Un pescador brasileño de 53 años protagonizó una captura extraordinaria en el río Marinheiro, situado en Cardoso, en el interior del estado de São Paulo. Roberto do Carmo Jesus consiguió sacar del agua en solitario un pirarucú (Arapaima gigas) de aproximadamente 160 kilos y 2,5 metros de longitud después de mantener con él una lucha que se prolongó durante unos 45 minutos.
El pez era tan grande que resultó imposible introducirlo en la embarcación desde la que pescaba. Cuando logró aproximarlo y comprobó sus dimensiones, Roberto decidió remolcarlo hasta la orilla para evitar perderlo o poner en riesgo la estabilidad de la barca. Una vez en tierra, necesitó la ayuda de otras dos personas para levantarlo y colocarlo sobre una báscula.
La captura superó con claridad el anterior récord personal del pescador, establecido con otro pirarucú de 115 kilos. Roberto, conocido en la zona como el «Rey del Pirarucú», acumula más de tres décadas de experiencia y asegura haber pescado más de un centenar de ejemplares de esta especie.
Una línea fina frente a un pez gigantesco
Roberto pescaba cerca de un puente del río Marinheiro, un afluente del río Grande, cuando el pirarucú tomó uno de sus aparejos. Llevaba dos cañas en la embarcación, pero el pez atacó precisamente la que tenía montada la línea más fina, lo que aumentó considerablemente la dificultad de la captura.
El primer tirón fue rápido y violento. A partir de ese momento comenzó una lucha en la que el pescador tuvo que dosificar sus fuerzas, mantener la tensión adecuada y evitar que el hilo se rompiera ante las embestidas del animal. Durante unos 45 minutos trabajó con paciencia para cansarlo y conseguir acercarlo poco a poco.
El tamaño real del pez no quedó claro hasta que comenzó a mostrarse cerca de la superficie. Fue entonces cuando Roberto comprendió que no podría subirlo a bordo sin ayuda.
«Cuando conseguí ver el tamaño, comprendí que era mejor remolcarlo hasta la orilla porque no cabía en la barca», explicó posteriormente.
La decisión permitió completar la captura, aunque el trabajo no terminó al alcanzar tierra firme. Fueron necesarios tres hombres para mover el ejemplar y pesarlo. Posteriormente, el pez fue comercializado y proporcionó más de 100 kilos de filetes, vendidos a 40 reales el kilo.
Un pez que necesita subir a la superficie para respirar
Además de por sus enormes dimensiones, el pirarucú destaca por una adaptación biológica poco común entre los peces: puede respirar aire atmosférico. Lo consigue gracias a una vejiga natatoria profundamente modificada y recubierta por un tejido con numerosos vasos sanguíneos, que desempeña una función parecida a la de un pulmón.
Los ejemplares adultos son respiradores aéreos obligatorios. Esto significa que el oxígeno que obtienen mediante las branquias no resulta suficiente para cubrir sus necesidades y que deben subir periódicamente a la superficie para tomar aire por la boca. Este comportamiento se repite normalmente cada pocos minutos y produce un movimiento característico que puede delatar su posición.
La capacidad de utilizar el oxígeno atmosférico permite al pirarucú desenvolverse en ríos, lagunas y zonas inundables donde el agua contiene muy poco oxígeno. También explica que pueda resistir durante un tiempo fuera del agua si su cuerpo se mantiene húmedo, aunque no se trata de un animal preparado para vivir o desplazarse en tierra.
Para los pescadores, esta necesidad de emerger representa una ventaja. El sonido, la turbulencia y el movimiento que genera el pez al tomar aire permiten detectar su presencia y seguir sus desplazamientos, especialmente en aguas tranquilas.
Uno de los mayores peces de agua dulce del mundo
El pirarucú está considerado uno de los peces de agua dulce más grandes del planeta. Los ejemplares excepcionales pueden superar los tres metros de longitud y aproximarse a los 200 kilos, aunque alcanzar semejantes dimensiones es poco habitual.
Su alimentación se compone principalmente de peces, crustáceos y otros animales de pequeño tamaño. Se trata de un depredador potente y oportunista, capaz de ocupar una posición elevada dentro de la cadena alimentaria de los ecosistemas en los que está presente.
La especie es originaria del bioma amazónico, pero se ha extendido por otras cuencas brasileñas alejadas de su área natural. En el río Marinheiro y en otros cursos de agua del interior de São Paulo está considerada invasora debido a su capacidad de adaptación, a la ausencia de depredadores naturales y a la presión que puede ejercer sobre las poblaciones de peces autóctonos.
Según la información recogida en el texto original, en marzo de 2026 el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables declaró oficialmente al pirarucú especie exótica invasora fuera de su área de distribución natural. La pesca quedó autorizada como herramienta de control poblacional en distintas regiones hidrográficas de Brasil, incluida la cuenca del Paraná.
La captura de este ejemplar de 160 kilos muestra las extraordinarias capacidades de una especie que no solo impresiona por su tamaño. El pirarucú puede respirar aire, soportar aguas con una concentración muy baja de oxígeno y alcanzar un peso capaz de poner al límite incluso a pescadores con décadas de experiencia.
