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Una animalista va a un restaurante y llama a la Policía porque «hay unas langostas en una pecera atadas de manos»

© Instagram

La escena ocurrió en un restaurante y, en apenas unos segundos, se convirtió en uno de esos vídeos que dividen a la gente en dos bandos. En la grabación, una joven se muestra indignada al ver varios crustáceos en una pecera, inmovilizados, y asegura que decidió llamar a la Policía por lo que, a su juicio, era una situación injusta.

Según cuenta ella misma en el vídeo, su reacción fue inmediata: «Acabo de… bueno, no acabo, lo he hecho antes, pero he llamado a la Policía porque hay unas langostas encerradas en una pecera y están atadas de manos. Están atadas, no se pueden mover y… No es justo».

El tono del mensaje no deja lugar a dudas: la joven no habla de enfado con el local, sino de preocupación por los animales. «No es justo y me gustaría que estuvieran libres. Espero que hagan algo al respecto, yo quiero luchar, no quiero joder a nadie en el restaurante ni que estén mal ni nada. Quiero que se mantengan y que sean libres, obvio», dice en la filmación.

A partir de ahí, la publicación empezó a circular y a sumar comentarios, mientras ella reforzaba el mensaje desde su perfil e incluso promovía una petición para prohibir lo que define como «el maltrato cruel a los crustáceos».

Comentarios encendidos

La publicación terminó convertida en un campo de batalla. Por un lado, una usuaria salió en defensa de la joven y lamentó el tono de muchos mensajes: «No veo normal los comentarios hacia ella. Tiene una empatía brutal hacia los animales». En el extremo contrario, varios internautas pusieron en duda la escena y la reacción. Uno de ellos lo resumió sin rodeos: «¿Será coña? Nena, si es verdad, necesitas ayuda». Otros fueron más críticos con el hecho de llamar a los agentes por este motivo: «A mí me gustaría que no se llamara a la Policía por estos motivos, eso nos cuesta dinero y, sinceramente, creo que están para otra cosa. Si no te gusta el restaurante, vete…», escribió otro usuario, que incluso ironizó con la situación preguntando: «¿Y cuál era el problema, no estaban bien hechas?».

También hubo quienes optaron por soluciones simples. Un comentarista propuso: «Es una solución muy fácil: pídelas en el menú y verás qué rápido las quitan de la pecera», mientras otro sugería: «Las puedes comprar todas y liberarlas, así no fastidias a nadie». Entre el ruido, algunos recordaron el lado laboral del asunto y pidieron pensar en quienes viven del mar: «Díselo al mariscador que se gana la vida para dar de comer a sus hijos… respeto tu opinión, pero no la puedo compartir».

Más allá de la bronca, apareció incluso una explicación en tono “técnico” que intentó rebajar la tensión: «Las pinzas se atan para que no se maten entre ellas», señalando además que «no “sufren” en sentido humano». Y, como ocurre en estas polémicas, no faltó el comentario surrealista que remató el hilo: «Peor es meter en el frigorífico a 4 grados la lechuga y los tomates… que encima son de climas cálidos…».

¿Eran langostas o bogavantes?

Más allá del revuelo, el caso tiene un detalle importante: lo más probable es que esos animales no fueran langostas, sino bogavantes, fácilmente reconocibles porque cuentan con dos pinzas grandes y potentes, algo que las langostas no tienen.

De hecho, la diferencia es clara incluso para quien no esté acostumbrado a distinguir marisco: el bogavante posee dos delanteras grandes y fuertes, con pinzas poderosas, mientras que la langosta carece de pinzas. Es precisamente ese rasgo el que puede haber generado la confusión de la joven.

Y también es esa característica la que explica por qué en muchas peceras aparecen con las pinzas sujetas. En el transporte y mantenimiento en vivo, es habitual que se protejan para evitar daños entre ellos y también riesgos durante la manipulación.

Una petición y un debate que vuelve a encenderse en redes

La joven, lejos de quedarse en la queja, ha empujado la polémica un paso más: además de compartir el vídeo, ha impulsado una petición centrada en prohibir este tipo de prácticas.

Mientras tanto, el debate continúa creciendo y mezclando emociones, desinformación y certezas a medias. Y en medio de todo, una imagen que ya se ha convertido en símbolo de la discusión: unos crustáceos en una pecera, con las pinzas inmovilizadas, y una llamada a la Policía que no ha dejado a nadie indiferente.

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