El langostino café ya no es una anécdota en las redes de los pescadores del Mediterráneo. Lo que empezó como capturas aisladas hace apenas cuatro años se ha convertido en una presencia constante en el delta del Ebro y en puertos de la Comunidad Valenciana. La especie, invasora y termófila, ha encontrado en el calentamiento del mar el aliado perfecto para asentarse.
Cuando un pescador de Vinaròs llega a la lonja con la descarga del día, cada vez es más habitual que entre la captura aparezcan decenas de kilos de un crustáceo que no figuraba en el guion. Hace cuatro años apenas se colaban uno o dos ejemplares por barco. Hoy hay jornadas en las que se alcanzan los 40 kilos. Y la curva sigue al alza.
Se trata del Farfantepenaeus aztecus, conocido como langostino café, una especie originaria del Golfo de México y la costa este de Estados Unidos. A simple vista puede confundirse con el autóctono, especialmente para el consumidor que lo ve ya cocido en el plato, pero presenta diferencias claras: coloración marrón uniforme tirando a amarillento, cuerpo más estilizado, cabeza puntiaguda y antenas con tono rojizo.
De polizón en buques a población estable
La primera detección en el Mediterráneo se produjo en aguas turcas en 2009. Los científicos apuntan a que llegó como polizón en el agua de lastre de grandes buques que cargan en el Caribe y liberan después en puertos mediterráneos. En ese intercambio viajaban también sus larvas.
Desde entonces su expansión hacia el oeste ha sido rápida. En 2023, el Institut de Ciències del Mar (CSIC) confirmó mediante análisis morfológicos y genéticos su presencia en la costa catalana y en el entorno del delta del Ebro. Poco después comenzó a detectarse en otros puertos valencianos y en el Mar Menor.
La señal definitiva de alarma no ha sido solo geográfica, sino biológica. El hallazgo de hembras maduras en el delta del Ebro confirma que la especie completa su ciclo reproductivo en aguas españolas. Ya no es un visitante ocasional: es una población establecida.
Competencia directa y riesgo de confusión en el mercado
Por el momento no existen datos que evidencien el colapso del langostino autóctono, pero la competencia por el espacio y el alimento es real. El precedente del Golfo de Tarento, en Italia, donde la gamba autóctona ha retrocedido, actúa como espejo incómodo. El recuerdo reciente del cangrejo azul refuerza la preocupación en el sector.
El langostino café es comestible y apreciado gastronómicamente, pero su cotización es muy inferior. Mientras el autóctono puede superar los 40 euros el kilo, el invasor se mueve en torno a 12 o 13 euros. El problema surge cuando ambos se comercializan mezclados y sin un etiquetado claro, lo que abre la puerta a fraudes y a un serio problema de trazabilidad.
Algunos plantean que fomentar su consumo podría ayudar a controlar la población, siempre que exista una regulación clara en lonja que permita diferenciar ambas especies. El Mediterráneo, cada vez más cálido, se ha convertido en terreno fértil para especies termófilas. Y el langostino café, el que nadie invitó, ya ha decidido quedarse.
