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Pilar Pascual, agricultora, sobre la acampada de Sol y el precio del gasoil: «La vivienda es de primera necesidad, ¿y comer no?»

La joven agricultora en el vídeo. © TikTok

La agricultora, ganadera e ingeniera agrícola Pilar Pascual, conocida en redes como Agripilar, ha vuelto a poner el dedo en la llaga de una de las grandes frustraciones del campo español: por qué la sociedad se moviliza en masa por la vivienda y apenas reacciona cuando el combustible que permite producir alimentos se dispara hasta niveles que, según denuncia, «no se puede ni trabajar».

Lo ha hecho en un vídeo publicado en su perfil de TikTok grabado desde su explotación, en el que compara la respuesta ciudadana ante los desahucios con la que recibe el sector primario cuando denuncia el precio del gasoil. Su queja llega, además, en un momento muy concreto: la semana en que la acampada por la vivienda en la Puerta del Sol de Madrid concentra la atención mediática y política del país, mientras las organizaciones agrarias preparan su propio calendario de protestas por el encarecimiento del combustible.

«Gastando gasoil para daros de comer»

Pascual no cuestiona el derecho a manifestarse por la vivienda. Lo que reprocha es la desproporción entre esa atención y la que recibe el campo. En su vídeo lo plantea sin rodeos: «Salir a manifestarse por uno de los miles de desahucios que se llevan a cabo en España, bien. Pero salir por estar el gasoil a 2 euros, que no se puede ni trabajar, no, eso no». Y añade que cuando deja ese comentario en vídeos sobre la acampada de Sol, «la gente me contesta diciendo que la vivienda es un bien de primera necesidad, ¿y comer no?».

La joven detalla después, punto por punto, en cuántas tareas distintas de una explotación agroganadera interviene el gasóleo: para desplazarse por la finca, para el motor que extrae agua, para moler el pienso del ganado y para el tractor con el que siembra. «Yo aquí estoy en la finca de vacas con el coche gastando gasoil, con el motor sacando agua gastando gasoil, con el pienso molido gastando gasoil para molerlo, gastando gasoil con el tractor ahora para sembrar, gastando gasoil para daros de comer», resume, antes de zanjar que la alimentación es «un bien de primera necesidad más que la vivienda, porque si no comes te mueres directamente». Cierra su intervención con una cifra muy concreta —el gasóleo agrícola a 1,70 euros— y una pregunta retórica: «¿Cómo hay que explicároslo?».

El gasóleo agrícola, en fuerte subida

La cifra que maneja Agripilar en su vídeo no es una exageración, coincide con los datos oficiales del sector en las semanas recientes. Según el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el precio medio ponderado del gasóleo B o agrícola se situó el 28 de septiembre en 1,562 euros por litro, un 61,9% más caro que antes del estallido del conflicto en Oriente Medio a finales de febrero. Esa media nacional esconde diferencias notables entre territorios: mientras en las gasolineras de las cooperativas agrarias de Álava se pagaba a 1,269 euros, en las convencionales de Guipúzcoa el litro llegaba a 1,888 euros.

El encarecimiento no es un episodio puntual, sino una escalada sostenida desde febrero. El propio Ministerio situaba el litro en 1,405 euros el 7 de septiembre, frente a los 0,96 euros de finales de febrero. Con esa referencia, llenar el depósito de 300 litros de un tractor pasó de 288 a 421,50 euros, unos 133,50 euros más por cada repostaje. La ayuda extraordinaria del Gobierno, fijada en 20 céntimos por litro, no compensa la totalidad de esa subida, por lo que el agricultor sigue asumiendo buena parte del sobrecoste.

Ese combustible no es un gasto secundario. En una explotación agroganadera mueve el tractor que ara, siembra y recolecta, el motor que extrae agua de pozos y balsas de riego, la maquinaria que muele o transporta el pienso del ganado y los vehículos con los que se recorre la finca a diario. Cuando su precio se dispara, se encarece automáticamente toda esa cadena de trabajo, sin que el agricultor o ganadero pueda trasladar necesariamente ese sobrecoste al precio que recibe por su cosecha o su leche.

