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Científicos hallan lobos ‘mutantes’ en Chernóbil que sobreviven comiendo presas radiactivas y resisten el cáncer

Ciudad cerca de Chernóbil. © Shutterstock

Chernóbil sigue siendo sinónimo de tragedia. El 26 de abril de 1986, la explosión del reactor 4 convirtió un rincón de Ucrania en un paisaje marcado por la radiación, el abandono y el silencio. Sin embargo, casi cuatro décadas después, la vida salvaje ha ocupado ese vacío humano y, entre todas las especies, hay una que ha llamado especialmente la atención de los científicos: el lobo gris.

Lejos de desaparecer, estos depredadores han logrado mantenerse e incluso prosperar en un entorno que, sobre el papel, debería ser devastador para cualquier mamífero. La gran pregunta es evidente: ¿cómo pueden sobrevivir a una exposición constante a radiación que, en teoría, multiplica el riesgo de desarrollar tumores?

En los últimos años, un equipo científico encabezado por la bióloga Cara N. Love y el investigador Shane Campbell-Staton, de la Universidad de Princeton, ha seguido de cerca a estos lobos mediante collares con GPS y dosímetros, con el objetivo de medir su exposición real y analizar posibles respuestas biológicas a ese estrés extremo.

Un experimento natural en plena zona de exclusión

La zona de exclusión de Chernóbil se ha convertido en una especie de laboratorio involuntario. Sin actividad humana, con bosques creciendo sin control y animales moviéndose sin presión cinegética, el ecosistema ha evolucionado de manera sorprendente.

Ya se habían descrito cambios en otras especies, como la rana arborícola oriental (Hyla orientalis), donde se estudió la relación entre radiación y melanismo como posible mecanismo de protección.

También se han investigado perros que viven dentro y alrededor del área. Un trabajo científico analizó más de 300 individuos y halló poblaciones genéticamente diferenciadas según su proximidad a la central, aunque otros estudios han insistido en que no todo puede explicarse solo por mutaciones provocadas por radiación.

En el caso de los lobos, el interés es mayor porque se trata de un depredador ápice: la radiación no solo les afecta por el entorno, sino que también les llega a través de la cadena alimentaria, al consumir presas contaminadas.

Lobos en la región de radiactividad de Chernóbil. © Shutterstock  

Genes, defensas y señales que apuntan a resistencia al cáncer

El estudio más reciente, publicado en la revista científica Cancer Research, analizó muestras de sangre de lobos de Chernóbil y las comparó con poblaciones de referencia de Bielorrusia y Yellowstone. Para ello, los investigadores secuenciaron ARN y estudiaron diferencias en expresión genética.

Los resultados describen una mayor actividad de marcadores vinculados a la respuesta inmune innata, especialmente en células como neutrófilos y macrófagos, así como la supresión de otras respuestas inmunitarias adaptativas. Además, se detectaron diferencias en genes vinculados a rutas de estrés oncogénico y a mecanismos relacionados con tumores.

El trabajo identifica más de 3.000 genes «fuera de lo normal» en la población de Chernóbil, y lo más llamativo es que varios de ellos, cuando se comparan con bases de datos humanas, aparecen asociados a un mejor pronóstico en determinados tipos de cáncer.

En otras palabras: estos lobos podrían estar mostrando una adaptación biológica real a vivir durante generaciones en un entorno altamente contaminado.

Perros en Pripyat, zona de exclusión de Chernóbil. © Shutterstock

Una pista para la ciencia

Eso sí, los propios investigadores advierten que este fenómeno no debe interpretarse como una inmunidad total. No es que la radiación haya dejado de ser peligrosa, sino que estos animales podrían haber desarrollado mecanismos que les permiten resistir mejor el daño.

Comprender cómo funciona esa respuesta podría tener aplicaciones futuras en medicina, especialmente en el campo del cáncer y la resistencia al daño del ADN, pero aún queda camino por recorrer. Hay que separar con claridad qué parte corresponde a genética, qué parte al ambiente o qué influye la dieta.

Lo que está claro es que, en el lugar donde se pensaba que la vida solo podía morir, los lobos han escrito una historia completamente distinta.

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