En la localidad zamorana de Perilla de Castro, la convivencia entre el ganado y el lobo no es una teoría ni un debate político: es una realidad diaria. Allí, Ángel Luis cuida de sus 360 ovejas con la ayuda de mastines y perros carea, auténticos guardianes que, según cuenta, marcan la diferencia entre mantener el rebaño a salvo o sufrir pérdidas.
El testimonio del pastor ha sido recogido en un vídeo del canal El Jilguero de Don Tineo, donde describe con naturalidad una situación que, lejos de ser puntual, forma parte de su rutina. La presencia de lobos en la zona, asegura, es constante y cada jornada obliga a estar en alerta.
Ángel Luis presenta a algunos de sus perros, como Guadiana, un mastín leonés de tres años, o Marinero, un ejemplar que con apenas ocho meses no le convencía pero que ahora se ha convertido en un animal decisivo frente al depredador. «Este perro, con ocho meses no me gustaba, y ahora es un fuera de serie; lo tenía en una finca de la dehesa y andaba entre lobos y dejé a la madre y a la hija, y ahora va en busca de ellos», explica, dejando claro el papel clave que desempeñan estos animales en su explotación.
La presión constante del lobo
La situación, lejos de ser anecdótica, dibuja un escenario de presión continua. «Andan cinco en la dehesa de San Ildefonso, otra pareja y otro solitario. Todos los días hay jaleo con ellos, pero estoy loco de contento con estos perros», relata el pastor, que insiste en la importancia de contar con buenos mastines.
A pesar de la cercanía del lobo, Ángel Luis destaca que sus perros no representan un peligro para las personas, ya que su comportamiento está centrado en proteger el ganado. «Además, no son malos para la gente, y se mueven alrededor del ganado», añade.
El contexto actual, con el lobo incluido en el LESPRE y sin posibilidad de control poblacional, ha intensificado la preocupación de muchos ganaderos. En este caso, el pastor zamorano reconoce que la presencia del cánido ha aumentado, lo que obliga a extremar las medidas de vigilancia.
Mastines, la clave para evitar ataques
Aun así, en su explotación no se han producido ataques recientes. El motivo, según explica, es claro: la eficacia de sus perros. «Por aquí no han hecho lobadas en los últimos años gracias a los mastines; el que no tenga, que se agarre, porque no sabe lo que hay por ahí por la noche. Está perdido», advierte.
El pastor describe también algunos comportamientos del lobo que ha podido observar directamente en el campo. «El lobo, cuando come carne, lo primero que hace es revolcarse en la hierba, y los mastines cuando lo huelen salen envenenados», cuenta, evidenciando el instinto de estos perros ante la presencia del depredador.
