Más de 2.600 cazadores españoles participaron los días 15 y 23 de agosto en el segundo Coturnix Challenge, el censo simultáneo nacional impulsado dentro del Proyecto Coturnix. Durante estas dos jornadas fueron avistadas 37.743 codornices, casi un 50% más que las 25.210 contabilizadas en la primera edición, celebrada en 2025.
Los datos recopilados hasta el momento proceden de 1.867 jornadas de caza, en las que participaron 2.641 cazadores repartidos por 704 municipios españoles. A estas cifras se sumará durante las próximas semanas la información remitida en soporte físico, que todavía está pendiente de ser incorporada al estudio. La segunda edición de esta iniciativa ha superado así todos los registros del pasado año. En 2025 participaron 2.228 cazadores, que comunicaron los resultados de 1.440 jornadas desarrolladas en 665 municipios.
Castilla y León concentra más de la mitad de los datos
Aunque el Coturnix Challenge obtuvo información de casi todas las comunidades autónomas españolas en las que se permite la caza de la codorniz, Castilla y León volvió a liderar la participación al concentrar el 56,03% de las jornadas registradas. A continuación se situaron Aragón, con el 14,41%, y Extremadura, con el 11,41%. También llegaron datos desde La Rioja, País Vasco, Andalucía, Navarra, Castilla-La Mancha y Cataluña, entre otras regiones.
Si se atiende al número de municipios muestreados, Castilla y León aportó el 59% del total, seguida de Aragón, con el 15,48%, y Navarra, con un 5%. Las provincias con mayor participación fueron Soria, Burgos, Badajoz, León y Zaragoza, por delante de Palencia, Huesca, Teruel, Zamora y La Rioja.
El Proyecto Coturnix continúa recopilando información durante toda la media veda. Los cazadores todavía pueden comunicar los datos obtenidos en sus jornadas y registrar las anillas recuperadas mediante el formulario habilitado por la organización.
Un censo simultáneo para calcular cuántas codornices hay en España
La importancia del Coturnix Challenge reside en que los censos se desarrollan de manera simultánea en distintos puntos del país. Este sistema permite reducir los sesgos provocados por la elevada movilidad de la codorniz, una especie migratoria cuyos desplazamientos dificultan considerablemente su seguimiento.
La información recogida, combinada con otros parámetros analizados por los investigadores, servirá para avanzar en la estimación del tamaño real de la población de codorniz en España. Se trata de un dato esencial para conocer su evolución y adoptar decisiones de gestión basadas en información obtenida directamente sobre el terreno.
El Proyecto Coturnix fue puesto en marcha en 2020 por Mutuasport, bajo la dirección científica de la Fundación Artemisan y con la colaboración de la Real Federación Española de Caza y las distintas federaciones autonómicas. Desde entonces, los cazadores voluntarios han proporcionado información correspondiente a 12.634 jornadas de caza, además de 65.407 muestras biológicas de alas y 357 anillas recuperadas. Según sus promotores, los resultados obtenidos por esta iniciativa han contribuido en varias ocasiones a frenar los intentos de prohibir la caza de la codorniz.
Un método diseñado específicamente para la especie
Dentro del proyecto también se ha desarrollado el denominado método SEC, un sistema de seguimiento activo creado por la Universidad de Barcelona para superar las limitaciones de los métodos pasivos utilizados tradicionalmente. En la actualidad existen 46 zonas de estudio repartidas por España, aunque está previsto alcanzar las 60 durante los próximos años. El pasado mes de junio este sistema permitió realizar el primer censo internacional de machos de codorniz durante el periodo reproductor.
En aquel trabajo participaron cazadores, investigadores y gestores de España, Francia, Italia, Bulgaria, Rumanía y Portugal. La colaboración entre estos colectivos permitirá disponer de información comparable sobre la especie en distintos puntos de su área de distribución europea.
La segunda edición del Coturnix Challenge vuelve a poner de manifiesto el peso que tiene la participación de los cazadores en la investigación de las especies cinegéticas. Los miles de datos aportados desde el campo están permitiendo construir una base científica cada vez más amplia para conocer la situación de la codorniz y defender un aprovechamiento sostenible.