El campo también prepara sus protestas

Lejos de ser un sector resignado, como podría desprenderse de una lectura superficial del vídeo de Agripilar, las organizaciones agrarias llevan semanas moviéndose. ASAJA, COAG y UPA convocaron movilizaciones conjuntas a mediados de septiembre ante la subida del combustible y el fin, previsto entonces para el 30 de septiembre, de la ayuda extraordinaria. El aviso llegaba, señalaban las propias organizaciones, en plena campaña de siembras, vendimia, recogida de maíz y, en pocas semanas, la aceituna, «cuando el tractor no puede quedarse parado».

El Gobierno respondió prorrogando la ayuda de 20 céntimos hasta final de año, pero el campo no ha dado el asunto por cerrado. El secretario general de COAG, Andrés Góngora, ha señalado que el combustible se ha encarecido 80 céntimos por litro desde el inicio de la crisis, mientras la ayuda sigue limitada a una cuarta parte de esa subida, y ha reclamado un paquete más amplio que incluya también fertilizantes y plásticos agrícolas. Asaja, COAG y UPA se reunirán en los próximos días para cerrar un calendario de protestas que podría incluir una gran concentración ante el Ministerio de Agricultura y actos en distintas comunidades autónomas.

@agripilar

Donde tiene las prioridades este puñetero país?

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Vivienda y alimentación, dos urgencias que compiten por la calle

El contraste que señala Agripilar tiene, además, un correlato muy concreto estos días. La acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol, conocida como 26S, arrancó la noche del 26 de septiembre tras una manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid en protesta por el desahucio de una mujer de 87 años que había vivido setenta años en su casa. La protesta ha crecido en pocos días hasta reunir a cientos de personas acampadas en la plaza, con más de trescientas tiendas de campaña, y ha obligado al Gobierno a aprobar dos decretos sobre vivienda que el Congreso deberá convalidar. La Comunidad de Madrid, por su parte, ha exigido su desmantelamiento por considerarla ilegal.

Ese contraste de escalas —una plaza tomada durante varias jornadas frente a una queja que todavía busca fecha y recorrido en las carreteras— es precisamente lo que subyace en el reproche de Agripilar. No se trata, en su planteamiento, de enfrentar la vivienda a la comida como si fueran necesidades incompatibles, sino de reclamar que el debate público mire también hacia el origen de lo que llega a la mesa: las explotaciones donde se produce, con un combustible cada vez más caro y sin que exista, todavía, una movilización social equivalente a la que ha llenado la Puerta del Sol.

Una de las voces más seguidas del campo en redes

Pilar Pascual es una agricultora, ganadera e ingeniera agrícola de Parada de Rubiales (Salamanca) que combina su trabajo diario en el campo con la creación de contenido sobre el mundo rural en TikTok e Instagram, donde acumula decenas de miles de seguidores. No es la primera vez que sus vídeos generan un fuerte eco. En agosto de 2025, Jara y Sedal recogió su alegato sobre el papel de los agricultores durante la ola de incendios que asoló varias zonas de España, en el que denunciaba que solo se acuerdan del campo «cuando hay humo» pese a que los agricultores llevan su maquinaria a las labores de extinción de forma gratuita.

También ha defendido públicamente prácticas ganaderas cuestionadas desde fuera del medio rural, como cuando respondió a un reportaje de DMAX sobre el Seprona que ella consideraba sensacionalista, resumiendo su postura con una frase que se hizo viral: «Si queremos mantener vivo el medio rural tenemos que entenderlo, no demonizarlo». En otra intervención muy compartida, explicó a una usuaria que la acusaba de hipocresía la diferencia entre amar a los animales y humanizarlos hasta perder de vista la realidad del trabajo ganadero. Meses antes, en mayo de 2024, ya había explicado en un vídeo la tradición de los mayos y los quintos en los pueblos españoles, uno de sus primeros contenidos virales.

Ese perfil de altavoz digital del campo es el que vuelve a activarse con este último vídeo: una crítica directa, sin medias tintas, que conecta con una parte del sector agrario que se siente invisible frente a otras causas sociales, en un otoño en el que el precio del gasóleo agrícola marca máximos históricos y las organizaciones profesionales preparan su propio pulso con la Administración.

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