El perro de agua español vuelve a situarse en lo más alto de las preferencias de los hogares españoles. Así lo refleja la última actualización del Libro de Orígenes Español (LOE) y el Registro de Razas Caninas (RRC), que confirma una tendencia que se repite año tras año: la búsqueda de perros con carácter definido, capacidad de adaptación y un vínculo estrecho con la familia.
No se trata solo de una cuestión estética o de tamaño. Detrás de este ranking hay un patrón bastante claro sobre lo que buscan hoy quienes deciden incorporar un perro a su vida. Junto al perro de agua, el mastín español y el presa canario completan el podio, consolidándose como referentes entre las razas nacionales. A esta lista se suman el pastor catalán y el ratonero bodeguero andaluz, que cierran un top cinco que dibuja un mapa bastante fiel de las prioridades actuales: funcionalidad, equilibrio y personalidad.
Perros con carácter y capacidad de adaptación
Desde la Real Sociedad Canina de España (RSCE) lo tienen claro. «Estas preferencias, lejos de responder solo a criterios estéticos o de tamaño, evidencian la búsqueda cada vez más clara de perros con una personalidad definida, equilibrados, fieles y capaces de adaptarse a distintos estilos de vida. Muchas familias buscan compañeros que encajen en su día a día, pero también perros con presencia, seguridad, energía o funcionalidades, según se trate de la ciudad o de un entorno más rural».
En ese sentido, no sorprende que las primeras posiciones estén ocupadas por razas históricamente ligadas al trabajo. Perros que han sido seleccionados durante generaciones para tareas concretas como el pastoreo, la guarda o la protección, y que hoy mantienen ese carácter funcional que tanto valoran muchas familias.
«No es casual, por tanto, que las primeras posiciones sigan ocupadas por razas de fuerte carácter, históricamente ligadas al trabajo, la guarda, el pastoreo o la protección. El perro de agua español, el mastín español o el presa canario responden bien a esa idea de perro versátil, fiable y con identidad propia, muy valorado tanto en entornos rurales como en hogares que priorizan la estabilidad de carácter y el fuerte vínculo con la familia», explican desde la RSCE.
El auge del bodeguero y el valor de lo autóctono
Uno de los movimientos más llamativos del ranking es la consolidación del ratonero bodeguero andaluz entre los cinco primeros. Un perro de menor tamaño que demuestra que, más allá del físico, lo que prima es el temperamento. Según la RSCE, «que un perro de tamaño pequeño sigue teniendo espacio cuando va acompañado de temperamento, inteligencia y capacidad de adaptación». Su carácter activo y su facilidad para integrarse en la vida doméstica lo han convertido en una opción cada vez más habitual.
Este auge de razas nacionales también tiene una lectura más profunda. José Miguel Doval, presidente de la RSCE, subraya: «Estas preferencias ponen de relieve la importancia de preservar y poner en valor las razas caninas españolas, en un contexto en el que gran parte de las razas autóctonas están en situación de vulnerabilidad. Apostar por razas nacionales no solo implica elegir un compañero con un carácter previsible y unas actitudes bien definidas, sino también contribuir a la defensa del patrimonio canino español a través de la cría responsable».
El mensaje es claro: más allá de modas pasajeras, los hogares españoles están apostando por perros con historia, funcionalidad y una identidad bien definida, reforzando así el valor de las razas autóctonas en un momento clave para su conservación.
