Durante horas solo se conocía la fotografía de un jabalí descomunal y algunas pinceladas sobre su posible récord. Ahora, la historia ya tiene nombre y apellidos. Pablo Paduraru, rehalero de solo 20 años, fue quien cobró con sus perros el impresionante animal abatido el pasado sábado en la finca Las Barranconas, en el término municipal de Horcajo de los Montes (Ciudad Real).
Pablo pertenece a la Rehala Los Makas y es natural de Madrigal de la Vera (Cáceres). A pesar de su juventud, lleva prácticamente toda la vida vinculado al monte y a los perros. «Llevo en la rehala desde que tenía 7 u 8 años», cuenta a Jara y Sedal. Comenzó acompañado de su hermano, que hoy tiene 34 años y fue quien le inculcó esta afición desde niño.
La gran captura se produjo en una jornada que, por rapidez e intensidad, quedará grabada en su memoria.
Antes de conocerse estos detalles, la imagen del jabalí ya había generado un enorme revuelo en grupos de mensajería de cazadores, precisamente por la falta de datos. Hoy, ese vacío informativo se despeja con el testimonio directo de quien estuvo allí.
Una carrera contra el tiempo
El lance fue tan rápido como contundente. «Fue soltar a las 11:10 de la mañana y a las 11:17 ya me estaba haciendo fotos con el cochino», asegura Pablo. Apenas siete minutos bastaron para que todo se resolviera.
Según relata, primero salió otro animal: «Primero sacaron otro cochino y este se quedó tumbado». Poco después, los perros de su rehala dieron con el gran jabalí que acabaría convirtiéndose en protagonista de la temporada.
El momento fue tenso. «Me daba miedo que me matase algún perro, así que me fui a por él. Ni le vi los colmillos. Lo rematé y no se movió. Luego ya vi la boca que tenía», explica. No fue hasta entonces cuando tomó conciencia de la magnitud del animal.
Un jabalí de oro… y de récord
El jabalí ha sido medido provisionalmente y ha alcanzado una puntuación de 128,50 puntos, lo que le garantiza la medalla de oro y lo sitúa como probable récord de España de la temporada 2025-2026 en abierto.
En cuanto al peso, Pablo lo estima con claridad: «Pesaría unos 110 kilos». Un dato que encaja con la corpulencia que muestran las imágenes y con el desarrollo excepcional de sus colmillos.
En una de las fotografías facilitadas a esta redacción aparece junto a Jorge Pérez, amigo suyo de Madrid, que suele acompañarle los fines de semana para ir con los perros. «Su padre tenía antes perros, pero ya no, y ahora se viene conmigo», explica.
También estaba presente Mario Fernández, otro compañero que pudo compartir con él la emoción de haber cobrado con sus perros un jabalí que, salvo sorpresa, pasará a la historia reciente de la cinegética española.
