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Un guarda rural graba el problemón que Doñana tiene con los perros salvajes por culpa de la ley animalista aprobada desde los despachos

Los perros alrededor de la cierva. © Facebook

Las imágenes grabadas en el entorno del Parque Nacional de Doñana vuelven a poner sobre la mesa un problema que cazadores, guardas y gestores llevan tiempo denunciando. En ellas aparece una cierva rodeada por cuatro perros asilvestrados que la persiguen entre la vegetación y se abalanzan sobre ella mientras una persona trata de intervenir para detener el ataque. La escena, breve pero contundente, resume una tensión que se arrastra desde hace años en uno de los espacios naturales más protegidos de Europa: qué hacer con los perros que viven sin dueño ni control dentro de un parque nacional.

El vídeo ha sido publicado en el perfil oficial de Facebook de la Federación Andaluza de Caza (FAC), que asegura que la grabación procede de la Guardería del parque. La organización ha relacionado directamente lo sucedido con las dificultades existentes para actuar sobre estos animales cuando viven sin control en el medio natural, señalando que no es un caso aislado sino un síntoma de un problema estructural que afecta a la fauna silvestre del entorno.

«Ésta es una consecuencia de la Ley de Bienestar Animal: la fauna del Parque Nacional de Doñana está en grave riesgo», afirma la Federación. A continuación, añade: «La imposibilidad de controlar los perros errantes y asilvestrados está provocando imágenes preocupantes como esta que nos llega de la Guardería del parque». Con estas palabras, la FAC vincula de forma explícita el episodio con el marco legal vigente y con las limitaciones que, según denuncia, impone a quienes trabajan sobre el terreno.

Cuatro perros contra una cierva en Doñana

La secuencia permite observar cómo los cuatro perros mantienen cercada a la cierva, cerrándole las vías de escape mientras se turnan para hostigarla desde distintos flancos. Uno de ellos llega a abalanzarse sobre su parte trasera mientras los otros continúan hostigándola, una situación que evidencia la capacidad de estos animales para organizarse y capturar fauna silvestre cuando actúan en grupo. El comportamiento coordinado que muestran las imágenes no es casual: los perros asilvestrados tienden a recuperar patrones de caza colectiva propios de sus ancestros, algo que los convierte en un depredador especialmente eficaz frente a presas de mayor tamaño como los ciervos.

La grabación documenta un ataque directo de perros asilvestrados contra un ciervo dentro del entorno de uno de los espacios naturales más importantes de Europa. No se trata de una amenaza desconocida ni de un hecho puntual. Un estudio desarrollado en Doñana durante dos años y cinco meses detectó 33 perros en 27 episodios diferentes mediante cámaras de fototrampeo, lo que apunta a una presencia estable y no a avistamientos esporádicos. Los investigadores comprobaron además que estos animales aparecían habitualmente en grupos de entre dos y cinco individuos, una composición similar a la que muestra ahora el vídeo difundido por la FAC, lo que refuerza la idea de que el comportamiento grupal observado en las imágenes responde a una dinámica ya documentada científicamente en el parque.

La paradoja tras la prohibición de la caza

Las imágenes llegan después de años de presión por parte de organizaciones ecologistas y animalistas para eliminar la caza de los parques nacionales. La Ley 30/2014 declaró incompatibles en estos espacios la caza deportiva y comercial, aunque permite a las administraciones organizar actuaciones de control poblacional por motivos de gestión y conforme al conocimiento científico. Esta última vía, pensada precisamente para intervenir cuando el equilibrio del ecosistema lo requiere, es la que el sector cinegético señala como insuficiente o de aplicación demasiado lenta ante casos como el registrado ahora en Doñana.

La desaparición de la actividad cinegética fue celebrada entonces como un avance para la conservación. Sin embargo, algunas organizaciones ecologistas han denunciado posteriormente los daños que jabalíes y perros asilvestrados ocasionan sobre nidos, huevos, pollos y ejemplares adultos de especies protegidas en Doñana, un giro que ha obligado a replantear el debate inicial sobre los efectos reales de retirar toda intervención humana sobre determinadas poblaciones animales.

La paradoja es evidente: quienes reclamaron la retirada de los cazadores de estos espacios pueden comprobar ahora, a través de estas imágenes, que la naturaleza protegida también necesita vigilancia, gestión y herramientas de intervención eficaces. Evitar cualquier actuación sobre determinadas poblaciones no significa necesariamente proteger al conjunto del ecosistema, y el caso de los perros asilvestrados en Doñana ilustra cómo la ausencia de control sobre una especie introducida puede terminar perjudicando a la fauna autóctona que se pretendía salvaguardar.

La problemática Ley de Bienestar Animal

La Ley 7/2023 considera animales de compañía a todos los perros, independientemente de su procedencia o del lugar donde habiten, incluidos aquellos que han vuelto a un estado asilvestrado y que, en la práctica, viven al margen de cualquier tutela humana. Como regla general, prohíbe su sacrificio o control, salvo excepciones, lo que ha generado un debate recurrente sobre cómo compatibilizar el bienestar animal individual con la protección de especies silvestres amenazadas.

Si bien la norma no establece una prohibición absoluta de intervenir ante un perro que esté atacando a la fauna, sí somete cualquier medida letal a unas condiciones y una justificación administrativa que, según viene denunciando el sector cinegético, pueden dificultar una respuesta inmediata y eficaz sobre el terreno. Esa exigencia de trámite previo, defienden guardas y federaciones de caza, choca con la rapidez que requiere una situación como la grabada en Doñana, donde la decisión de actuar o no actuar se juega en cuestión de segundos.

El ataque a esta cierva vuelve a mostrar las consecuencias que puede tener la presencia de perros errantes y asilvestrados en Doñana. Mientras continúa el debate político, son los animales silvestres los que se enfrentan directamente a una amenaza que no entiende de eslóganes ni de ideologías.

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