El rececho de montaña tiene la capacidad de cambiar por completo en apenas unos segundos. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Fran García, un joven cazador de 20 años, mientras recorría junto a su amigo César una zona de la provincia de Teruel situada a cerca de 1.900 metros de altitud.
Fran había localizado días atrás un corzo de aspecto singular, pero el animal terminó desapareciendo. Después de más de una semana sin encontrarlo, decidió prestar atención a otro macho de buen tamaño que se movía por una ladera próxima. Sin embargo, mientras lo observaba con los prismáticos, un giro inesperado le permitió reencontrarse con el ejemplar que llevaba tanto tiempo buscando.
«Este corzo sí lo había visto antes, pero llevaba varios días que no lo veía. Me centré en otro que estaba en otra ladera, que era bastante grande, y justamente, mientras estaba yo viendo el otro, vi este que estaba detrás mía en la ladera, a unos 300 o 400 metros», relata a Jara y Sedal.
Un exigente rececho por la ladera
Después de reconocer al animal, el joven comenzó a aproximarse aprovechando el relieve de la montaña. Avanzó por la ladera hasta alcanzar una posición desde la que podía efectuar el disparo con garantías. «Me fui recechando hacia él de ladera en montaña hasta casi mitad montaña y ahí lo pude abatir. Se tumbó un poco el corzo y, a la que se levantó, le pude tirar», explica.
El lance se produjo a una distancia aproximada de entre 220 y 230 metros. Para afrontarlo, Fran utilizó un rifle Blaser R93 del calibre 7 mm Remington Magnum. La dificultad del terreno, la altitud y la distancia convirtieron el acercamiento en uno de esos recechos que quedan grabados en la memoria.
El cazador estaba acompañado por César, un buen amigo con quien pudo compartir tanto los nervios previos como la emoción posterior. Tras el disparo, ambos se dirigieron hasta el lugar en el que había quedado el animal.
«Vi que las rosetas eran súper grandes»
Aunque desde lejos Fran ya había percibido que se trataba de un ejemplar poco común, no fue hasta llegar hasta él cuando pudo comprobar realmente las características de su cuerna. «Vi que era un animal bastante grande y raro, según había visto por los prismáticos. Luego, cuando llegué al animal a cobrarlo, dije: “¡Bua, no puede ser!”, porque vi que las rosetas eran súper grandes, le faltaba una cuerna y vi que era bastante raro», recuerda.
La fotografía y el vídeo enviado por el protagonista a esta redacción permite apreciar el llamativo aspecto del trofeo, con unas rosetas muy desarrolladas y una cuerna claramente asimétrica. Una singularidad que hizo todavía más especial un lance que, para Fran, ya resultaba inolvidable por la forma inesperada en la que se produjo. «El rececho del corzo es una de las modalidades que más me gustan. No me esperaba que apareciera el corzo, pero la verdad que me dio una alegría tremenda al verlo y estoy muy contento», concluye el joven cazador.
