La escena transcurre junto a un pilón en una zona de montaña leonesa. Aida Rodrigo García aparece con un compañero y, con un tono cargado de sarcasmo, enseña la pequeña rampa de cemento instalada en el abrevadero. Según explican en el vídeo, la obra serviría «para que beban los anfibios», pero para quienes viven y trabajan en estos montes la mejora resulta, como mínimo, desconcertante.
El clip, publicado en Instagram por el perfil @tuterneraencasa, ha levantado una oleada de comentarios y reacciones. No tanto por la finalidad ambiental del proyecto, sino por la distancia que muchos perciben entre el anuncio institucional y el resultado visible sobre el terreno: un pilón de piedra y una rudimentaria rampa mínima que, en apariencia, no justifica una cifra tan elevada.
La Junta de Castilla y León sí asegura que detrás de esta actuación hay bastante más que un parche puntual. En su comunicado, la Administración autonómica detalla que el objetivo es compatibilizar estos puntos de agua con la supervivencia de los anfibios en una provincia donde, en verano, la disponibilidad de charcas y zonas húmedas se reduce al mínimo.
350 abrevaderos, 58 municipios y una inversión de 241.066 euros
La Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio autorizó una inversión de 241.066 euros para mejorar y mantener 350 abrevaderos en 58 municipios de la provincia de León, con financiación de fondos europeos Next Generation EU, según recoge el comunicado oficial.
De acuerdo con esa nota, los abrevaderos ganaderos pueden convertirse en una trampa para algunas especies, especialmente si tienen paredes verticales o superficies donde resulta imposible trepar. Por eso, la actuación incluye soluciones como rampas de entrada y salida, además de trabajos de limpieza, reparación de muros, impermeabilización y otras mejoras pensadas para conservar biodiversidad sin perjudicar el uso ganadero.
Las obras se reparten por distintas comarcas y espacios naturales, y la Junta enmarca el proyecto en la mejora del hábitat y la disponibilidad de agua para la fauna en periodos críticos, especialmente durante el verano.
La ironía del campo ante la ‘mejora’: «Estamos locos de contentos…»
Sin embargo, el vídeo viral va por otro lado: el de la percepción local. Frente al lenguaje institucional, Aida y su compañero tiran de retranca para describir lo que ven delante. En un momento del vídeo sueltan: «Bueno, en total creo que son en cincuenta y ocho ayuntamientos de la provincia de León. Trescientos cincuenta pilos. Y estamos locos de contentos porque hayan hecho esta rampa».
La crítica se endurece cuando comparan el gasto con la realidad del terreno: «Bueno, mañana hay agua por todos lados. Levantas una piedra y sale agua. Pero claro que es mejor gastar doscientos cuarenta mil euros que se han gastado (…) en que beban los anfibios y estén a salvo, ¿eh?».
También cuestionan la funcionalidad práctica para animales tan pequeños: «Las podían haber puesto un poco más cerca porque las ranas son bastante pequeñas», dicen sobre las escasas líneas que parece haber realizado el albañil de turno con la paleta cuando remató la obra. Y terminan con una frase que resume el tono del vídeo y, probablemente, su éxito: «Entonces, claro… no alcanzan. Cogen una raya, ahí agarran, pero para llegar a la siguiente las pasan canutas, para llegar arriba…».
Con el debate ya encendido en redes, la polémica no parece tanto sobre si hay que proteger anfibios —algo que casi nadie discute— sino sobre cómo se ejecutan estas inversiones y qué imagen dejan cuando se miran a pie de pilón, allí donde la teoría choca con el cemento.
