El debate sobre la expansión de las energías renovables en suelo agrícola vuelve a encenderse en redes sociales. Esta vez ha sido a raíz de un vídeo difundido por la cuenta bipartidismo_ en el que Raúl Alonso, conocido como ‘Un Murciano Encabronao‘, reflexiona sobre el coste territorial y energético de la transición ecológica y su impacto directo en el mundo rural.
Durante su intervención, el comunicador plantea una comparación que ha corrido como la pólvora: la superficie que ocupan las placas solares instaladas en España. «Algunos locos como yo dijimos que cuanto mayor fuese la transición verde más iba a aumentar el consumo de combustible», afirma en el vídeo, en el que cuestiona el modelo actual de implantación de renovables.
En su discurso asegura que si se reunieran todas las placas fotovoltaicas del país «se podría tapar el cielo de Madrid», una imagen que utiliza para ilustrar la magnitud del despliegue. También denuncia que parte de estas instalaciones se están levantando sobre terrenos de regadío, algo que considera difícil de justificar en un país con problemas estructurales de agua y producción agraria.
Arranque de árboles y transformación del paisaje
El murciano sostiene que para instalar aerogeneradores y plantas solares se están eliminando grandes extensiones de arbolado. Habla de millones de ejemplares cortados y de hectáreas de bosque transformadas para dar paso a infraestructuras energéticas. «Los árboles que cortan para poner molinos no, no respiran», ironiza en uno de los momentos del vídeo.
Más allá de la literalidad de la frase, su mensaje conecta con una parte del mundo rural que observa cómo cambian los usos del suelo. En los comentarios al vídeo, varios usuarios mencionan el arranque de olivos en Jaén, viñedos en La Mancha o masas de robledal y encinar en otras provincias para la instalación de placas solares.
Algunos recuerdan incluso la importancia de los árboles para evitar la escorrentía en episodios de lluvias intensas. El malestar, en cualquier caso, se centra en la percepción de que la planificación energética se está haciendo a costa del campo productivo.
Más diésel en nombre de lo verde
Otro de los ejes de su intervención gira en torno al consumo energético asociado a la fabricación y transporte de estas infraestructuras. Raúl menciona el traslado de componentes eólicos por carretera y el uso intensivo de combustible fósil en el proceso logístico. «Cuando mayor fuese la transición verde más iba a aumentar el consumo de combustible», apunta sobre algo que pronosticó.
Su tesis es que la extracción de minerales, el transporte de materiales y el movimiento de grandes piezas industriales implican un gasto notable de diésel y petróleo, lo que, a su juicio, contradice el relato oficial de reducción de emisiones a corto plazo.
El vídeo acumula miles de interacciones y comentarios, muchos de ellos de apoyo. «Raúl es brillante. Su capacidad de análisis y su don de palabra me fascinan», escribe una usuaria. Otros hablan de «desconexión» entre las decisiones políticas y la realidad del campo.
El debate, lejos de cerrarse, vuelve a situar en el centro una cuestión clave: cómo compatibilizar la necesaria transición energética con la protección del suelo agrario, la biodiversidad y la economía rural sin que uno de los pilares termine sacrificándose en nombre del otro.
