Javier Duque nunca imaginó que acabaría dedicándose profesionalmente a la agricultura. Este joven oscense de 28 años se graduó en Informática y comenzó a trabajar como programador, mientras el campo permanecía en un segundo plano pese a que su padre era agricultor. Sin embargo, bastó que este le pidiese ayuda para que su vida cambiara por completo.
Cinco años después de subirse de manera habitual a un tractor por primera vez, Duque asegura haber encontrado en la agricultura la pasión que le faltaba. Ahora trabaja como autónomo en Fraella, una pequeña localidad de Huesca, y comparte en las redes sociales el día a día de una profesión que considera tan exigente como gratificante.
De la programación al tractor
«Estudié informática para ser programador. El campo nunca me atrajo, aunque mi padre siempre fue agricultor», explicó el joven en una entrevista concedida a El Español de Aragón. Después de terminar sus estudios ejerció durante aproximadamente un año, pero pronto comprendió que aquella forma de vida no le llenaba.
Antes de regresar al entorno rural probó suerte en otros sectores. «Tuve varios trabajos diferentes: repartidor de correos, en una tienda de recambios de coches…», recuerda. Ninguno de ellos consiguió despertar en él la ilusión que buscaba. La oportunidad apareció cuando su padre necesitó ayuda en las labores agrícolas. Duque aceptó echarle una mano y aquel contacto directo con la tierra terminó revelándole una vocación que hasta entonces desconocía. «Un día mi padre me pidió ayuda. Me gustó y, al mes, ya era autónomo, trabajando a diario», relata.
El cambio resultó especialmente llamativo incluso para quienes lo conocían. «Yo nunca había tirado por aquí ni lo había nombrado; me había subido al tractor tres veces en mi vida, y hacer un cambio tan drástico sorprende, pero cuando me ven, notan que me apasiona», reconoce.
«Aquí he encontrado mi pasión»
El joven agricultor asegura que no se plantea regresar a la programación. «Aquí he encontrado mi pasión. El campo me ha cambiado la vida y vivo mucho mejor porque cada día me levanto para hacer algo que me gusta», afirma.
Su experiencia también pone de manifiesto que la vocación rural no siempre nace durante la infancia. En su caso apareció después de terminar una carrera universitaria, pasar por varios empleos y descubrir sobre el terreno todo lo que implica sacar adelante una explotación agrícola.
Duque tampoco oculta las dificultades del oficio. El trabajo depende en buena medida de la meteorología y exige jornadas intensas, conocimientos técnicos y capacidad para resolver continuamente problemas. Aun así, encuentra una recompensa difícil de hallar en otros empleos: «Ver crecer un cultivo que has sembrado y que salga bien genera un sentimiento por dentro que no se puede explicar».
Un escaparate del campo real en las redes sociales
Bajo los nombres de @duquitoo_ y Agroduque, el oscense muestra en Instagram y YouTube su rutina entre maquinaria, reparaciones, siembras y trabajos agrícolas. Su comunidad supera los 44.000 seguidores en Instagram y algunos de sus vídeos acumulan miles de reproducciones.
«Muestro lo bueno y lo malo. La gente me apoya», explica. Su intención es enseñar el trabajo tal y como es, alejado de la imagen anticuada con la que todavía se representa en ocasiones al sector primario.
El agricultor considera que las redes también pueden servir para combatir esos prejuicios y acercar el medio rural a quienes apenas lo conocen. «Veo que ayuda a quitar el estereotipo: el sector primario está lleno de tecnología, es súper puntero, no es un trabajo anticuado y, a día de hoy, cualquier persona, hombre o mujer, joven o mayor, se puede dedicar a ello».
La historia de Javier Duque refleja así una cara poco contada del relevo generacional: la de un joven que no creció soñando con ser agricultor, pero que encontró su lugar cuando decidió cambiar la pantalla del ordenador por el campo oscense.
