La recuperación del urogallo cantábrico, una de las especies más amenazadas de la fauna española, acaba de aportar una valiosa lección científica, aunque acompañada de un resultado preocupante. La primera liberación experimental de ejemplares criados en cautividad por el Centro de Cría de Valsemana (León) ha confirmado que la supervivencia de estas aves en libertad sigue enfrentándose a enormes dificultades. De los 30 ejemplares trasladados al monte durante el otoño de 2025, solo una hembra seguía viva 180 días después.
La experiencia se desarrolló en la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Alto Sil, uno de los enclaves más importantes para la conservación del urogallo en la cordillera Cantábrica. El objetivo no era únicamente reforzar una población silvestre cada vez más escasa, sino comprobar cómo responden en libertad aves nacidas y criadas en un entorno controlado antes de plantear futuras liberaciones de mayor alcance.
Entre el 23 de octubre y el 4 de noviembre de 2025, los técnicos trasladaron 30 ejemplares distribuidos en cinco grupos. Antes de ser liberados, los animales permanecieron varios días en voladeros de adaptación para familiarizarse con el entorno. Durante esa fase previa, los responsables del proyecto comprobaron que mostraban comportamientos considerados adecuados para afrontar la vida en libertad, como una buena capacidad de vuelo y el uso correcto de refugios y posaderos.
El zorro vuelve a aparecer como principal amenaza
La fase inicial del proyecto fue valorada positivamente. Todos los ejemplares salvo uno completaron con éxito el periodo de adaptación y abandonaron los recintos sin incidencias. Sin embargo, la situación cambió drásticamente una vez quedaron expuestos a las condiciones reales del medio natural.
Gracias al seguimiento mediante dispositivos GPS y emisores VHF, los investigadores pudieron conocer el destino de cada ave. Los datos revelan que únicamente una hembra seguía viva seis meses después de la liberación. La tasa de supervivencia quedó así reducida a un escaso 3,4 %.
La depredación fue, con diferencia, la principal causa de mortalidad. De las 29 bajas registradas, 26 estuvieron relacionadas con ataques de depredadores. El zorro fue el responsable de 12 muertes confirmadas, convirtiéndose en el principal factor de pérdida. A continuación aparecen las aves rapaces, con seis casos, y la marta, a la que se atribuyeron cuatro bajas.
Estos resultados vuelven a poner sobre la mesa un debate recurrente en los programas de conservación de especies amenazadas: la dificultad de garantizar la supervivencia de ejemplares criados en cautividad cuando son introducidos en ecosistemas donde los depredadores mantienen poblaciones estables y plenamente adaptadas.
Un experimento que aporta información clave
Pese al elevado número de pérdidas, los responsables del programa consideran que la prueba ha cumplido su función principal. El seguimiento realizado permite conocer mejor los factores que condicionan la supervivencia del urogallo y servirá para diseñar futuras estrategias de liberación.
Uno de los aspectos más llamativos observados durante el estudio fue que los grupos mixtos, formados por machos y hembras, obtuvieron mejores resultados que aquellos integrados exclusivamente por machos. Los técnicos creen que las hembras podrían desempeñar un papel importante en la detección temprana de amenazas y en la emisión de señales de alarma frente a los depredadores.
El informe plantea además varias medidas para mejorar futuras actuaciones, entre ellas reforzar el entrenamiento antipredatorio de los ejemplares antes de su liberación, incrementar la complejidad de los voladeros de presuelta y estudiar fórmulas para intensificar el control de depredadores en las áreas seleccionadas.
Más de cinco millones invertidos para salvar la especie
El balance adquiere aún más relevancia si se tiene en cuenta el importante esfuerzo económico realizado durante los últimos años. La Junta de Castilla y León ha destinado más de 5,1 millones de euros al programa de conservación del urogallo cantábrico entre 2019 y 2026.
La inversión ha permitido ampliar el Centro de Cría de Valsemana, mejorar hábitats, desarrollar programas de reproducción en cautividad y realizar labores de seguimiento de los ejemplares. Solo durante 2025 nacieron allí 76 urogallos, una cifra récord que mantiene viva la esperanza de evitar la desaparición de una especie cuya situación sigue siendo crítica en buena parte de la cordillera Cantábrica.
Los resultados de esta primera liberación demuestran que criar urogallos es posible. Lo verdaderamente complicado continúa siendo lograr que sobrevivan cuando vuelven a enfrentarse a la realidad del monte.
