Marcos Rodríguez Pantoja, conocido en toda España como el ‘niño lobo de Sierra Morena’, ha fallecido a los 80 años. Su muerte pone fin a una vida difícil de creer: cuando apenas era un niño quedó completamente solo en el monte y pasó alrededor de 11 años aislado de los seres humanos, aprendiendo a sobrevivir entre cabras, lobos y otros animales salvajes.
El fallecimiento fue comunicado este domingo, 16 de agosto, por el diario ourensano La Región, si bien el medio no ha precisado la causa de la muerte. Marcos Rodríguez residía desde hacía años en la provincia de Ourense y había encontrado su último hogar en San Cibrao das Viñas, donde contaba con el apoyo de vecinos, voluntarios y servicios sociales.
Vendido o entregado cuando tenía siete años
Marcos había nacido el 7 de junio de 1946 en Añora, Córdoba, en el seno de una familia golpeada por la pobreza de la posguerra. Tras la muerte de su madre y los malos tratos que, según los testimonios recopilados sobre su caso, sufrió por parte de su madrastra, la familia se trasladó a Fuencaliente, en Ciudad Real.
En 1954, cuando tenía siete años, su padre lo entregó o vendió a un propietario de la zona. El pequeño terminó al cuidado de un cabrero que vivía en una cueva de Sierra Morena y que le enseñó los conocimientos elementales para desenvolverse en el campo: encender fuego, cuidar el ganado, fabricar utensilios y encontrar agua y alimento.
La desaparición o muerte del cabrero dejó a Marcos completamente solo. A partir de ese momento comenzó la etapa que convertiría su vida en un caso prácticamente único. Durante los siguientes 11 años compartió el monte con los animales, perdió progresivamente el lenguaje humano y aprendió a reconocer e imitar sus sonidos.
Marcos relató en numerosas ocasiones que había establecido una relación especialmente estrecha con los lobos. Sus recuerdos hablaban de cachorros que lo aceptaron como a uno más y de una loba que le permitió alimentarse. Aquella experiencia, reconstruida posteriormente por investigadores y cineastas, le hizo ganarse el sobrenombre de ‘niño lobo de Sierra Morena’.
La Guardia Civil lo encontró en 1965
La etapa de aislamiento terminó en 1965, cuando Marcos tenía alrededor de 19 años. La Guardia Civil lo localizó en Sierra Morena y lo devolvió por la fuerza a una sociedad cuyas costumbres apenas comprendía. Había sustituido buena parte de las palabras por sonidos y le resultaban extraños la ropa, los cubiertos, el dinero y muchas de las normas más básicas de convivencia.
Su readaptación fue lenta y dolorosa. Un sacerdote y varias religiosas volvieron a enseñarle a hablar, vestirse, caminar erguido y comer con cubiertos. Pasó por el Hospital de Convalecientes de la Fundación Vallejo, en Madrid, y posteriormente fue enviado a Mallorca, donde trabajó en un establecimiento hostelero.
Sin embargo, el hombre que había conseguido sobrevivir solo en el monte encontró enormes dificultades para defenderse entre los seres humanos. Durante su vida adulta trabajó como pastor, albañil y empleado de hostelería, pero también sufrió numerosos engaños y abusos debido a su desconocimiento del dinero y de las relaciones sociales.
Un caso estudiado por la ciencia
La extraordinaria historia de Marcos llamó la atención del escritor y antropólogo Gabriel Janer Manila, quien lo entrevistó entre noviembre de 1975 y abril de 1976. Su investigación concluyó que el abandono no había sido accidental, sino que estuvo relacionado con un entorno de miseria y violencia familiar.
Janer Manila destacó la inteligencia natural de Marcos y los conocimientos que había aprendido del viejo cabrero como dos factores decisivos para explicar su supervivencia. El trabajo dio lugar al estudio La problemática educativa de los niños selváticos: el caso de Marcos, publicado en 1979 en el Anuario de Psicología de la Universidad de Barcelona.
Su vida llegó al cine en 2010 con Entrelobos, película dirigida por Gerardo Olivares y protagonizada por Manuel Camacho, Juan José Ballesta y Sancho Gracia. El propio Marcos apareció brevemente al final de la cinta, que dio a conocer su historia a millones de espectadores.
Ourense, el hogar que encontró al final de su vida
Después de pasar por diferentes lugares y empleos, Marcos se instaló en Rante, en la provincia de Ourense. Allí fue acogido por Manuel Barandela, un policía jubilado al que consideraba parte de su familia. Más adelante se trasladó a San Cibrao das Viñas, donde vivió en una pequeña casa y recibió ayuda para afrontar sus necesidades cotidianas.
En sus últimos años participó en encuentros escolares y actividades divulgativas en las que compartía sus recuerdos de Sierra Morena. En una entrevista publicada en 2018 explicó que los lobos ya no se acercaban cuando intentaba llamarlos porque, después de tantos años, olía como los humanos. También lamentaba que el lugar donde había estado su cueva hubiera cambiado por completo.
Marcos Rodríguez Pantoja murió lejos de aquella sierra en la que aprendió a sobrevivir, pero acompañado durante sus últimos años por una comunidad que terminó ofreciéndole algo que le había faltado desde niño: un hogar y una red de personas en las que poder confiar.
