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Seguridad nacional alerta de que la PPA puede ser usada como arma biológica «agroterrorista» contra España

Un veterinario observa un jabalí muerto por peste porcina en Polonia. © EFE

El Gobierno ha puesto el foco sobre una amenaza hasta ahora poco visible en el debate público: el uso intencionado de enfermedades animales como herramienta de desestabilización económica y social. Lo hace a través de la primera Estrategia Nacional contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva, aprobada por el Consejo de Seguridad Nacional el 16 de diciembre y publicada ahora en el BOE.

El documento actualiza el marco estratégico español en línea con los nuevos desafíos internacionales y advierte expresamente del riesgo de agroterrorismo. En un contexto marcado por la guerra en Ucrania y el debilitamiento del multilateralismo, el texto subraya que los patógenos animales pueden convertirse en armas de enorme impacto.

La referencia no es abstracta. La estrategia identifica de forma explícita enfermedades como la gripe aviar o la peste porcina africana (PPA) como factores de riesgo frente a los que España debe estar preparada.

Patógenos contra la cabaña ganadera

El texto publicado en el BOE es claro al respecto. Señala que la «propagación malintencionada de agentes biológicos patógenos puede suponer un riesgo directo para la salud de las personas, también puede dirigirse, utilizando patógenos específicos, contra las cabañas ganaderas, la producción agrícola o forestal de un territorio o ecosistemas de especial interés».

Jabalí. © Shutterstock

La advertencia no se limita al plano sanitario. La estrategia apunta a consecuencias de gran alcance si un ataque de estas características afectara a amplias zonas productivas o a especies sensibles. Según recoge el documento, el impacto podría ser relevante «no solo por atacar a la salud entendida como un todo la salud humana es imposible sin la salud de animales y ecosistemas (concepto conocido como One Health) sino que también podría crear situaciones que afectaran a la cohesión social, incidiendo en grandes extensiones, superficies o especies de especial protección o en partes importantes de la cabaña ganadera, todo ello puede afectar a sectores de la población especialmente sensibles e incidir en el desarrollo económico y situación ambiental».

En otras palabras, un brote provocado de PPA o de gripe aviar no solo supondría el sacrificio masivo de animales, restricciones comerciales y cierre de mercados exteriores, sino que podría golpear de lleno a comarcas enteras dependientes del sector primario.

Globalización y amenazas no estatales

El Gobierno advierte además de que la globalización facilita la expansión de estos agentes biológicos debido al intenso movimiento internacional de personas, animales y mercancías. Ese contexto multiplica el potencial de daño de una acción deliberada.

Al igual que ocurre con las amenazas nuclear o química, la estrategia plantea reforzar la preparación de las administraciones y de la sociedad civil. El objetivo es prevenir e impedir acciones proliferadoras en territorio nacional o que puedan perjudicar los intereses españoles, especialmente si proceden de grupos no estatales.

La inclusión del agroterrorismo en el máximo nivel de planificación estratégica supone un mensaje claro: la ganadería española y el campo forman parte de la seguridad nacional. Y protegerlos ya no es solo una cuestión sanitaria o económica, sino también geopolítica.

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