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Así ha sido la primera gran prueba de 2026 del perdiguero de Burgos en Albacete

El pasado 28 de febrero, el coto La Panda, en el término municipal de Alpera (Albacete), acogió una de las citas anuales más relevantes para el perdiguero de Burgos. La prueba, organizada por la Asociación Española del Perro Perdiguero de Burgos (AEPPB) y computable para el Campeonato de España, volvió a poner bajo examen el trabajo de selección genética y mejora funcional que la entidad desarrolla desde 1983.

La AEPPB, encargada de gestionar la cría y el libro genealógico de la raza, celebra cada año varias pruebas destinadas a analizar y calificar las capacidades de sus ejemplares. Solo los perros que superan los distintos exámenes —morfológico, de Aptitudes Naturales y Monográfica de Trabajo— obtienen el apto como reproductores, un filtro que marca la diferencia en la evolución de la cabaña.

En Alpera se dieron cita seis ejemplares en la prueba morfológica y diecisiete en la Monográfica de Trabajo, en una jornada que, desde el punto de vista organizativo y técnico, fue considerada plenamente satisfactoria.

Una selección exigente al servicio de la raza

Las pruebas no son un mero trámite. En la morfológica se analizan las características físicas y posibles defectos de cada perro, mientras que en la Monográfica de Trabajo los ejemplares adultos deben enfrentarse a la búsqueda de dos perdices previamente situadas en puntos concretos del terreno. Se valoran tanto sus capacidades naturales —nariz, guía y parada— como las adquiridas mediante el adiestramiento, como el cobro y la entrega.

La superación de estos exámenes permite a la asociación conocer el estado real de su cabaña, evaluar el resultado de las cruzas realizadas y decidir qué líneas deben priorizarse en el futuro. La política de reproducción es “dirigida”, es decir, requiere la aprobación interna de los órganos de la AEPPB para garantizar la compatibilidad entre reproductores y mantener un criterio común.

En el campo volvió a evidenciarse algo que ya se ha convertido en seña de identidad de estos perros: una nariz poderosa, capaz de detectar efluvios a decenas de metros, guías largas y seguras, y una parada firme, inmóvil y sostenida el tiempo necesario para permitir al cazador llegar con comodidad a la pieza. Todo ello sin perder el estilo trotador característico del perdiguero de Burgos ni desviarse del estándar morfológico.

Clasificación muy ajustada y alto nivel general

La Monográfica de Trabajo coronó como vencedor a Atila d’Alt Congost, propiedad de don Raúl Valero. El segundo puesto fue para Abascal de la Quintería, de don Juan José Madero, y el tercero para Will de Biar, propiedad de don Marcos Díez. Las puntuaciones fueron muy ajustadas, con escasa diferencia entre los diez primeros clasificados, un dato que refleja la homogeneidad y la calidad media de los ejemplares presentados.

Los premios, patrocinados por Piensos Ortín, fueron entregados por el presidente de la Asociación, don Javier Carrizo, quien, como es tradición, invitó previamente a los jueces a compartir sus impresiones sobre el trabajo observado en el campo, dentro del clima de consenso que caracteriza a la entidad.

No deja de resultar llamativo que una raza que atravesó una situación crítica antes de la creación de la AEPPB, hace casi medio siglo, muestre hoy este nivel de rendimiento y equilibrio. La asociación insiste en que no es una sociedad de cazadores que cría perros, sino una asociación de criadores de perros de caza, con una política que limita los partos para proteger el bienestar de las perras y garantiza incluso la reposición gratuita de cualquier ejemplar vendido que sea desechado para la reproducción.

La próxima cita será el 28 de marzo en Cernégula (Burgos), donde se celebrará la segunda prueba de la zona norte. Tanto socios como no socios podrán inscribirse para participar o asistir contactando con la organización en el teléfono 646 28 33 96.

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