La becada (Scolopax rusticola), también conocida como arcea, sorda o chocha perdiz, es una de las aves migratorias más enigmáticas de los bosques europeos. Pequeña, discreta y de hábitos crepusculares, cada invierno encuentra refugio en distintos puntos de la Península Ibérica. Ahora, la Comunidad de Madrid forma parte activa de un proyecto internacional que trata de arrojar luz sobre sus largos viajes y los desafíos que afronta.
En concreto, el Ejecutivo regional lleva cinco años implicado en el marcaje y seguimiento de esta especie mediante tecnología satelital. Técnicos de distintos países han equipado en este tiempo a un centenar de ejemplares con instrumentos de radiocontrol alimentados con energía solar que permiten conocer su posición y movimientos con precisión.
Se trata de una herramienta clave para comprender mejor los patrones migratorios de una ave que suele invernar en España, Irlanda, Gran Bretaña y Francia, y desplazarse en época de cría hacia los países bálticos, Europa central y Escandinavia.
Antes de adentrarse en los datos, conviene recordar que la becada mide entre 30 y 35 centímetros y ronda los 300 gramos de peso. Su pico largo y fino le permite capturar lombrices, larvas e insectos, mientras que su plumaje pardo rojizo la camufla a la perfección entre la hojarasca y la vegetación húmeda de los bosques.
Nuevos ejemplares marcados en la región
En 2023, la Comunidad de Madrid logró incorporar al proyecto un ejemplar bautizado como Jarama, cuyo seguimiento permitió trazar su desplazamiento continuado hasta Holanda, donde finalmente se perdió la señal.
Este año ha sido el turno de otra becada, capturada en la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz, situada en el noreste de la región. El ejemplar, llamado Sonsaz, ya porta uno de los dispositivos de rastreo y sus datos serán analizados por expertos en fauna del Gobierno autonómico.
La información recopilada servirá para evaluar el impacto humano y ambiental sobre la especie, en un contexto marcado por la alteración o pérdida de hábitats forestales, la reducción de prados ganaderos —fundamentales para su alimentación en invierno— y la presión cinegética.
Viajes de miles de kilómetros
El programa europeo ha permitido además documentar desplazamientos sorprendentes. En Reino Unido se han localizado tramos de vuelo de entre 900 y 7.000 kilómetros en ejemplares procedentes de Siberia.
El promedio de los viajes ronda los 3.000 kilómetros en las aves que alcanzan territorio británico desde Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Rusia, Bielorrusia, Lituania y Polonia. Unas cifras que reflejan la magnitud de una migración silenciosa que cada año atraviesa medio continente.
Con estos datos, los investigadores buscan afinar las medidas de conservación y garantizar la viabilidad futura de una especie estrechamente ligada a la salud de los ecosistemas forestales europeos.
