Un año después de su salida del LESPRE el lobo ibérico vuelve a situarse en el centro del debate. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha incluido en su Lista Roja nacional como especie vulnerable, una decisión que choca con la evolución de sus poblaciones en las últimas décadas.
La catalogación llega tras meses de controversia, sentencias judiciales y presión del sector ganadero, en un contexto en el que la especie ha ido recuperando terreno en buena parte del norte peninsular. Según la evaluación realizada por la Sociedad Ibérica para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM), el lobo cumple los criterios de vulnerabilidad porque el número de ejemplares maduros no alcanza el umbral de 1.000 individuos fijado por la UICN para garantizar su viabilidad a largo plazo. Sin embargo, la lectura de los datos abre una cuestión incómoda: nunca ha habido tantos lobos en España en las últimas décadas como ahora.
De especie al borde del colapso a más de 1.300 ejemplares
Para entender la magnitud del cambio hay que retroceder medio siglo. En los años 70, el lobo ibérico estaba prácticamente arrinconado en el noroeste peninsular. Las estimaciones sitúan entonces su población en torno a 300 o 500 ejemplares en toda España. Hoy, el escenario es muy distinto. El último censo nacional 2021-2024 contabiliza 333 manadas, lo que se traduce en una horquilla oficial de entre 1.300 y 1.600 lobos.
La diferencia es evidente: la población se ha multiplicado varias veces desde aquellos mínimos históricos, consolidando su presencia en Galicia, Asturias y Castilla y León, y expandiéndose hacia otros territorios. Este crecimiento es el que permite afirmar que el lobo se encuentra actualmente en uno de sus mejores momentos poblacionales de los últimos 50 años, pese a la etiqueta de vulnerabilidad que ahora le otorga la UICN.
El debate del censo: ¿faltan más de mil lobos?
Pero incluso esas cifras podrían quedarse cortas. El propio censo del Ministerio para la Transición Ecológica ha sido cuestionado por organizaciones como COAG, que denuncian que se han dejado fuera a los llamados lobos no territoriales o dispersantes. Estos ejemplares, que no forman parte de manadas estables, podrían sumar entre 700 y más de 1.000 individuos adicionales, elevando la población real hasta cifras cercanas a los 2.300 o incluso 2.600 lobos en España.
No es un detalle menor. Según el sector agrario, estos lobos son además los que generan un comportamiento más imprevisible y causan un mayor número de ataques al ganado, lo que intensifica el conflicto en el medio rural. En este contexto, la discusión ya no es solo cuántos lobos hay, sino cómo se cuentan y qué implicaciones tienen esas cifras en las decisiones políticas.
Vulnerable según la UICN, pero en expansión
La inclusión del lobo en la Lista Roja de la UICN no implica automáticamente nuevas medidas, pero sí actúa como referencia para orientar políticas de conservación. El criterio utilizado se centra en el número de individuos reproductores, no en la población total estimada.
Esto explica la aparente contradicción: una especie que ha crecido de forma notable en número total puede seguir considerándose vulnerable si su base reproductora es limitada. Aun así, el debate sigue abierto. Desde el campo reclaman que se tenga en cuenta la realidad completa de la especie y su impacto sobre la ganadería.
Desde COAG lo expresan con claridad: «Las cifras tienen consecuencias. Si se parte de un diagnóstico erróneo, las políticas públicas serán erróneas también. El lobo no puede seguir gestionándose desde un despacho sin escuchar al campo, a los ganaderos y a la ciencia de verdad».
El resultado es una fotografía compleja: el lobo ibérico, símbolo de la fauna salvaje, se mueve entre dos realidades difíciles de conciliar. Por un lado, la de una especie que estuvo al borde de desaparecer y que hoy presenta cifras muy superiores. Por otro, la de un animal cuya gestión sigue generando uno de los mayores conflictos en el medio rural español.
