo se conocen desde hace años. Según señaló durante el debate, «ya habían alertado hace años de que había indicios de que el método pasivo de conteo de la codorniz fallaba y ya se ha visto que es así».
En términos similares se pronunció la propia Beatriz Arroyo durante su intervención en la mesa científica, cuando reconoció que «sabemos que los métodos de escucha subestiman las poblaciones». Estas afirmaciones adquieren una especial relevancia si se tiene en cuenta que el informe utilizado por España en el debate europeo se basa principalmente en estimaciones obtenidas mediante ese mismo sistema.
Las contradicciones en torno a los datos sobre la codorniz no son nuevas. En 2020, SEO/BirdLife declaró a esta especie Ave del Año, una estrategia que la organización suele utilizar cuando quiere prohibir la caza de una especie. En aquel momento, la organización difundió un mensaje rotundo en sus redes sociales: «Sufre declive del 74 %. Solo quedan 225.000 ejemplares». Aquella cifra se convirtió en uno de los principales argumentos utilizados para reclamar restricciones a su caza y fue ampliamente difundida en campañas y materiales informativos. Sin embargo, el propio reconocimiento realizado ahora en el foro de Valladolid plantea una pregunta evidente: si el sistema SACRE no permite calcular el tamaño real de la población, ¿cómo pudo afirmar entonces que solo quedaban 225.000 codornices en España?
La contradicción resulta aún más evidente si se tienen en cuenta los propios datos expuestos durante el foro por el representante de SEO/BirdLife. Según explicó, la tendencia poblacional estimada en la última década sería de aproximadamente un -4,5 %, una cifra muy alejada del desplome del 74 % que se difundió durante aquella campaña sensacionalista.
El informe ignora los datos del proyecto Coturnix
Otro de los puntos que generó mayor debate durante el encuentro fue la ausencia en el informe presentado ante la Comisión Europea de los datos procedentes del proyecto Coturnix. Esta iniciativa, impulsada por la Fundación Artemisan y Mutuasport, constituye actualmente el mayor proyecto de ciencia ciudadana dedicado al estudio de la codorniz en Europa. A través de miles de observaciones realizadas por cazadores y gestores cinegéticos, el proyecto recopila información a una escala sin precedentes sobre la presencia de la especie en el territorio.
A diferencia del sistema SACRE, Coturnix utiliza el denominado método SEC, diseñado específicamente para adaptarse a las particularidades ecológicas de la codorniz. Durante el foro, el investigador Francesc Sardà, del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC), explicó que «algunas especies de aves como la codorniz no se ajustan bien a los programas de seguimiento como el que usa SACRE». En ese sentido, señaló que «el método SEC permite ajustarse mejor a las peculiaridades de la codorniz y por tanto es más preciso».
Los resultados obtenidos mediante este sistema ofrecen además una imagen diferente de la situación de la especie en algunos territorios, donde la tendencia poblacional aparece como estable cuando se combinan distintos métodos de análisis. Sin embargo, esos datos no fueron incorporados por Beatriz Arroyo al informeTaske Force utilizado por España en el debate europeo.
El peso de los datos aportados por los cazadores
Durante el foro también se puso de relieve la importancia del trabajo realizado por cazadores y gestores cinegéticos en la obtención de información científica sobre la codorniz. El profesor Rodríguez-Teijeiro recordó que el 70 % de las anillas utilizadas en los estudios sobre esta especie proceden de cazadores y son financiadas por ellos mismos. Estas muestras biológicas permiten analizar aspectos clave como la edad de los ejemplares, la estructura de la población o los movimientos migratorios.
A pesar de ello, varios participantes señalaron que muchos de esos datos no siempre se incorporan a los informes utilizados en los debates internacionales. Durante el turno de preguntas, la cuestión fue obvia: «¿Por qué Beatriz Arroyo no utilizó los datos del proyecto Coturnix para el informe Task Force?». La investigadora miembro de SEO/BirLife aseguró que «porque sus datos no estaban listos en el momento de hacerlo» y afirmó que no tendría inconveniente en usarlos en el futuro.
Esa falta de datos precisos quedó reflejada en uno de los momentos más reveladores del debate. Tras escuchar las intervenciones de los expertos, la moderadora de la mesa científica, la catedrática Marta Elena Alonso de la Varga, formuló una pregunta directa hacia Beatriz Arroyo: «¿Entonces me decís que no sabéis cuántas codornices hay?». La profesora de la Universidad de León mostraba su estupor ante el hecho de que el Taske Force esté defendiendo restricciones a la caza mientras se ignoran los informes de Coturnix: «Estamos basando informes a nivel europeo en base a estimaciones cuando tenemos datos concretos del tamaño poblacional», afirmó sin encontrar respuesta.
En uno de los últimos momentos de la jornada, el catedrático Rodríguez-Teijeiro volvió a insistir en esa idea y lanzó una advertencia clara: con los datos actuales «no se puede prohibir la caza».
