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Un lance de infarto: le entra el jabalí de sus sueños pero el rifle no dispara

Joan Serra, con el jabalí. / J.S.

Un joven caza en un coto social de Valencia un gran jabalí. Gracias a la fuerte lluvia que estaba cayendo, el jabalí no escuchó los tres gatillazos de Joan Serra Fernández. A punto estuvo de perderlo.
12/7/2019 | Redacción JyS
El joven valenciano Joan Serra Fernández, de 25 años de edad, se hizo hace unas semanas en una noche de espera en el coto social de la localidad de Favareta con el jabalí de sus sueños. Pero más allá de la belleza de su trofeo, lo que nunca olvidará son los tensos momentos que vivió en el momento del lance: apretó el gatillo hasta tres veces de manera infructuosa, puesto que la aguja percutora de su rifle no ‘picaba’ la bala.
Joan ya sabía que se trataba de un ejemplar extraordinario. Días antes ya lo había observado dos veces con la cámara de fototrampeo. El animal entraba al puesto junto a una piara «bastante grande» de jabalíes, pero no lo hacía con regularidad. A pesar de eso, Joan decidió probar suerte una tarde junto a un amigo y, al salir del trabajo, se fueron directos al puesto.

Los trofeos finales del animal. / J.S.

A la hora de estar colocados, comenzó a llover, pero gracias a una tienda de campaña que portaban lograron refugiarse. «Lo peor es que comenzó a gotear dentro de la tienda de la cantidad de agua que estaba cayendo fuera», relata Serra. Por fortuna, sobre las 22:00 horas de la noche, comenzó a escucharse algo, aunque por las condiciones climatológicas no se apreciaba bien qué era exactamente. «Miré por el visor y allí estaba el jabalí, él solo», explica Joan.
Serra, en otra imagen con el suido. / J.S.

Y el momento del lance no pudo ser más tenso: justo cuando lo tenía en la cruz del visor, apretó el gatillo y… no sucedió nada. Con los nervios propios de una situación así, repitió la operación dos veces más: «Menos mal que el tiempo estaba revuelto y eso ayudó a que el jabalí no escuchase nada», añade Serra tras ver cómo no salía la bala. «Con el tiempo justo, acerté», recuerda, después de volver a acerrojar y cargar en la recámara un nuevo cartucho que, esta vez sí, disparó correctamente permitiéndole abatir el jabalí de sus sueños.

       
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