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Una española caza un búfalo e inicia uno de los retos más difíciles para un cazador: lograr los cinco grandes de África

Raquel con el búfalo. © R. F. R.

Los Big Five, los cinco grandes de la caza africana —búfalo, león, leopardo, elefante y rinoceronte—, también forman parte de la trayectoria de cazadoras como la estadounidense Joella Bates. En 2009 completó los cinco con arco en un mismo safari, aunque en el caso del rinoceronte empleó una flecha tranquilizante y el animal fue liberado. Su experiencia quedó recogida en un relato publicado por el medio especializado Bowhunting.

Otro caso es el de Liz Caddell, que completó los Big Five con solo 20 años, también con tranquilizante para el rinoceronte, según relató Los Angeles Times. La española Raquel Fernández Ruiz, de 36 años, acaba de comenzar su propio camino hacia ese objetivo. En agosto de 2025 viajó a la provincia sudafricana de Limpopo y abatió su primer búfalo, una experiencia que ha querido compartir con Jara y Sedal y que recuerda con enorme emoción.

Raquel lleva unos seis años cazando y combina monterías, recechos y caza menor con su perro en España con experiencias internacionales. Pero aquel safari tenía algo diferente: suponía el primer paso para hacerse con su particular Big Five. Ella, que normalmente duerme durante los vuelos, pasó el trayecto completamente despierta. Los nervios por lo que estaba a punto de vivir no le dejaron pegar ojo.

De la caza con su perro al sueño africano

La afición le llegaba por su familia materna, aunque un accidente sufrido por su abuelo había convertido la caza en un asunto delicado en casa. Fue al conocer a su pareja cuando empezó a acompañarle al campo. Después llegaron su perro, el permiso de armas y sus propias jornadas en el coto del pueblo, junto a la familia de su madre.

De esos días guarda algo que sigue valorando por encima de todo: compartir el campo y las sobremesas con quienes llevan toda una vida cazando. «Para mí es algo que es insuperable», explica. Su primera experiencia africana llegó en 2022, cerca de Ciudad del Cabo, donde abatió un ñu negro.

Ese mismo año acompañó a su pareja a cazar un león. Ella iba como espectadora, pero regresó con una idea propia: algún día intentaría conseguir los cinco grandes. El búfalo de Limpopo sería el primero, aunque antes tendría que superar una cacería bastante más complicada de lo que había imaginado.

Dos días tras las huellas del búfalo

El grupo disponía de cinco días y tenía previsto cazar tres búfalos, además de otros animales. La primera noche, su profesional, Jakao, le explicó la anatomía de la especie y la colocación del disparo. Después comenzaron dos jornadas siguiendo las huellas del viejo macho. En una de las aproximaciones permanecieron unas dos horas de rodillas, esperando a que se levantara de su descanso. La oportunidad no llegó a concretarse y Raquel no disparó. Con el tiempo disponible reduciéndose, decidieron probar una espera junto a uno de los comederos que frecuentaba.

© R. F. R.

Desde el puesto observó pasar distintas especies mientras intentaba controlar la tensión del brazo. Hasta que escuchó las pisadas y aparecieron tres búfalos. El que llevaban siguiendo entró primero y, según recuerda, apartó de un golpe a un ñu dorado que estaba junto al bebedero. Ver aquella fuerza tan cerca añadió todavía más nervios al momento.

Un disparo, una noche en vela y un desenlace entre lágrimas

Raquel tomó aire, lo soltó despacio y disparó. La reacción inicial pareció buena y Jeiko le dijo: «Raquel, lo tienes». Sin embargo, el búfalo salió corriendo y el posterior rastreo, ya con la luz cayendo, no permitió localizarlo. Tuvieron que regresar al campamento con el animal pinchado y sin haber podido cobrarlo.

Aquella noche revisó una y otra vez el vídeo del lance. Según explica a este medio, comprobaron que el impacto había quedado unos tres dedos por debajo del punto buscado y no había alcanzado el corazón. «No dormí, no dormí nada, absolutamente nada ese día», recuerda. A las 3:30 horas ya estaba levantada, deseando volver al rastro.

Retomaron la búsqueda al amanecer. Tras prolongarla hasta el mediodía sin encontrarlo, recurrieron a un dron con visión térmica que permitió localizar al búfalo. Cuando se acercaron, estaba detrás de un matorral, observándolos. Raquel pidió un trípode para apoyar el rifle, respiró y efectuó dos disparos. El animal cayó.

«Me puse a llorar como una niña pequeña», recuerda. Después llegaron los abrazos a Jeiko y a sus compañeros, cuyo apoyo considera decisivo para mantener la calma. Solo cuando el profesional comprobó que el búfalo estaba muerto se acercó a tocarlo. Terminaban la incertidumbre y el cansancio; comenzaba su particular camino hacia los Big Five.

Raquel comparte su afición en Instagram como @raquel.r.f.r. De sus viajes destaca el contacto con otras culturas y el respeto por la carne y su aprovechamiento que ha conocido a través de ellas. Ahora, con el primero de los cinco conseguido, ya piensa en la siguiente experiencia: «Espero ir completando poco a poco y ya estoy pensando cuándo será el segundo».

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