@jara_y_sedal Un cazador presencia una escena que muy pocos pueden contar. #Cazaflix #JaraYSedal #LoboIberico #Corza #CastillaYLeon ♬ sonido original – Jara y Sedal
A veces, la naturaleza ofrece escenas imposibles de olvidar. Eso fue lo que vivió este lunes por la mañana Luis Turuelo, un cazador que había salido a recechar el corzo (Capreolus capreolus) en uno de sus cotos de Castilla y León. Aunque prefiere no revelar la ubicación exacta para evitar dar datos concretos del enclave, sí ha contactado con Jara y Sedal para compartir una vivencia tan impactante como difícil de presenciar: el momento en el que un lobo (Canis lupus) persiguió a una corza hasta el río, se lanzó al agua tras ella y terminó matándola ante sus ojos.
Según ha relatado a este medio, el cazador se encontraba al amanecer realizando un aguardo al duende del bosque desde una piedra elevada, «un balcón estupendo», según relata, desde el que podía controlar el barranco en el que se encontraba y el de enfrente, que estaba separado de su posición por un río. La mañana transcurría con normalidad hasta que, de pronto, escuchó un ruido que se acercaba rápidamente hacia él. Al mirar, vio aparecer una corza que corría desesperada y emitía un ladrido agónico, muy potente. En un primer momento pensó que quizá estuviera escapando de algún macho que la estuviera acosando, pero enseguida comprobó que detrás de ella venía un lobo.
Una persecución hasta el río
La escena se desarrolló en apenas unos segundos. La corza pasó muy cerca del cazador, agotada tras huir por un terreno escarpado y, posiblemente, preñada, según la impresión del testigo. Detrás de ella apareció un lobo que la perseguía con intención clara de darle caza. El animal, acorralado por el depredador, buscó una salida desesperada hacia la zona del río.
«Llegó al borde y se tiró intentando huir del lobo», explica Turuelo. La corza comenzó a nadar para cruzar a la otra orilla, pero el lobo no dudó en lanzarse también al agua detrás de ella. La alcanzó en mitad del cauce y allí se produjo el momento más duro de toda la secuencia. Según relata el testigo, el depredador la mordió, la sujetó con sus fauces y la hundió bajo el agua en un intento de ahogarla.
El cazador asegura que la imagen se le quedó grabada: el lobo peleando con la corza en el río, las dentelladas en el cuello y el reguero de sangre que comenzó a fluir corriente abajo. Durante unos instantes ambos animales desaparecieron parcialmente bajo el agua. Poco después volvieron a salir, pero la corza ya estaba muy debilitada. El lobo llegó a la otra orilla, volvió a entrar en el río y la mordió de nuevo. Esta vez consiguió matarla y arrastrarla hasta fuera del agua.
Dos lobos alimentándose de la presa
Cuando el primer lobo tenía ya la corza fuera del río, el cazador vio bajar por la ladera de enfrente a un segundo ejemplar. En un primer momento pensó que ambos lobos podían llegar a pelear por la presa, pero ocurrió justo lo contrario. «Nada más lejos de la realidad», cuenta. Los dos animales comenzaron a tirar de la corza y a alimentarse de ella juntos.
Esa actitud llevó al testigo a pensar que no se trataba de una acción aislada, sino de una caza coordinada y que se trataba de una pareja. Según su impresión, los lobos pudieron haber perseguido a la corza de forma conjunta, quizá cerrándole la salida y empujándola hacia el cauce. «Está claro que estaban cazando juntos de manera coordinada. Yo creo que avanzaban como en forma de V», señala.
La escena fue tan intensa que el cazador apenas fue capaz de grabar con su móvil los primeros momentos. Solo pudo captar algunos planos del cruce del río que reproducimos en el vídeo del principio. Después llamó a su sobrino, que también se encontraba cazando cerca, para que acudiera hasta su posición y pudiera contemplar aquel comportamiento excepcional. Con el teléfono de este último, más moderno y con mejor capacidad de grabación, lograron registrar nuevas imágenes de los lobos junto a la presa.
Durante más de dos horas, ambos observaron cómo los lobos se alimentaban de la corza. Comían durante un rato, se tumbaban junto a ella para descansar, permanecían allí «como si estuvieran haciendo la digestión» y, al poco tiempo, volvían a levantarse para seguir comiendo. Para el cazador, fue una experiencia fascinante, una muestra directa de la ley natural que rara vez se puede presenciar con tanta claridad y a tan corta distancia.
«Fue impresionante. Fue especialmente bonito. Disfruté un montón», resume Luis Turuelo, consciente de la excepcionalidad de lo ocurrido. También reconoce que probablemente no vuelva a ver algo parecido en su vida: «Soy muy afortunado por haber podido ver ese espectáculo y no creo que vuelva a tener la suerte de poder ver una cosa así».
