Cazar las siete especies que integran los denominados siete grandes de África con un arco recurvo tradicional era el objetivo que se había marcado Julián Ramírez de Arellano, un cazador de Chiclana de la Frontera, en Cádiz. Después de 18 años de expediciones, interrupciones y preparación, ha anunciado que completó el desafío en agosto del pasado año, según un comunicado difundido este 30 de septiembre.
La nota presenta al español como el primer cazador del mundo en conseguirlo utilizando exclusivamente arcos tradicionales sin medios de puntería asistidos. Ramírez de Arellano se pone ahora a disposición de las federaciones internacionales, nacionales y autonómicas para la homologación y el registro oficial de un logro que reúne león, leopardo, elefante, rinoceronte, búfalo, hipopótamo y cocodrilo.
Un proyecto que ha atravesado casi dos décadas
El recorrido hasta completar las siete especies se prolongó durante 18 años. Según explica el comunicado, las expediciones tuvieron que distribuirse en distintas etapas por la necesidad de obtener autorizaciones especiales, las lesiones físicas, la paralización provocada por la pandemia y diversas circunstancias personales.
El proyecto ya había despertado interés mucho antes de su desenlace. En agosto de 2009, Diario de Cádiz publicó una información sobre el cazador chiclanero en la que este situaba el inicio de su reto en 2007 y explicaba que todavía le quedaban tres especies para terminarlo. Aquella noticia permite seguir el rastro de una iniciativa que acabaría extendiéndose hasta el pasado año.
La culminación llegó en agosto de 2025, cuando abatió en territorio africano las dos últimas especies que le faltaban: el hipopótamo y el leopardo. El anuncio se ha hecho público ahora, algo más de un año después de aquellas jornadas que cerraron su larga trayectoria tras los siete grandes.
Arcos de entre 50 y 90 libras y tiro instintivo
La particularidad del desafío reside en el equipo empleado. Ramírez de Arellano utilizó arcos recurvos tradicionales sin sistemas de puntería asistidos, una modalidad que define como «tiro instintivo puro». La ejecución del disparo y la preparación del arquero ocupan así el centro de una forma de caza que exige afrontar cada lance con un material ajustado a la especie. Para las distintas expediciones recurrió a arcos con potencias comprendidas entre 50 y 90 libras, según las necesidades de cada animal.
También varió las combinaciones de flechas y puntas de caza. Su selección tuvo en cuenta la anatomía del animal, la densidad ósea y el grosor de la piel, de acuerdo con la información facilitada a este medio.
El siguiente paso: la homologación del logro
Además de anunciar la conclusión del proyecto, Ramírez de Arellano quiere trasladar su documentación a las instituciones deportivas correspondientes. Su propósito es que las federaciones puedan homologar y registrar oficialmente el resultado de estas expediciones.
El comunicado reivindica asimismo el valor de la caza tradicional y del juego limpio, conocido como fair chase. Con las siete especies completadas, el cazador gaditano cierra el desafío personal que lo ha acompañado durante casi dos décadas y plantea ahora el reconocimiento formal de lo que presenta como una primicia mundial.
