Se han cumplido nueve años del fallecimiento de Mel Capitán, una de las jóvenes que mayor huella dejó en el mundo de la caza en España. Su muerte, ocurrida el 19 de julio de 2017, causó una enorme conmoción entre quienes la conocieron y entre los miles de aficionados que seguían sus publicaciones y admiraban su forma de defender la actividad cinegética.
Mel era una joven humilde de Badalona que compaginaba su trabajo en un supermercado con su pasión por el campo. Desde las redes sociales mostraba con naturalidad sus jornadas de caza y expresaba sin complejos lo que significaba para ella esta forma de vida, incluso en una época en la que hacerlo suponía exponerse diariamente a críticas, insultos y ataques personales.
Una voz joven que rompió barreras
Su cercanía y su capacidad para comunicar hicieron que se convirtiera rápidamente en una de las caras más reconocibles del sector cinegético. Mel consiguió llegar especialmente a los jóvenes y contribuyó a visibilizar el papel de una nueva generación de mujeres cazadoras que reclamaba su espacio en un ámbito tradicionalmente asociado a los hombres.
También colaboró con organizaciones como la Oficina Nacional de la Caza y fue bloguera de Jara y Sedal. En esta revista dejó escritos relatos, experiencias y reflexiones sobre una pasión que defendió siempre con firmeza. Aquellos textos conservan hoy un enorme valor emocional para quienes compartieron con ella jornadas en el campo o siguieron su trayectoria.
La noticia de su fallecimiento provocó una oleada de mensajes de dolor y reconocimiento. Las redes sociales se llenaron de fotografías, recuerdos y despedidas de cazadores procedentes de toda España, muchos de los cuales nunca la habían conocido personalmente, pero sentían que Mel representaba su misma manera de entender el campo.
El odio que continuó después de su muerte
Junto a las muestras de cariño también aparecieron comentarios crueles, burlas e insultos publicados por perfiles animalistas radicales. La reacción llevó a la Real Federación Española de Caza a emprender acciones legales contra decenas de usuarios, aunque la mayoría de los casos terminaron archivados.
Uno de los homenajes más recordados fue el de Frank Cuesta, quien escribió una emotiva carta en la que pidió respeto para la joven y denunció el acoso que había sufrido. Días después, una concentración celebrada en la Puerta del Sol reclamó cambios legales frente a los mensajes de odio difundidos en las redes sociales y recordó públicamente a Mel.
Aquel episodio mostró la cara más amarga de la exposición pública, pero también la fuerza de un colectivo que se volcó con su familia. Su madre, Esperanza Tomás, reconoció en una entrevista concedida a esta redacción en 2019 que se sentía decepcionada con la respuesta de la justicia, aunque profundamente agradecida por el apoyo recibido del mundo de la caza.
Un recuerdo que permanece nueve años después
Desde entonces, cada aniversario devuelve a las redes sociales las imágenes y palabras de una joven que se atrevió a defender abiertamente aquello que amaba. Su nombre continúa ligado a la lucha contra el acoso, a la presencia de la mujer en la caza y a una manera directa y sincera de mostrar la realidad del sector.
Han pasado nueve años, pero su recuerdo continúa muy presente entre sus familiares, amigos y compañeros. También en esta redacción, desde la que volvemos a rendir homenaje a quien formó parte de Jara y Sedal y dejó una huella imposible de borrar.
Descansa en paz, compañera.
