El resultado de las elecciones andaluzas celebradas este domingo deja una fotografía especialmente dura para PACMA. El partido animalista ha vuelto a sufrir un importante retroceso electoral y confirma una tendencia que ya se venía observando en distintas comunidades autónomas: el progresivo desinflamiento del voto contrario a la actividad cinegética y cada vez una mayor desconexión entre sus planteamientos políticos y el mundo rural.
Los datos son contundentes. PACMA ha pasado de los 69.905 votos obtenidos en Andalucía en 2018, cuando alcanzó el 1,93% del total, a los 35.273 sufragios de 2022, con un 0,96%. Ahora, en estas elecciones de 2026, la formación apenas ha logrado 25.056 votos, quedándose en un residual 0,6%.
La caída no es puntual ni responde únicamente a un mal ciclo electoral. El partido animalista ha perdido cerca de 45.000 votos en apenas ocho años en Andalucía, una comunidad donde el peso del campo, la gestión del medio natural, la ganadería y la caza siguen teniendo una enorme importancia social y económica.
Mientras PACMA continúa alejándose de cualquier posibilidad de representación institucional, el resultado de las urnas también deja otra lectura significativa: los partidos que han respaldado públicamente la Agenda Andaluza por la Caza han concentrado la inmensa mayoría del apoyo ciudadano. Por su parte PP, PSOE, Vox y SALF —formaciones que firmaron ese compromiso con el sector cinegético— suman conjuntamente 3.365.928 votos en estas elecciones autonómicas.
El animalismo político vuelve a quedarse sin espacio
La debacle de PACMA en Andalucía llega además apenas unos meses después de otro duro revés para el animalismo político en Castilla y León. Allí, las últimas autonómicas ya dejaron un escenario muy parecido: pérdida de votos, ausencia total de representación y un apoyo social cada vez más reducido.
En aquella comunidad, PACMA obtuvo 5.027 votos, un 0,4%, empeorando también sus resultados anteriores. El desplome afectó igualmente a Podemos, otra de las formaciones que tradicionalmente ha defendido políticas restrictivas contra la actividad cinegética. La suma de ambos retrocesos consolidó la desaparición práctica del animalismo político de las Cortes castellanoleonesas.
Lo ocurrido ahora en Andalucía refuerza todavía más esa tendencia. PACMA no solo continúa lejos de entrar en el Parlamento andaluz, sino que además pierde miles de votantes respecto a anteriores convocatorias. El contraste con los grandes partidos es evidente. El PP ha vuelto a imponerse con claridad con 53 escaños y más de 1,7 millones de votos. PSOE y Vox mantienen también un fuerte respaldo electoral, mientras SALF logra superar los 105.000 sufragios.
El mundo rural marca distancia
El resultado deja otra conclusión que desde el ámbito rural llevan tiempo señalando: las políticas animalistas continúan sin encontrar respaldo suficiente en territorios donde la gestión de la fauna, la agricultura, la ganadería o la actividad cinegética forman parte de la vida cotidiana. Especialmente en Andalucía, donde la caza tiene un importante peso económico y social, muchas de las propuestas impulsadas por PACMA han sido percibidas durante años como alejadas de la realidad del campo.
Frente a ello, PP, PSOE y Vox han tratado en esta campaña de acercarse al sector cinegético y defender públicamente el papel de los cazadores en la conservación y el equilibrio del medio natural. Esa estrategia parece haber tenido un reflejo evidente en las urnas.
El desplome de PACMA vuelve además a coincidir con un contexto político en el que las cuestiones relacionadas con el mundo rural han ganado protagonismo en numerosos debates públicos. Los daños de fauna, la sobrepoblación de algunas especies o la defensa de actividades tradicionales han ocupado parte importante de la agenda política en distintas regiones españolas.
Una caída sostenida elección tras elección
La evolución de los resultados confirma que el retroceso del animalismo político no es un hecho aislado. En Andalucía, PACMA ha perdido más de la mitad de sus votos desde 2018 y continúa alejándose de cualquier capacidad de influencia institucional. Mientras tanto, los partidos que defienden una visión más ligada al territorio, al campo y a la gestión activa del medio natural siguen concentrando el grueso del voto autonómico.
El escenario que dejan estas elecciones vuelve a reforzar una idea que ya apareció tras los comicios de Castilla y León: el animalismo político continúa perdiendo fuerza en España al mismo ritmo que el mundo rural reclama mayor protagonismo en las decisiones que afectan al territorio.
