La Unión Europea afronta una decisión clave que podría transformar profundamente la práctica cinegética en los próximos años. El Comité REACH tiene previsto reunirse a finales de abril para abordar un nuevo borrador sobre la restricción del uso de plomo en la munición, una medida que ha ido ajustándose con el paso de los meses, pero que sigue generando una notable inquietud entre cazadores y fabricantes.
El texto más reciente, según ha informado la Federación Europea para la Caza y la Conservación (FACE), centra la posible limitación en los perdigones de plomo, dejando fuera las balas. Aun así, el alcance de la propuesta continúa siendo considerable, especialmente por las implicaciones prácticas que tendría su aplicación en países como España.
El proceso, que ya fue objeto de debate en el Parlamento Europeo el pasado noviembre, entra ahora en una fase decisiva. La Comisión Europea estudia las observaciones de los Estados miembros mientras se perfila un posible calendario de transición que podría ampliarse hasta cinco años.
Un problema silencioso: el envejecimiento del parque de escopetas
Uno de los puntos más sensibles de este debate es el estado del parque de armas en España. Según un informe de la Guardia Civil al que ha tenido acceso Jara y Sedal, existen 441.478 escopetas con más de 25 años de antigüedad, muchas de ellas fabricadas sin tener en cuenta las presiones necesarias para disparar munición alternativa como el acero.
Este dato adquiere mayor dimensión si se compara con el total de armas guiadas con licencia E en España, que asciende a 1.929.346, según cifras del Mando de la Intervención Central de Armas y Explosivos a las que ha tenido acceso este medio. En la práctica, esto significa que una parte muy relevante del parque actual podría verse afectada por la medida.
No hay que olvidar que fue a comienzos del siglo XXI, tras la prohibición del plomo en humedales, cuando comenzaron a popularizarse las escopetas preparadas para disparar acero. Hasta entonces, la mayoría de las armas no estaban diseñadas para soportar ese tipo de munición, lo que hoy plantea un desafío técnico evidente.
Un impacto que va más allá de lo técnico
El posible cambio normativo no solo tiene implicaciones técnicas, sino también sociales y económicas. El coste de sustituir cientos de miles de escopetas podría ser inasumible para buena parte del colectivo cinegético, especialmente en un contexto donde predominan los cazadores sociales.
Pedro Morrás, secretario general de la Federación Sectorial de Armera, lo resume con claridad: «Esto es solo en España, a esto hay que sumar Francia, Italia… hablamos de millones de escopetas que habría que sustituir y el mercado no podría abastecerlo».
Además, advierte del perfil mayoritario del sector: «En España la mayor parte de los cazadores son cazadores sociales, gente humilde que a lo mejor no puede permitirse hacer una inversión así».
Una decisión inminente con consecuencias a largo plazo
Aunque el enfoque de la propuesta se ha limitado a los perdigones, el debate sigue abierto y las dudas persisten. Varios Estados miembros han expresado su preocupación por los plazos de adaptación y por la capacidad real del mercado para asumir una transición de este calibre.
Con más de 7 millones de cazadores en Europa afectados por esta regulación, el desenlace de las próximas semanas será determinante. La decisión que adopte Bruselas no solo marcará el futuro del uso del plomo, sino también el de buena parte del parque de armas actual.
