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Un pueblo de Zaragoza recupera unas semillas de melón guardadas desde la década de 1940 y revive el sabor de antes

© JyS

Durante buena parte del siglo XX, Torres de Berrellén, en la provincia de Zaragoza, fue conocido por el cultivo de un melón que gozaba de un gran prestigio y sabor especial. El paso del tiempo, la transformación de la agricultura y el abandono de determinadas variedades tradicionales hicieron que aquel fruto acabara desapareciendo prácticamente de los campos. Ahora, más de diez años después de iniciarse un proyecto de recuperación, esa historia ha dado un giro inesperado.

Lo que parecía un cultivo perdido para siempre ha vuelto a echar raíces gracias a una iniciativa impulsada por científicos, agricultores, vecinos e instituciones que ha permitido rescatar una variedad autóctona cuyo punto de partida fue tan inesperado como valioso.

Todo comenzó con el hallazgo de unas semillas de mediados del siglo XX olvidadas en un antiguo granero, un descubrimiento que abrió la puerta a un largo proceso de investigación para recuperar las características originales del conocido como «melón verdadero», una variedad del tipo Tendral que durante décadas formó parte de la identidad agrícola del municipio.

Diez años para devolver la vida a una variedad histórica

El proyecto arrancó en 2015 por iniciativa del científico Jesús Causapé y de Chuma Sahún, quienes tres años más tarde impulsaron la creación de la Asociación Amigos del Melón de Torres de Berrellén para dotar de respaldo jurídico a una iniciativa que aspiraba a devolver a los campos una variedad prácticamente extinguida.

A partir de aquellas primeras semillas comenzó un trabajo que combinó la investigación científica con el conocimiento de los agricultores locales. Muchos vecinos aportaron semillas antiguas que todavía conservaban, mientras que el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) se encargó de realizar los estudios necesarios para comprobar la adaptación y la calidad de la variedad.

Los investigadores llevaron a cabo análisis físico-químicos y sensoriales con el objetivo de recuperar las cualidades originales del fruto. Una vez estabilizada la variedad, el siguiente paso consistió en multiplicar las semillas para que pudieran volver a sembrarse en las explotaciones agrícolas del municipio.

El reconocimiento oficial consolida su regreso

Uno de los momentos clave llegó en 2025, cuando el Ministerio de Agricultura registró oficialmente la semilla recuperada como variedad de conservación, una figura que garantiza su protección y facilita su difusión en el futuro.

El trabajo desarrollado por el CITA ha permitido recuperar dos tipos de simientes, una verde y otra blanca, que actualmente permanecen conservadas en el Banco de Germoplasma Hortícola, donde se almacenan deshidratadas y congeladas a -18 grados para asegurar su conservación a largo plazo. La recuperación ya ha empezado a traducirse en resultados visibles. Durante la campaña de 2025 se distribuyeron más de 6.000 semillas destinadas al cultivo, consolidando el regreso de este melón a los campos de Torres de Berrellén.

Mucho más que un cultivo

Para los vecinos del municipio, la vuelta de este melón supone mucho más que recuperar una producción agrícola. Representa el regreso de uno de los símbolos que durante décadas identificó al pueblo y forma parte de su memoria colectiva. Además del valor sentimental, la iniciativa abre nuevas oportunidades para potenciar los productos de proximidad, favorecer la comercialización de una variedad singular y reforzar el atractivo del turismo gastronómico ligado al territorio.

La recuperación también tiene un importante componente ambiental. Mantener vivas estas variedades autóctonas contribuye a preservar la biodiversidad agrícola y evita la pérdida de un patrimonio genético que estuvo muy cerca de desaparecer como consecuencia de la homogeneización de los cultivos.

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