Una nueva convocatoria de manifestaciones contra la actividad cinegética ha terminado, un año más, con un balance muy alejado de las expectativas de sus organizadores. Este domingo 1 de febrero, la Plataforma No a la Caza había llamado a movilizarse en distintos puntos del país —e incluso fuera de España— para exigir la prohibición de una actividad clave en la gestión del medio natural, pero la respuesta ciudadana ha sido mínima.
Pese a que la organización anunció protestas en 85 ciudades, la realidad sobre el terreno ha sido muy distinta. En la mayoría de los casos, las concentraciones apenas lograron reunir a unas pocas decenas de personas y, en otros, la asistencia fue tan baja que ni siquiera permitió dar imagen pública al acto.
A ello se suma que, pese a la amplitud de la convocatoria, únicamente han trascendido imágenes difundidas por la propia Plataforma No a la Caza en una veintena de ciudades. Madrid, Zaragoza, Albacete, Barcelona, Murcia, Vigo, Oviedo, Girona, León, Valencia, Castellón de la Plana, Bilbao, Valladolid y Salamanca son algunos de los puntos en los que se han publicado fotografías, junto a otras ciudades europeas como Hamburgo, Londres, Colonia o Manchester y la isla de Fuerteventura. Del resto de ciudades incluidas en la convocatoria no existe constancia gráfica ni informativa, hasta el punto de que ni siquiera se sabe si llegó a acudir alguien.
Durante la jornada, las redes sociales reflejaron con claridad esta falta de seguimiento. En multitud de ciudades no se difundieron fotografías ni vídeos, un indicio evidente de que las convocatorias no alcanzaron el mínimo de participantes necesario ni siquiera para sostener el mensaje que se pretendía lanzar.
Una respuesta muy lejos de lo esperado
La escasa participación ha sido la tónica general en prácticamente todo el país. En Murcia, por ejemplo, los asistentes apenas superaban la decena de personas. En Salamanca, el número de concentrados era justo el necesario para sujetar el cartel reivindicativo, una escena que se repitió de forma muy similar en Badajoz.
Este patrón se ha reproducido en numerosas ciudades, donde las imágenes muestran grupos reducidos, sin capacidad de generar impacto ni de trasladar una sensación de respaldo social amplio. Aunque las protestas se convocaron de forma simultánea, en la mayoría de los casos no llegaban ni para sostener la pancarta de «No a la caza con galgos y otras razas».
El contraste con otras movilizaciones resulta especialmente llamativo. Mientras estas concentraciones apenas reunían a unos pocos asistentes, las marchas en defensa del mundo rural y de la actividad cinegética han demostrado en otras ocasiones una capacidad de convocatoria muy superior.
El contraste con las movilizaciones a favor de la caza
Un ejemplo claro de esta diferencia se produjo el 20 de marzo de 2022, cuando más de medio millón de personas colapsaron el centro de Madrid para defender la actividad cinegética, el mundo rural y su papel en la conservación del territorio. Aquella movilización marcó un antes y un después en la visibilización del sector.
Frente a esas cifras, las protestas animalistas vuelven a quedar relegadas a concentraciones testimoniales. Pese al ruido mediático previo a la convocatoria, la respuesta real en la calle confirma que su mensaje no logra conectar con la mayoría de la sociedad.
La caza continúa siendo un asunto de debate en España, con posturas enfrentadas entre quienes la consideran una herramienta esencial para el control de poblaciones y el equilibrio de los ecosistemas, y quienes reclaman su prohibición total. Sin embargo, los datos de asistencia a estas protestas indican que, al menos por ahora, la oposición a la actividad cinegética no consigue generar el apoyo masivo que sus promotores esperaban.
