La creadora de contenido que se encuentra detrás de la cuenta Sola en el monte, seguida por más de 115.000 personas en Instagram, ha sorprendido a buena parte de su audiencia mostrando una cachena. Se trata de una singular raza bovina gallega cuya pequeña estatura puede engañar cuando se observa por primera vez en una fotografía o un vídeo.
La joven, que comparte en redes sociales el proceso de restauración de una casa centenaria y su vida en pleno bosque, presenta al animal con su habitual tono desenfadado: «Esto es una vaca cachena, y no es que esté lejos, es que es diminuta. Es autóctona de Galicia, famosa por ser: muy pequeña, muy rústica y comportarse como una cabra».
En las imágenes aparece agachada junto a uno de estos ejemplares mientras lo acaricia. Aunque reconoce que no siempre resulta sencillo ganarse su confianza, asegura que la relación entre ambas ha cambiado con el tiempo: «No es que tenga el mejor carácter del mundo, pero después de casi un año nos hemos hecho amigas».
La raza bovina más pequeña de España
El tamaño que llama la atención de los usuarios no es una simple impresión provocada por la perspectiva. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación define a la cachena como la raza bovina española más pequeña.
Las hembras alcanzan una altura media a la cruz de alrededor de 117 centímetros y un peso aproximado de 380 kilos. Los machos llegan a unos 122 centímetros y pueden rondar los 585 kilos. Su reducida talla contrasta con una de sus señas de identidad más evidentes: una cornamenta muy desarrollada que se eleva y abre hacia los lados.
Su propio nombre hace referencia a esta característica. Según el catálogo oficial del Ministerio, el término gallego cacheno significa pequeño y alude a su marcada elipometría, es decir, a unas proporciones corporales notablemente reducidas. También ha sido conocida como galluda o galleira, precisamente por el gran tamaño de sus cuernos.
Presenta generalmente una capa castaña clara, más oscura en el cuello, con las mucosas, las pezuñas y parte de los cuernos de color negro. También son características su mirada permanentemente alerta, el pelo abundante en orejas y cola y una franja facial más clara acompañada de marcas oscuras alrededor de los ojos.
Una vaca preparada para sobrevivir en la montaña
La comparación de la joven con una cabra tiene mucho que ver con la enorme agilidad y rusticidad de estos animales. El origen de la raza se encuentra en las montañas del sur de Ourense y el norte de Portugal, especialmente en el entorno de Baixa Limia-Serra do Xurés y Peneda-Gerês.
Durante generaciones, las cachenas se han criado en extensivo y han aprovechado pastos pobres, matorrales y otros recursos que resultarían insuficientes para bovinos de mayor tamaño. Están especialmente dotadas para desplazarse por terrenos abruptos, soportar condiciones meteorológicas adversas y encontrar alimento en zonas de montaña.
Esta capacidad explica que tradicionalmente vivieran durante largos periodos en libertad. Una descripción histórica recogida por el Ministerio las definía como una «vaquita liliputiense, rústica» que permanecía en pastoreo constante en las montañas de Entrimo. Su aptitud principal es actualmente la producción de carne, aunque en el pasado también fue empleada en trabajos agrícolas. Los terneros nacen con pesos muy reducidos, de unos 23 kilos en los machos y 20 en las hembras, mientras que las vacas destacan por su fertilidad, facilidad de parto y longevidad.
Una raza autóctona que vuelve a ganar terreno
La cachena estuvo estrechamente vinculada a las pequeñas explotaciones familiares de las montañas gallegas. Sin embargo, la mecanización del campo, el abandono rural y la introducción de razas más productivas provocaron que su población descendiera peligrosamente durante el siglo XX.
El trabajo desarrollado por ganaderos y asociaciones permitió recuperar parte de este patrimonio genético. Los datos del sistema ARCA del Ministerio muestran actualmente una tendencia poblacional en expansión, con la inmensa mayoría de los ejemplares concentrados todavía en Galicia.
Además de proporcionar carne y mantener una raza ligada a la cultura ganadera gallega, estos pequeños bovinos contribuyen a aprovechar pastos difíciles y a controlar la vegetación en montes que, de otro modo, quedarían abandonados. Su conservación tiene, por tanto, un valor ganadero, cultural y también territorial.
«Esto es para que sepáis que no todas las vacas de Galicia son vacas rubias. No te acostarás sin saber algo nuevo, ¿la conocías?», concluye la joven. Su vídeo ha servido para que miles de personas descubran una vaca diminuta, cornuda y montaraz que lleva siglos desenvolviéndose por algunos de los rincones más duros de Galicia.
De solo 151 ejemplares a una población en expansión
La cachena atravesó su momento más delicado a comienzos de los años 90. Tras décadas de retroceso, la raza había quedado prácticamente recluida en la parroquia de A Illa, especialmente en la localidad de Olelas, perteneciente al municipio orensano de Entrimo. En 1990 apenas se contabilizaban 151 ejemplares y solo nueve se encontraban fuera del Centro de Recursos Zoogenéticos de Galicia, en el Pazo de Fontefiz.
Ese mismo año, la Xunta de Galicia puso en marcha un programa para conservar y recuperar las razas bovinas autóctonas que se encontraban en peligro de extinción. La iniciativa incluyó la creación de rebaños fundacionales, la conservación de semen y embriones, el registro genealógico y la cesión de animales a ganaderos comprometidos a reproducirlos en pureza.
Más de tres décadas después, aquel esfuerzo ha dado resultado. Los últimos datos disponibles en el sistema oficial ARCA del Ministerio de Agricultura recogen más de 7.500 animales distribuidos entre 182 ganaderías, con la mayor parte del censo concentrado en Galicia. Además, el organismo califica como «en expansión» tanto la evolución de su población como la del número de explotaciones que mantienen esta singular raza.
