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Sale a la luz un manuscrito de Félix Rodríguez de la Fuente deseando suerte a unos cazadores

El manuscrito de Félix Rodríguez de la Fuente deseando suerte a unos cazadores y una imagen del naturalista con los cetreros.

Un escrito del puño y letra del conocido naturalista y realizador de documentales para radio y televisión, destacando entre ellos la conocida serie El hombre y la Tierra (1974-1980), ha alcanzado en los últimos días especial relevancia en las redes sociales.

El texto estaba dirigido a un club de cazadores salmantinos y ha sido rescatado del olvido a través de las redes sociales. En el pequeño trozo de papel, rubricado por Félix Rodríguez de la Fuente en 1971, puede leer: «A los cetreros de Peñaranda de Bracamonte, con el ferviente deseo de que el camino que han iniciado con tanta fuerza y perfección les lleve al éxito en la práctica de la cetrería».

A continuación puede apreciarse la firma original del divulgador ambiental y la fecha con el mes de noviembre en números romanos: «Félix R. de la Fuente, Peñaranda de Bracamante, 9-XI-71». En la parte superior izquierda también aparecen indicados el día, mes y año en que lo escribió, si bien esta vez completamente en numeración arábiga: «9/11/71».

Manuscrito de Félix Rodríguez de la Fuente. ©Jara y Sedal

Del escrito poco más se sabe, si bien aún se conserva una fotografía que podría corresponder a la misma visita en la que aparece Félix Rodríguez de la Fuente junto a cinco hombres y un niño. En ella se aprecia a uno de los varones sosteniendo en su mano izquierda un halcón.

La instantánea habría sido tomada también en la misma localidad salmantina y pone de manifiesto la afición de Félix Rodríguez de la Fuente por la cetrería, como muchos cazadores conocen.

Félix Rodríguez de la Fuente en Peñaranda de Bracamonte.

Impulsor de la cetrería

Terminando las milicias universitarias Félix Rodríguez de la Fuente solicitó a las autoridades militares –a las que, junto con el presidente de la Diputación de Burgos, les encantaba acompañar a Félix cuando salía a cazar con su halcón– que le ayudaran a resucitar el Arte de la Cetrería. La Capitanía General de la VI Región Militar y el entonces jefe del Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza (SNPFC), Jaime de Foxá, a quien conoció por esas fechas, le facilitaron una moto con la que realizar los desplazamientos necesarios para capturar halcones que adiestraría para hacer una demostración en la inauguración de una estatua de El Cid durante las Fiestas Cidianas de Burgos.

Jaime Foxá –entonces presidente de la Federación Española de Caza– le apoyó también en la puesta en marcha del Centro de Cetrería de Burgos del SNPFC, del cual Félix sería fundador y director. Con este pequeño apoyo proveniente del mundo de la caza fue dándose a conocer a la élite del país, jefe de Estado del momento incluido, gracias al gancho del exotismo de la cetrería y a su extraordinario don natural de una irresistible locuacidad de la que siempre hizo gala y con la que comenzó su vida pública este auténtico Cid halconero. En 1960 la Federación Española de Caza le concedió en la persona de su presidente, Joaquín España Cantós –a la sazón responsable de la Oficina para la Investigación y Estudio de la Migración de las Aves, funciones que más tarde asumiría la Sociedad Española de Ornitología–, el diploma de reconocimiento a su labor por recuperar la cetrería: de nuevo, un estímulo proveniente del mundo de la caza en la incipiente actividad de nuestro protagonista.

Félix Rodríguez de la Fuente en su juventud. © Archivo de la familia Rodríguez de la Fuente

La fuerza de Félix era tal que su mensaje conservacionista convenció a Jaime Foxá, Joaquín España y otros que apoyaban las juntas de extinción de alimañas –que habrían acabado con las aves rapaces y el lobo–, de tal modo que derogaron las leyes que las sustentaban protegiendo así a los controladores naturales de las especies de interés cinegético. Y llegamos a la Operación Baharí, primer beneficio social en época contemporánea española que Félix consiguió a base de la aplicación del Arte de la Cetrería, cuyos pormenores han sido contados con detalle en el libro Soltando pihuelas de Javier Ceballos. Corría el convulso año de 1968 cuando el doctor Rodríguez de la Fuente –ya muy activo en prensa, radio y la recién creada Televisión Española y, por tanto famoso, además de afincado en Madrid gracias en parte a haberse enamorado y casado con Marcelle Genevieve Parmentier, que tanto le ayudó en su carrera– fue recomendado al ejército de EEUU por uno de sus miembros, el célebre cetrero A. Graham, teniente coronel y director de United Peregrine Society Ins., para hacer frente a un problema que en 1967 había causado la pérdida de 100 millones de las pesetas de entonces a la Base Aérea de Utilización Conjunta de Torrejón de Ardoz: los choques de aviones con aves (bird strike).

       
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