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Japón autoriza la caza de más de 14.000 osos tras registrar 13 muertos en 214 incidentes

Oso marrón. Parque nacional Shiretoko. Península de Shiretoko. Hokkaido. Japón. © Shutterstock

Japón ha protagonizado una de las mayores operaciones de control de osos conocidas en el mundo. Entre abril de 2025 y enero de 2026 fueron abatidos más de 14.000 ejemplares, una cifra que refleja la gravedad del conflicto desatado en numerosas zonas rurales, pero que también ha despertado preocupación entre científicos y entidades conservacionistas.

La medida llegó después de que los encuentros con estos animales alcanzaran niveles nunca vistos. El balance oficial del ejercicio 2025 fue de 236 personas afectadas en 214 incidentes y 13 fallecidos, el mayor número de víctimas mortales registrado hasta ahora en el país.

Del total eliminado durante aquellos diez meses, aproximadamente 12.000 eran osos negros asiáticos (Ursus thibetanus) y cerca de 2.000, osos pardos (Ursus arctos), según los datos gubernamentales recopilados por The Guardian. La primera especie aparece catalogada como vulnerable a escala mundial, aunque su situación en Japón es distinta a la que mantiene en otros países de Asia.

Una población creciente que se acerca a las ciudades

Los osos han ampliado notablemente su distribución por el archipiélago durante las últimas décadas. El propio Gobierno japonés calcula que el área ocupada por el oso pardo creció alrededor de un 30% entre 2003 y 2018, mientras que la del oso negro aumentó cerca de un 40%. En Hokkaido, la población de pardos fue estimada en 12.180 ejemplares en 2023, más del doble que tres décadas antes.

A este crecimiento se une el progresivo abandono del medio rural. La pérdida de población, el envejecimiento de sus habitantes y la desaparición de numerosas explotaciones han borrado parte de la separación que existía entre los bosques y los núcleos habitados. Antiguas tierras agrícolas se han cubierto de vegetación y funcionan ahora como corredores por los que los animales alcanzan pueblos y ciudades.

Señal de advertenciaen el sendero de Kamikochi en el Parque Nacional Chubu-Sangaku (Japón). © Shutterstock

La escasez puntual de bellotas, hayucos y otros frutos forestales también empuja a los osos hacia cultivos, frutales abandonados, basureros y viviendas. Durante 2025, las prefecturas septentrionales de Akita e Iwate concentraron buena parte de los sucesos más graves.

Japón flexibilizó el uso de armas en zonas habitadas

Ante la sucesión de ataques, Japón modificó su normativa para permitir, bajo determinadas condiciones, el uso de armas de fuego contra osos que aparezcan en áreas pobladas. La reforma entró en vigor en septiembre de 2025 y permitió a las autoridades locales autorizar disparos de emergencia cuando existiera un peligro inmediato para las personas.

El Gobierno también ha reconocido la falta de profesionales capaces de realizar estos trabajos. El número de cazadores con licencia se ha reducido a menos de la mitad desde 1975, mientras envejecen quienes todavía poseen experiencia en la captura de grandes animales. Por ello, el plan oficial contempla formar y contratar equipos especializados, los denominados «cazadores gubernamentales», además de ampliar el número de trampas.

Los controles no han terminado. Para el actual ejercicio fiscal se ha establecido un objetivo de captura próximo a 8.800 osos, mientras continúan produciéndose incidentes. Desde abril de 2026, al menos seis personas han muerto y más de 35 han resultado heridas en nueve prefecturas.

Dudas sobre cuántos osos viven realmente en Japón

El enorme volumen de capturas ha generado una controversia científica. Algunas estimaciones sitúan la población japonesa de oso negro asiático en torno a 42.000 ejemplares, pero los especialistas advierten de que no existe un censo nacional reciente capaz de determinar con suficiente precisión cuántos animales hay.

El Ministerio de Medio Ambiente ha iniciado un nuevo estudio nacional que necesitará unos tres años para completarse. Los investigadores temen que aplicar extracciones tan elevadas partiendo de cálculos imprecisos pueda provocar la desaparición de algunas poblaciones locales, aunque otros expertos recuerdan que el oso negro está aumentando con rapidez en determinadas regiones japonesas.

En localidades como Karuizawa se han ensayado otras fórmulas. La organización Picchio emplea perros de osos de Carelia para localizar y expulsar ejemplares de las zonas habitadas, además de aplicar capturas, seguimiento y reubicaciones. Sin embargo, este modelo exige personal especializado y todavía no se ha extendido al resto del país.

El biólogo Dave Garshelis, especialista en osos de la UICN, resume el origen del conflicto como la consecuencia inesperada de un éxito: Japón logró conservar y recuperar al oso negro asiático, pero no preparó con suficiente antelación un sistema para gestionar su expansión. El resultado es un país que necesita proteger a sus habitantes mientras trata de evitar que una respuesta de emergencia comprometa el futuro de determinadas poblaciones.

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